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El Vagabundo vuelve al hogar que abandonó hace más de quince años, y en el que dejó a su mujer y a una hija de entonces corta edad. Pero el tiempo ha querido tomarse su revancha y el Vagabundo, tras tantos años, llega demasiado tarde por sólo unas horas. Si su regreso hubiera tenido lugar poco antes quizá habría podido evitar la tragedia. La Muchacha que le recibe, la que supone que es, y luego así lo comprueba, su hija, está bañada en sangre, las manos rojas. Dentro de la habitación que al fondo se entreabre yacen los cadáveres entrelazados de la que fue esposa del Vagabundo y su amante.En el transcurso de la obra se alternan escenas "cotidianas", en las que los personajes al dialogar intentan retrasar el momento inevitable en que lo trágico se adueñe de la situación. El diálogo dilata el tiempo previo a la emergencia de los efectos de la catástrofe.

Autor/a:
Alberto Iglesias

Lo más habitual es no hacer nada. Eso es lo que se espera de nosotros: acatar la sentencia del tribunal, lamentarse, gestionar la rabia y seguir hacia adelante. Pero hay ocasiones en que no podemos aguantar.

Nos hartamos de ser siempre los perdedores. Lo llaman crisis económica, colapso del sistema financiero, depresión…pero para nosotros es un robo. Un robo amparado por unas leyes que nos dejan desamparados.

¿Pero qué pasaría si actuáramos?

En todo secuestro hay una víctima -o varias- y un delincuente -o varios-. Lo difícil, en ciertas ocasiones, es distinguir quién es quién. Para la víctima normalmente está claro, pero no siempre lo está para el delincuente. Porque a veces el delincuente es la víctima. ¿Quién fue el primero en traspasar el límite de la honradez?¿Quién ha cometido el delito? ¿El secuestrador o el secuestrado? No es sencillo equilibrar la balanza de la justicia cuando son los sueños, el futuro y la dignidad de las personas los objetos del litigio.

EL OBISPO DE MARTE. (Auto Sacramental Sideral)

Texto ganador en la convocatoria Noches de Ciencia Ficción en Monterrey México. 2022. Monólogo que se articula a través de varios sermones, que declama el Obispo de la diócesis marciana ante sus feligreses: colonizadores terrícolas, androides y aborígenes de Marte. A través de estos sermones (de lo que dice, de lo que calla pero se presume y de lo que se lee entre líneas, o de lo que deducimos por analogía con procesos históricos parecidos de colonización –inquisición, guerras santas, cruzadas, milagros supuestos, manipulación), a partir de todo esto, vamos descubriendo una intriga o unos acontecimientos de los que es testigo y partícipe y protagonista el Obispo Marciano, y que no están precisamente a años luz de nuestra realidad.

Un nuevo Obispo acaba de llegar a la diócesis de Marte, y allí se dirigirá a su extraños feligreses. A través de una serie de sermones asistiremos a las intrigas y a los acontecimientos que en este lugar a

Chica y dos chicos van a misa para ganarse confianza del Cura. Solos en ir a la iglesia. Comulgan por excesiva hambre. De noche, vuelven para guarecerse del frío. Fuman, beben, cantan, bailan. Ella y chico joven evocan cómo se conocieron. Van a dormir debajo de los bancos. El mayor es sonámbulo y le atrae chica. Lo apartan. Cura los ve. Los echa amablemente del templo. A la noche siguiente, acuden. Desnudan Virgen y santos. Visten sus ropas. Suben al altar. Cura les reza. Se acusa de desear a la joven. Reprenden y bendicen. Cura angustiado por voces en sus mente. Dialogan. ¡Milagro! Callan. Extrañado, los descubre. Quitan sus ropas y se las ponen a los maniquís que tenían. Cura expulsa a los mendigos de la casa de Dios. Traen carretillas con madera. Las vuelcan. Cura intenta echarlos. Se rebelan. Hacen una hoguera. La saltan. Obligan a saltar al Cura. Lo hace. Leve luz roja. Se oyen sus voces. Cura infierno. Ellos de agradable calor. Crece la luz roja. Mueren. Adagio de Albioni.

Él, veinte años, viste de ciclista. Desea ser el mejor de sus ídolos: ¡Los superará! No le gusta estudiar y ve, en su vocación, la mejor carrera: La Vuelta, Tour, Giro, Mundial, Olimpiadas. Despierta. Día de Reyes. Le dejaron una bicicleta. Corre por un mundo que ya es suyo. En su coche, una señora le reprende. Responde obsceno. Discuten. Sigue. ¿Quién es ella? Preparado para La Vuelta. Ya está en la serpiente multicolor. Saluda al mundo que lo ve por televisión. Sigue en el pelotón. Agotamiento. Se recupera con las vituallas. Los del coche le animan. Está en solitario. Aplausos, tocan su espalda. Lo van alcanzando seis. Piensa en retirarse. Comienza a escalar un puerto muy alto. Corre, corre mucho. Se aproxima a la meta. Solo con otro. Es un esprínter. Piensa en los besos de las chicas y ramos de flores. Gana. Alza los brazos. Un señor le da la mano. Pone el maillot amarillo. Pregunta por las chicas. Se entristece derrotado. La mujer no se disfraza de azafata para adorar a un héroe.

Salón. Viejo y Vieja. Diálogo absurdo sobre la guerra y la paz. Observan entre cortinas. Todos se saludan sonrientes; la calle es un paraíso. Sus voces no enmudecen por las armas. Timbre de la puerta de la calle. Es un tanque. Lo reciben ceremoniosos. Amena tertulia. Los tanques nos defienden del enemigo. Él le echa flores. Es bello un jardín lleno de tanques. Ella les sirve la comida. Los tanques sólo comen pólvora y únicamente se emborrachan en la fiesta de la guerra. Ella se le insinúa y le corresponde. Bailan. Él se alegra al verlos. El tanque prefiere una marcha militar. Ellos son libres. El tanque les prohíbe pensar. Se arrodillan y le imploran. El tanque les ordena que abandonen sus ideologías. Telefonean a sus familias. En todos los hogares ha entrado un tanque. Miran entre cortinas. Sólo hay tanques en las calles. No perderán la palabra. Escapan, por toda la casa, y el tanque los persigue. Caen al suelo. Se sienten humillados. Son animales en un banquete de tanques. Duermen.

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