Dramaturgo por vocación, actor por impulso y director por necesidad. Desde pequeño, sentía la escritura como el Creacionismo de Huidobro: sentirse Dios, tener el control. A los 16 años estreno el primer texto que escribo (un cuento de navidad para el público infantil). A los 20 años estreno “Escena Vacía”, mi primera obra “seria”, llena de rebeldía a través de la metateatralidad. Desde entonces, la interpretación y la escritura invaden mi juventud universitaria: Teatro Universitario de Murcia (T.U.), Cine y Teatro Universitario -CYTU-, ESAD, Marco Blanco. Mientras tanto, me nutro de literatura estudiando Filología Hispánica hasta 2002. Pero el torrente creativo necesita de técnica y, consciente de esa tara, comienzo estudios de Dramaturgia en la RESAD de Madrid hasta 2007. Allí aprendo y doy forma a mi dramaturgia que toma dos vías: la comedia y la escritura automática, con todo lo que conlleva de angustia e irracionalidad.