FERMÍN, prejubilado inesperadamente, recibe su primera tarea: hacerse cargo del Niño, que no es otro que su hijo Casimiro de 33 años y todavía sin trabajar. Su esmerada formación y alto nivel de crecimiento interior han convertido a Casimiro en un personaje autosuficiente y de exigencias disparatadas. Al tiempo que Fermín intenta conseguirle un trabajo a Casimiro, este el enseña las claves para disfrutar del ocio adecuadamente. Carmina, su madre, y Fermín deciden buscarle un padrino, pero los escasos candidatos resultan estar paradójicamente estresados por el trabajo y envidian de alguna manera la situación de Casimiro.