{"id":3514,"date":"2025-12-15T18:34:09","date_gmt":"2025-12-15T17:34:09","guid":{"rendered":"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/?p=3514"},"modified":"2025-12-17T19:02:22","modified_gmt":"2025-12-17T18:02:22","slug":"el-intruso-de-antonio-cremades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/el-intruso-de-antonio-cremades\/","title":{"rendered":"<em>El Intruso<\/em> de Antonio Cremades"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-full is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"300\" height=\"459\" src=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/PD63-22-CF-1.webp\" alt=\"El intruso, de Antonio Cremades\" class=\"wp-image-3515\" style=\"width:200px\" srcset=\"https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/PD63-22-CF-1.webp 300w, https:\/\/aat.es\/las-puertas-del-drama\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/PD63-22-CF-1-196x300.webp 196w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>El Intruso, <\/em>de Antonio Cremades. <br>La M\u00e1quina de Nubes. <br>Murcia, 2025.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:25px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El alicantino Antonio Cremades atesora una dilatada trayectoria, espoleada por numerosos premios literarios, que comienza en 1998 con <em>Topos<\/em> (Premio Antonio Buero Vallejo y Calder\u00f3n de la Barca) y que llega por ahora hasta <em>El intruso<\/em> (La M\u00e1quina de Nubes, 2025), su \u00faltima pieza publicada. Hablamos de un dramaturgo fogueado en los talleres de dramaturgia de la Muestra de Teatro Espa\u00f1ol de Autores Contempor\u00e1neos, m\u00e1s editado que estrenado y buen conocedor de los mecanismos de la carpinter\u00eda teatral.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos personajes (Dami\u00e1n y Mar\u00eda Luisa), una habitaci\u00f3n, la siembra de unos interrogantes, una presencia enigm\u00e1tica fuera de escena. El intruso. <em>El cuarto<\/em> (1957), la primera obra de Pinter, admirado por Cremades, transcurre en un cuarto cerrado con pocos personajes, una constante en su teatro. En <em>El intruso<\/em> se nos ubica en un dormitorio, el \u00faltimo refugio donde habitan las corrosivas preguntas que nadie puede responder, en lo que es una ca\u00edda sin red de un protagonista, que abre su azorado interior para hacer m\u00e1s turbia el agua y as\u00ed evidenciar que el pozo es m\u00e1s profundo de lo que parece.<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio Cremades escamotea informaci\u00f3n argumental y pone en cuesti\u00f3n las certezas preconcebidas del lector en relaci\u00f3n a los acontecimientos, hasta el punto de que el lector no sabe muy bien qu\u00e9 est\u00e1 pasando, pero sabe que est\u00e1 pasando algo; igual sucede con los dos personajes, los cuales tienen un comportamiento un tanto indescifrable y un pasado desconocido, pero un discurso coherente. En cada pausa se agazapa el significado de la obra, porque lo que no se dice puede ser m\u00e1s interesante que lo que se dice. El lector no solo va acumulando informaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n expectativas, lo que provoca una constante incertidumbre en relaci\u00f3n al cumplimiento de esas expectativas.<\/p>\n\n\n\n<p>El dramaturgo alicantino no muestra inter\u00e9s por la construcci\u00f3n del universo \u00edntimo de los protagonistas, sino por la interacci\u00f3n de estos con su entorno, y crea una brecha entre lo que ocurre y la posibilidad de su alternativa argumental, con lo que queda abierto un hueco para la reflexi\u00f3n del lector. Cremades entronca con Arist\u00f3teles, para quien lo trascendental no es que un episodio ocurriera realmente o que pudiera ocurrir, sino que se perciba como si en verdad pudiese ocurrir (primac\u00eda de lo veros\u00edmil sobre lo verdadero), porque lo que parece ser es m\u00e1s importante que lo que es hasta el punto de que la interpretaci\u00f3n de la realidad es m\u00e1s importante que la realidad misma. El autor de <em>Despu\u00e9s de la se\u00f1al <\/em>(Premio Castell\u00f3 a Escena) y <em>El mar de la tranquilidad<\/em> (Premio Juan de Timoneda) despliega una confrontaci\u00f3n entre realidad e irrealidad, que se vuelve opresiva y angustiante: que Dami\u00e1n reinterprete la realidad no expresa la realidad misma, sino al personaje que la contempla, la desconfianza que le conduce hacia el temor al otro. El dramaturgo tiene el acierto de detenerse en el desconcierto y nos muestra la incoherencia sin asideros de Dami\u00e1n, que se fortalece en la \u00fanica certeza que posee, la duda, puesto que los soportes de la coherencia est\u00e1n dinamitados.<\/p>\n\n\n\n<p>La capacidad de decisi\u00f3n y actuaci\u00f3n de Dami\u00e1n se ve dr\u00e1sticamente limitada por un agente externo desconocido, que le condiciona y constri\u00f1e hasta el punto de ser incapaz de resolver sus paradojas y contradicciones porque la soluci\u00f3n no est\u00e1 solo en sus manos. Los hechos dramatizados son focalizados desde la perspectiva deficiente de Dami\u00e1n, que los distorsiona al intentar explicarlos desde su propia subjetividad, en alg\u00fan momento desquiciada. Un protagonista envuelto por la inmensidad de las horas oscuras, como la antorcha a las mariposas de la noche, y obcecado por una visi\u00f3n oblicua de lo que acontece, sinuosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cremades juega con la posibilidad de alumbrar una zona tenebrosa, escurridiza, con la inminencia de una revelaci\u00f3n que no se produce, la ilusi\u00f3n de mundo que parece paralelo, con disonancias, inquietante e incluso excitante. Una presencia misteriosa saca a relucir que solo el temor es lo verdadero hasta el punto de que todo queda sumergido en ese pavor. El temor est\u00e1 a la vuelta de la esquina, agazapado. Oscuro al tiempo que incandescente, el autor de<em> Pasatiempos<\/em> (Premio Domingo P\u00e9rez Minik) despliega en los di\u00e1logos una forma de habitar el misterio sin respuesta. Cremades no ofrece al lector una resoluci\u00f3n del conflicto concluyente, como no lo hace Pinter en obras como <em>Old times <\/em>(1971) y <em>Family voices<\/em> (1981), pero s\u00ed trastoca y mantiene vacilantes las perspectivas desde la incierta lucidez de la monoton\u00eda de las palabras cuando est\u00e1n moteadas por unos breves silencios, una monoton\u00eda que genera el v\u00e9rtigo de no tener un punto de llegada. Esta espl\u00e9ndida pieza, que posee trazas de David Mamet y de Beckett, interpela a cualquier generaci\u00f3n, a cualquier lector, porque su mensaje es perdurable y renovable, polis\u00e9mico y poli\u00e9drico, una carta abierta al futuro que contiene a su vez el pasado y el presente, porque logra transmitir al lenguaje la incertidumbre de lo que est\u00e1 por venir. Los rastros del futuro est\u00e1n en el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Esta acertada y brillante pieza es un ejemplo de la literatura dram\u00e1tica como representaci\u00f3n, no como mera reproducci\u00f3n, porque Cremades nos ayuda a navegar en el pantano de la nada, a superar el naufragio verbal de cada d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Intruso, de Antonio Cremades. La M\u00e1quina de Nubes. Murcia, 2025. 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