{"id":2219,"date":"2023-12-07T13:31:17","date_gmt":"2023-12-07T12:31:17","guid":{"rendered":"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/?p=2219"},"modified":"2023-12-13T09:16:05","modified_gmt":"2023-12-13T08:16:05","slug":"escribir-teatro-en-el-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/escribir-teatro-en-el-siglo-xxi\/","title":{"rendered":"Escribir teatro en el siglo XXI"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace poco menos de una d\u00e9cada, esta misma revista me pidi\u00f3 una colaboraci\u00f3n sobre un tema que la Asociaci\u00f3n de Autores y Autoras de Teatro quer\u00eda compartir con varios estudiosos de la dramaturgia espa\u00f1ola contempor\u00e1nea: c\u00f3mo hab\u00edan entrado nuestros escritores-as en el nuevo siglo. Aprovech\u00e9 la presentaci\u00f3n que hice en un coloquio con varios autores para escribir unas notas que me sirvieron para la redacci\u00f3n del art\u00edculo solicitado<span id='easy-footnote-1-2219' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/escribir-teatro-en-el-siglo-xxi\/#easy-footnote-bottom-1-2219' title='\u201cAutor espa\u00f1ol hoy y su dif\u00edcil supervivencia\u201d, en &lt;em&gt;Las puertas del drama&lt;\/em&gt;, n\u00fam. 46, AAT, Madrid, 2015.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Ya el t\u00edtulo daba una clave; hablaba de la dif\u00edcil supervivencia del autor, pero tambi\u00e9n de un fen\u00f3meno que a m\u00ed, especialista impenitente de la escena espa\u00f1ola contempor\u00e1nea, me parec\u00eda sorprendente: la facilidad con que se olvidan, nos olvidamos, de escritores que lo fueron todo en su momento, y que, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, son simple recuerdo, breve rese\u00f1a de manual, nota a pie de p\u00e1gina de nuestras vidas. Los a\u00f1os que van de aquellas palabras a hoy ratifican de manera a\u00fan m\u00e1s notoria esos olvidados. \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es ver en la cartelera a Nieva, a Gala, Mart\u00edn Recuerda, Sastre, Alberto Miralles, Ana Diosdado\u2026! Y todos son de ayer, no de anteayer, como dec\u00eda en mi recordado art\u00edculo, como lo eran Benavente, Echegaray, Linares Rivas, Unamuno, <em>Azor\u00edn<\/em>, etc., etc. El teatro es as\u00ed de terrible; como nuevo Saturno, devora a sus hijos. Y no digo s\u00f3lo a sus oficiantes, los actores y actrices que interpretaron a aquellos autores. Salvo los que hicieron tanto cine como teatro, la mayor\u00eda no se recuerdan, como si no existieran: Jos\u00e9 B\u00f3dalo, Jos\u00e9 Mar\u00eda Rodero, Mar\u00eda Jes\u00fas Vald\u00e9s, Adolfo Marsillach, Jos\u00e9 Luis Alonso Ma\u00f1es, Jos\u00e9 Luis Heredia, Jos\u00e9 Luis Pellicena\u2026 Es terrible. Una profesi\u00f3n que tiene muchas bazas en cuanto a imagen, y va y se olvida de ellas. A veces, en coloquios o presencias espor\u00e1dicas en escuelas de arte dram\u00e1tico, me cuesta poner ejemplos de, entre otros, Guillermo Mar\u00edn, porque nadie lo conoce. Como no conocen a muchos de los antes citados. Eso puede tener su porqu\u00e9. Las figuras se sustituyen por figuras, y las de hoy en d\u00eda, las que est\u00e1n en series, pel\u00edculas u (ocasionalmente) en el teatro, han ocupado el hueco de las anteriores. \u00a1Qu\u00e9 arte \u00e9ste el del teatro, y qu\u00e9 ef\u00edmero parece!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero est\u00e1bamos hablando de autores y de autoras, que han aparecido o en el paso del siglo XX al XXI, o en el mismo XXI. Y de qu\u00e9 hacen para estrenar, qu\u00e9 hacen para escribir, c\u00f3mo siguen en la lucha por aparecer en las carteleras, faenas todas ellas marcadas por la dificultad. Por una enorme dificultad. De todo cuanto dije en 2015, y que he repasado antes de meterme en esta nueva divagaci\u00f3n, permanece sobre todo la dificultad de estrenar. La presencia en los escenarios de autores-as entrados en la tercera d\u00e9cada del siglo XXI sigue sin ser fluida; como nunca lo ha sido. Lo que no quiere decir que haya nombres que aparecen temporada tras temporada, aunque sean pocos y con tambi\u00e9n ciertas dificultades. Podr\u00eda haber una literatura de esas dificultades, como la hay de los aspirantes a actor y a actriz.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que los de provincias tenemos m\u00e1s complicado estar al d\u00eda de proyectos o estrenos. Lo tenemos dif\u00edcil. S\u00f3lo gracias a asociaciones como AAT, ADE o la Academia de las Artes Esc\u00e9nicas mantenemos cierta informaci\u00f3n de lo que se hace. Ver la cartelera de Madrid, atomizada en infinidad de salas troceadas de antiguos grandes escenarios, es entrar en un laberinto de nombres y empresas dif\u00edciles de retener. Para hablar del autor de hoy, como ha hecho la Academia<span id='easy-footnote-2-2219' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/escribir-teatro-en-el-siglo-xxi\/#easy-footnote-bottom-2-2219' title='&lt;em&gt;Escribir para la escena&lt;\/em&gt; (1), Los Libros de la Academia, n\u00fam. 19, coordinado por Roberto Garc\u00eda de Mesa, Valle Hidalgo, Pilar J\u00f3rdar Peinado y Julio Salvatierra, Madrid, 2023.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, es imprescindible partir de una ligera informaci\u00f3n de qui\u00e9n es qui\u00e9n. El libro en cuesti\u00f3n es de un impagable valor, ya que 24 autoras-es exponen sus maneras de entender el teatro y, sobre todo, sus maneras de entender la escritura teatral. Es muy did\u00e1ctico que los participantes aparezcan por orden cronol\u00f3gico, de forma que el lector va percibiendo desde las experiencias de los de mayor edad a los de menor. Conforme vamos avanzando en cap\u00edtulos, nos internamos en modos de escribir distintos, unos m\u00e1s cercanos a los c\u00e1nones m\u00e1s habituales, otros menos; desde tendencias con personalidades cercanas al canon, hasta quienes est\u00e1n m\u00e1s pr\u00f3ximas a los nuevos lenguajes. En ese sentido, es un libro apasionante. Que me ahorrar\u00eda buena parte de mi discurso, si me conformara con lo que dicen, que me contenta, pero lo que hacen es darme herramientas para considerar y especular sobre el tema inicial, de por d\u00f3nde anda las dramaturgias contempor\u00e1neas. Personalmente me sirve todo lo que aportan, todo, porque corrobora algunos planteamientos b\u00e1sicos que hago cada vez que me pongo a pensar en que est\u00e1 pasando en el teatro espa\u00f1ol del siglo XXI, una de cuyas derivadas es qu\u00e9 est\u00e1 pasando en la escritura dram\u00e1tica del siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura dram\u00e1tica del siglo XXI se caracteriza por la multiplicidad de est\u00e9ticas que maneja. Esto es as\u00ed, porque, afortunadamente, siguen produciendo los autores nacidos hacia la mitad del XX, y a\u00fan antes, junto a los que lo hicieron bastante despu\u00e9s. Me interesan fundamentalmente estos \u00faltimos, siquiera que sea por las novedades que ofrecen sus dramaturgias y, adem\u00e1s, porque los conozco menos que los anteriores. Por eso, es de destacar que unos y otros (Lourdes Ortiz, Laila Ripoll, Victoria Spunzberg\u2026) se apoyen, a veces, en temas sacados de la historia, sobre todo, de la historia reciente. Esto une de alguna manera las diferencias generacionales de todos ellos. Entre esa multiplicidad de est\u00e9ticas que antes dec\u00eda, destacar\u00e9 la influencia de la danza contempor\u00e1nea en la propia escritura teatral, que se proyecta de diversa manera. As\u00ed mismo, la incorporaci\u00f3n del llamado \u2018teatro digital\u2019 es un hecho que se da principalmente en los autores m\u00e1s j\u00f3venes, que manejan mucho mejor las nuevas tecnolog\u00edas, lo que conduce normalmente a obras de contenido experimental. Otra tendencia de esta escritura contempor\u00e1nea es la \u2018autoficci\u00f3n\u2019, que recoge una moda que procede de la narrativa, por medio de la cual el propio autor, su entorno familiar y sus circunstancias, forman parte de textos cargados de emotividad. En esta l\u00ednea hay que destacar la trilog\u00eda de Borja Ortiz de Gondra, <em>Los Gondra, una historia vasca<\/em> (Ed. Punto de Vista, 2022).&nbsp; Aunque sea una caracter\u00edstica propia de este nuevo teatro, cuenta con notables precedentes, como puede ser <em>El \u00e1lbum familiar<\/em> (1982), de Jos\u00e9 Luis Alonso de Santos. Estamos hablando de la experiencia personal como base de la inspiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"300\" height=\"457\" src=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-1.jpg\" alt=\"Los Gondra de Borja Ortiz de Gondra\" class=\"wp-image-2221\" srcset=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-1.jpg 300w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-1-197x300.jpg 197w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La presencia de la mujer como dramaturga no la sit\u00fao entre las caracter\u00edsticas sino como una normalizaci\u00f3n que ha llegado en los \u00faltimos a\u00f1os. De nuevo tenemos precedentes conocidos, como Julia Maura, Mercedes Ballesteros o Carmen Conde en los a\u00f1os cuarenta; Ana Diosdado, Mar\u00eda Manuela Reina o Carmen Resino, en los setenta, pero siempre en el terreno de la excepcionalidad. A finales de siglo, esa excepcionalidad se convierte en normal. Y asistimos a una eclosi\u00f3n de dramaturgia femenina, que coincide con la ratificaci\u00f3n de la mujer como directora de escena, dos oficios que, como otros h\u00e1bitos sociales, se resist\u00edan a llegar a los escenarios. La enumeraci\u00f3n de autoras ser\u00eda excesiva, aunque s\u00ed que podr\u00edamos citar, con presencia m\u00e1s habitual en las carteleras, a Paloma Pedrero, Laila Ripoll y Ang\u00e9lica Lidell, sin \u00e1nimo alguno de vanas clasificaciones. Recordemos que Ripoll y Lidell permanecen vinculadas a sus propias compa\u00f1\u00edas, lo que facilita de manera directa una producci\u00f3n constante. El tema de la relaci\u00f3n con grupos la citaremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas peculiaridades enumeradas son propias de las nuevas dramaturgias, las que nacen en el siglo XXI, aunque algunos las sit\u00faan hacia 1990. Esa d\u00e9cada es considerada por muchos de las autoras-es como la \u00e9poca de la transformaci\u00f3n del mundo teatral, y no s\u00f3lo a nivel literario sino en cuanto a gesti\u00f3n, producci\u00f3n y distribuci\u00f3n de los montajes. Rodolf Sirera sit\u00faa ese cambio a partir de tres hechos que resumo: 1) la mayor importancia que se le da a las tres lenguas del Estado espa\u00f1ol, adem\u00e1s del castellano, que se hace patente en obras en catal\u00e1n, gallego y euskera; 2) la alternancia de textos para la escena y textos para la televisi\u00f3n; no pocos dramaturgos-as de ese momento tientan con \u00e9xito la escritura de guiones, empezando por autores tan reputados como Josep Maria Benet i Jornet; 3) la cada vez m\u00e1s presencia de lo que podr\u00edamos llamar el autor de grupo o compa\u00f1\u00eda, generalizado con la entrada del siglo XXI, pero tambi\u00e9n con notables precedentes como son Luis Matilla, para T\u00e1bano; Jer\u00f3nimo L\u00f3pez Mozo para Teatro Estudio Lebrijano y T.U. de Murcia; o Miguel Romero Esteo para Ditirambo. Estamos hablando de una especie de aprendizaje a pie de escenario, que define de manera precisa muchos de los autores-as que escriben para grupos concretos, rostros concretos y salidas al mercado complejas. Un poco m\u00e1s atr\u00e1s cit\u00e1bamos los casos de Laila Ripoll y Ang\u00e9lica Lidell.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"512\" src=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-2.jpg\" alt=\"Tea Rooms de Laila Ripoll. Foto: marcosGpunto\" class=\"wp-image-2222\" srcset=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-2.jpg 910w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-2-300x169.jpg 300w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-2-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Tea Rooms<\/em> de Laila Ripoll. Foto: marcosGpunto.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Llama la atenci\u00f3n que los dramaturgos-as m\u00e1s j\u00f3venes no se sientan part\u00edcipes de generaci\u00f3n alguna, mientras que los m\u00e1s veteranos se vinculan a movimientos, como el teatro independiente, cuando no al llamado de \u2018j\u00f3venes autores\u2019, denominaci\u00f3n con que la mayor\u00eda de los estudiosos de la escena del franquismo a la transici\u00f3n los denomin\u00e1bamos como simple y discutible taxonom\u00eda. La mayor\u00eda de los autores nacidos ya en la d\u00e9cada de los sesenta del pasado siglo parecen emancipados de tendencias y movimientos m\u00e1s o menos cercanos a ellos. Lo que da idea de una voluntad creativa propia. Aunque no olvidan por un momento a la esencia de la escritura teatral, no pocos priorizan la redacci\u00f3n de textos desde el escenario frente a la de gabinete. Esto lleva a cierto declive del discurso narrado frente al discurso dicho, aunque en algunos casos lo que supone es una vuelta a una especie de valoraci\u00f3n del texto, que aparece como verdadera resurrecci\u00f3n del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el autor que escribe para la compa\u00f1\u00eda, o el actor o actriz que elabora sus propios textos para dirigirlos, ha sido una pr\u00e1ctica habitual en los \u00faltimos a\u00f1os, m\u00e1s recientemente ha llegado a ampliarse este proceso al incluir en ellos la producci\u00f3n. Me refiero al escritor, que no s\u00f3lo redacta y dirige sus textos, sino que los produce. Esto, que puede parecer excesivo, ha dado, sin embargo, resultados m\u00e1s que positivos. Ah\u00ed tenemos a Alfredo Sanzol, Andr\u00e9s Lima, Miguel del Arco, \u00c1lvaro Tato, Pablo Messiez, Juan Mayorga\u2026, por no repetir los conocid\u00edsimos casos de Ang\u00e9lica Lidell o Rodrigo Garc\u00eda. Hay que admitir que, en la mayor\u00eda de las ocasiones, esas experiencias han dado frutos muy positivos. Tambi\u00e9n en este terreno, que podr\u00eda parecer exclusivo del siglo XXI, existen precedentes. Jos\u00e9 Luis Alonso de Santos, en los a\u00f1os setenta, escrib\u00eda y dirig\u00eda sus textos, y los llevaba adelante con Teatro Libre, en plena eclosi\u00f3n del independiente; luego, en los ochenta, fue socio fundador del Pentaci\u00f3n, empresa que, entre otros, produc\u00eda sus obras.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"910\" height=\"512\" src=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-3.jpg\" alt=\"Los gestos de Pablo Messiez. Foto: Luz Soria.\" class=\"wp-image-2223\" srcset=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-3.jpg 910w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-3-300x169.jpg 300w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2023\/12\/PD60-3-CO-3-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 910px) 100vw, 910px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Los gestos<\/em> de Pablo Messiez. Foto: Luz Soria. <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Nada nuevo bajo el sol, pero s\u00ed muchos matices diferenciales en la dramaturgia que se hace en el siglo XXI. Por ejemplo, sus integrantes no obvian el debate sobre para qu\u00e9 sirve el teatro; o, mejor dicho, si el esfuerzo, la disciplina, el tiempo, el beneficio econ\u00f3mico y moral que supone escribir para la escena merece la pena. Es evidente que s\u00ed lo es para quienes se mantienen con no poca energ\u00eda, y cierto reconocimiento; pero para tant\u00edsimos otros que contin\u00faan sent\u00e1ndose ante el ordenador para plasmar lo que llevan dentro, con una perseverancia que nadie se la reconocer\u00e1, para ellos es la pregunta redundante, diaria, pertinaz: \u00bfsirve para algo escribir para la escena? Porque no s\u00f3lo es escribir, y conseguir que un grupo de actores y actrices materialicen cuanto inventan; es conectar con el p\u00fablico, o intentar conectar con el p\u00fablico, base indisoluble de la comunicaci\u00f3n esc\u00e9nica; es mantener una relaci\u00f3n no siempre f\u00e1cil entre autor y espectador; es aceptar unas singulares reglas del juego; es hacer de tu subjetividad una realidad que se extienda por las plateas de manera natural e intensa; es desterrar de la creaci\u00f3n la banalidad con que, con frecuencia, se elaboran productos teatrales convertidos en paquetes de nombres y famas conseguidos al margen del arte. Por eso el teatro se ha peleado siempre con la pol\u00edtica, porque dice lo que la norma cuestiona, dice lo dif\u00edcil, lo profundo, huyendo de lo expl\u00edcito. Por eso, quienes se creen que tienen la posibilidad de combatir contra tantos molinos de viento, pero buscan una rentabilidad m\u00e1s o menos inmediata, chocan con una realidad distinta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al tratar de la escena del siglo XXI, sin dejar de mirar por el retrovisor autores que siguen en una espl\u00e9ndida actividad pero que proceden de d\u00e9cadas anteriores, parece necesario sacar a colaci\u00f3n el t\u00e9rmino teatro \u2018posdram\u00e1tico\u2019. De alguna manera, es lo que hacen creadores caracterizados por basarse en elementos diferentes de los del teatro habitual (con textos de planteamiento, nudo y desenlace), racional aparici\u00f3n de los acontecimientos, personajes dram\u00e1ticos con entidad propia, concepto tradicional de la escenograf\u00eda, etc. El teatro posdram\u00e1tico intenta alejarse de f\u00f3rmulas preconcebidas y, por tanto, convencionales, procurando \u201carmon\u00edas desarticuladas\u201d con luz, sonido, escultura, m\u00fasica, danza, drama, imagen y una puesta en escena de ra\u00edz tecnol\u00f3gica. La estructura dram\u00e1tica se basa en una peculiar utilizaci\u00f3n del espacio esc\u00e9nico y la valoraci\u00f3n de objetos cargados de gran fuerza expresiva, dentro de un sentido abiertamente ritual del espect\u00e1culo, con textos e im\u00e1genes superpuestas, reiteradas, ofrecidas con una cierta agresividad. La palabra se emplea como simple relator de enunciados no siempre cargados de contenidos l\u00f3gicos; de hecho, muchos de los espect\u00e1culos no tienen texto en el sentido dram\u00e1tico del t\u00e9rmino, o son simples sonidos indescifrables, de ah\u00ed que no se suela partir de un discurso previamente escrito, pues es casi imposible fijarlo como texto dram\u00e1tico, al \u201cestar escrito\u201d tambi\u00e9n con gestos, movimientos, gags, acciones m\u00edmicas y manipulaci\u00f3n de objetos. Como antes se dijo, utiliza de manera expresa elementos coreogr\u00e1ficos, o expresiones pl\u00e1sticas cercanas a ellos, en una coherente relaci\u00f3n entre danza y m\u00fasica marcada por el ritmo, que puede ser el propio de la calle, adaptando movimientos y posturas de la vida cotidiana. Por eso, especial protagonismo tienen las artes visuales, y no s\u00f3lo en la composici\u00f3n pict\u00f3rica de las im\u00e1genes art\u00edsticas, sino en el uso de materiales audiovisuales, como el cine y posteriormente el video en forma de videoinstalaci\u00f3n. De alguna manera el teatro de calle, en su inter\u00e9s de desprenderse de la palabra como elemento axial, y en su intento de hacer part\u00edcipe a los espectadores, viene a ser una forma de posdramaticidad no s\u00f3lo contempor\u00e1nea, sino que se pierde en el tiempo de los autos, misterios y procesiones.<\/p>\n\n\n\n<p>En menos de veinticinco a\u00f1os ha cambiado la conducta de la escena. No digo que sea peor o mejor. Es distinta. El teatro del siglo XX, con sus virtudes y defectos, jugaba a la pervivencia, a la obra que, cuando alcanzaba el \u00e9xito (en el sentido de recepci\u00f3n), pasaba al acervo popular. Se convert\u00eda en algo m\u00e1s que teatro. Crec\u00eda en salas de grandes ciudades productoras de estos eventos, para desarrollarse en giras que multiplicaban la posibilidad de ser vista por p\u00fablicos muy distintos. El siglo XXI reduce las perspectivas de exhibici\u00f3n al reducir el n\u00famero de butacas y, lo que es m\u00e1s significativo, la permanencia de las producciones. Esa reducci\u00f3n ha pasado a provincias, en donde, con suerte, una obra de renombre, con fama en el medio, permanece m\u00e1ximo dos d\u00edas en cartel; lo normal es uno y en fin de semana, ya que las figuras que las protagonizan suelen tener otros trabajos en la capital. Adem\u00e1s que, tampoco hay tanto p\u00fablico para m\u00e1s en esos lugares. Se dan con un canto en los dientes si llenan la sesi\u00f3n \u00fanica.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ha cambiado y no a mejor. Lo que hace a los agoreros pronosticar el fin del teatro como se entend\u00eda hasta el siglo XX, por distintos conceptos en los que la realidad virtual, la inteligencia artificial y otras zarandajas que se aducen terminen por enterrar al viejo arte de la escena. Como si todo fuera a ser grandes eventos, grandes festivales, grandes pantallas. La pregunta es: en ese batiburrillo de pron\u00f3sticos, \u00bfqu\u00e9 papel le espera al autor-a dram\u00e1tico? Ah\u00ed est\u00e1, luchando por inventar nuevos procedimientos, nuevas formas de elaborar los productos, en las que la tecnolog\u00eda ponga reclamos sorprendentes al espectador, procurando defender la letra impresa o la letra interpretada. De esa manera, aportan grandes dosis de entusiasmo, como hacen las dos docenas de dramaturgos y dramaturgas que entonan sus cantos (nunca de sirena) en el libro citado <em>Escribir para la escena, hoy<\/em>. Canto al que me gustar\u00eda unirme desde la solidaridad, la consideraci\u00f3n y el respeto.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco menos de una d\u00e9cada, esta misma revista me pidi\u00f3 una colaboraci\u00f3n sobre un tema que la Asociaci\u00f3n de Autores y Autoras de Teatro quer\u00eda compartir con varios estudiosos de la dramaturgia espa\u00f1ola contempor\u00e1nea: c\u00f3mo hab\u00edan entrado nuestros escritores-as en el nuevo siglo. 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