El teatro es un género que nos obliga a ver a través de muchos ojos al mismo tiempo. Un dramaturgo es alguien que mira por muchos ojos al mismo tiempo. Por la mirada del débil y la del poderoso, la del sabio y la del ignorante, por la mirada del cuerpo y la mirada del alma. Y esta mirada se contagia al lector y también al espectador. El teatro nos habla desde la palabra y desde el silencio, a veces más hondo, significativo y denso que la palabra, y nos muestra las pasiones desnudas desde la antigüedad hasta el día de hoy. De forma directa, con las palabras más comunes, más pequeñas, pero que están cargadas y activadas de intenciones y de sentido oculto. Con el teatro somos como los niños y como los locos. Nos salva de la alucinación y de la estupidez gregaria y contagiosa. Vemos desnudo al emperador y no fingimos verlo vestido. Nos libera de nuestros dogmas, de nuestro pensamiento rígido. Nos lleva a pensar y desear una cosa y al mismo tiempo a querer y desear la contraria