DRAMA 64. DRAMATURGIA EN RED

Las Puertas del Drama
dramaturgia en red Nº 64

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DRAMATURGIA EN RED

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Cuaderno de bitácora

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Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Reseñas

ACD – Associació Catalana
de Dramatúrgia

Marta Arán

Entrevista con Anna Maria Ricart Codina y Helena Tornero

La Associació Catalana de Dramatúrgia (ACD) es una asociación creada por y para dramaturgos y dramaturgas de Cataluña. Aunque su presentación oficial tuvo lugar el 28 de septiembre de 2022, su gestación fue el resultado de un intenso proceso de trabajo colectivo iniciado en 2020 por un grupo de autores y autoras comprometidos con la defensa de la dramaturgia catalana.

Presentación de la Associació Catalana de Dramatúrgia (ACD) el 28 de septiembre de 2022. Foto: Martí Escuder.

Hoy conversamos con las dos presidentas de la ACD, Anna Maria Ricart Codina y Helena Tornero, para conocer la evolución de la asociación y profundizar en sus principales objetivos, los retos a los que se ha enfrentado y los proyectos que ha impulsado a lo largo de estos años.

MARTA ARÁN ¿Cómo fue que surgió la ACD? ¿Cuáles fueron sus inicios?

ANNA MARIA RICART CODINA: Fue durante la pandemia. Durante la crisis del COVID-19, la Generalitat hizo unas ayudas extraordinarias destinadas a los trabajadores de la cultura y, al revisarlas, nos dimos cuenta de que no existía ninguna línea específica en la que los dramaturgos pudiéramos optar. Eso nos pareció injusto. Entonces, Cristina Clemente y yo empezamos a hablar y nos dimos cuenta de que teníamos que pedir a la Generalitat unas ayudas específicas para nosotros. Pero no podíamos ir solas, necesitábamos el apoyo de más dramaturgos para hacer más fuerza. Empezamos hablando por teléfono con otros autores que conocíamos y poco a poco fuimos creando un grupo de Whatsapp, donde había más de cien dramaturgos. Cuando ya teníamos este apoyo, le dijimos a la Generalitat que nos recibiera y así lo hicieron. La verdad es que nos recibieron muy bien y nos escucharon. En esta reunión, también se nos dijo que se nos había recibido como un caso excepcional, pero que si de verdad queríamos tener una relación continuada con las instituciones, la forma protocolaria de hacerlo era a través de una asociación. Nos comprometimos a crear la asociación y allí empezó todo. En el grupo de chat preguntamos quién quería formar parte de este proyecto y entre esas personas estaba Helena. Después de crear un grupo de voluntarios, empezamos a preparar los estatutos. Al poco tiempo de esa reunión, la Generalitat creó unas ayudas específicas para los dramaturgos y fue un gran logro. Estas ayudas cubrían los gastos de la taquilla que hubiéramos recibido si no hubiera habido el cierre de los teatros.

HELENA TORNERO: La verdad es que cuando se pidió ayuda en el grupo de Whatsapp, yo fui una de las primeras en decir que sí, porque ya estuve en un intento de asociación que intentó crear Pablo Ley en el 2010, pero que desgraciadamente, no acabó de funcionar. En esa época, Pablo me pidió que hiciera una búsqueda de cómo otras asociaciones internacionales se habían organizado. La búsqueda en ese momento fue muy interesante e hicimos lazos con otras asociaciones, especialmente con la Asociación de Dramaturgos de Escocia (https://scottishsocietyofplaywrights.co.uk/), la cual incluso hablamos por teléfono con su presidente… Les contamos que queríamos montar una asociación,y  se mostraron muy ilusionados con el proyecto y nos facilitaron muchos documentos. Después, por desgracia, la asociación no se formó, pero yo ya había hecho ese trabajo y lo tenía guardado en una carpeta de mi ordenador. Así que en 2020 trasladé toda esta información a la ACD y me integré en el equipo encargado de redactar los estatutos de la nueva asociación.

MA: ¿Cómo fue esta preparación para crear la ACD? ¿Os costó mucho?

HT: Sí, fue mucho trabajo. Había muchas cosas… Para preparar los estatutos, lo que hicimos fue ir mirando cómo los habían redactado otras asociaciones de dramaturgos que ya existían entonces, como por ejemplo, ADIB (Associació de dramaturgues i dramaturgs de les Illes Balears), AVEET (Associació Valenciana d’Escriptores i Escriptors teatrals) o AELC (Associació d’Escriptors en Llengua Catalana). Era sobre todo muy importante hacer conexiones con las otras asociaciones de dramaturgos, especialmente con AELC, ya que es una asociación que tiene una larga trayectoria en nuestro territorio y trabaja para defender los derechos de los escritores de lengua catalana. En la AELC se agrupan sobre todo autores de narrativa y poesía, aunque también hay algunos dramaturgos. Por eso, decidimos hablar con ellos desde un inicio y con total transparencia, para dejar claro que las fuerzas iban a sumar y no a hacer competencias en Cataluña, ya que esta asociación tenía una sección de autores de teatro y podría ser extraño.

AMRC: Creo que la relación fue muy buena con ellos desde el inicio porque las fuerzas se separaron de una manera muy natural. AELC se ocupaba más del tema de los derechos en la edición editorial y nosotros asumimos más los derechos laborales dentro del mundo del teatro: El hecho de poner en escena, los contratos de encargos, la representación escénica…

HT: Sí, fue clave tener una buena relación con ellos y, de hecho, sus estatutos han sido un gran referente para nosotros, ya que tenían muchas cláusulas que nosotros a lo mejor no hubiéramos ni pensado. Y esa relación tan buena la seguimos manteniendo hoy: ayudándonos, dialogando, acompañándonos mutuamente en nuestras luchas comunes.


MA: ¿Y cómo se crea una asociación desde cero?

HT: Eso es lo más difícil, poner en marcha una asociación. En ese momento estábamos en pandemia y las reuniones y los trámites tuvieron que hacerse enteramente en línea. La creación de los estatutos fue muy interesante, porque crear ese documento nos obligaba a sentarnos y reflexionar sobre cómo queríamos que fuera esta asociación.

AMRC: En verdad, la asociación nació para ayudar laboral y económicamente a dignificar nuestra profesión. Es cierto que hubo muchos debates, sobre estéticas, formas dramatúrgicas… Pero lo que verdaderamente nos unía era la precariedad profesional que vivíamos todos. En un inicio, hicimos una encuesta para saber la situación de los dramaturgos y vimos que era vital unir fuerzas en ese sentido. Nuestra naturaleza era eso: Defender nuestros derechos. De ahí salió el nombre de “Associació Catalana de Dramatúrgia” para incluir a todos los dramaturgos que trabajaran en nuestro territorio.

HT: Sí, esto que dice Anna Maria es muy importante porque no partimos de las diferencias, sino de todo aquello que teníamos en común. Es cierto que se empezó a trabajar más sobre los derechos de la dramaturgia textual porque era lo más frecuente entre nuestros asociados, pero tenemos pendiente crear documentos legales para dramaturgias no textuales, de danza, colectivas, etc.  Para que nuestra asociación sea lo más inclusiva posible.

AMRC: También es interesante pensar por qué salió la ACD en el 2020 y no antes… Creo que las dramaturgas y los dramaturgos hemos sido tradicionalmente trabajadores de la cultura muy individualistas, y esa tendencia ha hecho que durante mucho tiempo no nos contáramos las cosas. La necesidad económica y excepcional que vivimos en la pandemia nos obligó a juntarnos y hablar de nuestros problemas. Y pasó una cosa muy bonita, que a partir de esa experiencia y de la creación de la ACD, tenemos ahora una relación más cercana. Nos podemos llamar y preguntarnos sobre qué condiciones hemos tenido en diferentes teatros, nos preguntamos sobre los contratos o incluso los honorarios que nos dan los unos a los otros… Antes de todo esto nos daba mucho pudor hablar de dinero entre nosotros o de condiciones laborales… Y eso ha cambiado. El reto ahora es que esta manera de funcionar no muera y sigamos compartiendo.

HT:  Sí, esa es la clave… Compartir experiencias. Por poner un ejemplo: El chat inicial del COVID, donde empezó todo, aún sigue vivo. Al crear la asociación, nos preguntamos qué era lo mejor para nosotros: ¿Trabajar solo con el chat de la ACD o que convivieran los dos grupos? Finalmente, decidimos dejar los dos, ya que dentro del chat inicial había autores que no estaban asociados a la asociación y ese podía ser un canal de comunicación más informal. Y para nosotros era muy importante que estas relaciones que habían surgido entre los profesionales, se mantuvieran. Ya que antes de la ACD, había muchos dramaturgos que a lo mejor no se conocían personalmente o que acudían a los estrenos y no se hablaban… Y otra cosa curiosa, es que están surgiendo otras asociaciones teatrales que nos cogen de modelo a nosotros, y es un orgullo.

MA: Después de hacer este paso tan importante que os había pedido la Generalitat, de hacer una asociación, ¿las relaciones con las instituciones fueron buenas o realmente fue un trabajo desde la asociación?

AMRC: Lo trabajamos nosotros, pero es verdad que tener fundada una asociación nos abrió muchas puertas a tener reuniones con las instituciones. Tengo que reconocer que todos los sitios donde pedimos reunión, nos la dieron y así pudimos contar a todo el mundo quiénes éramos y qué queríamos. Exploramos muchos proyectos y muchas maneras de relacionarnos. Rápidamente se habló sobre traducciones al exterior, residencias… Nos pusimos en materia muy rápido.

HT: Sí, yo recuerdo coincidir en un acto con una persona del Institut Ramon Llull, que me preguntó: «Helena, ¿ya sois asociación? Os estamos esperando para hablar de diferentes cosas. Una vez iniciado el diálogo, estaban muy abiertos a mantener ese intercambio con nosotros.

MA: ¿Los primeros pasos de la ACD fueron reuniones con todas las instituciones?

AMRC: Sí, pero también nos reunimos con los teatros. Fuimos, por ejemplo, al Teatre Lliure a presentarnos y a decirles que íbamos a trabajar con el Manual de Buenas Prácticas, porque esa idea ya estaba apareciendo con mucha fuerza en las sesiones de trabajo. También queríamos dejar muy claro que no era para nada una confrontación directa, sino que íbamos a trabajar para que el ecosistema teatral tuviera en cuenta también los derechos de los autores y que esa visión no tenía por qué significar ser algo malo, sino todo lo contrario, construir entre todos un sistema que funcione mejor para todos.

HT: Después también hubo mucho trabajo de “hormiguita” con la escritura de los estatutos. Reunir todos los aspectos legales, crear una web para la ACD… El logo, los canales de comunicación… Y todas esas gestiones, todo ese trabajo se tenía que reflexionar, acordar, decidir, debatir… todo online.  Debates que, por cierto, fueron fundamentales. Creo que nunca nos habíamos planteado una reflexión tan minuciosa alrededor del oficio de la dramaturgia hasta entonces. Tuvimos que exponer todos nuestros puntos de vista, averiguar qué necesidades teníamos como profesión y como colectivo… Se habló de una infinidad de temas. Aunque, y esto es importante, tuvimos muy claro que tenía que ser una asociación exclusivamente profesional, no de gente que es aficionada al teatro, sino que se dedica a ello profesionalmente. Eso nos hizo exigir unos requisitos a la hora de ser socio, lógicamente. También nos condicionó mucho el hecho de que la ACD se creara durante la pandemia, ya que nos hizo reflexionar más aún sobre la precariedad. Por este motivo nuestras cuotas de socios son bajas, no queríamos que fueran excluyentes porque nos preocupaba la precariedad de nuestros compañeros de profesión. También creamos una opción aún más económica para estudiantes o autores noveles, para que se pudieran ir integrando también en la profesión. Fue empezar desde cero, además con un grupo de dramaturgos que no nos conocíamos mucho y tan diverso, tan «Frankenstein», como decíamos nosotros en broma… pero eso fue a la vez una virtud, ya que nos permitió compartir situaciones diversas y ampliar la mirada hacia nuestra profesión.

AMRC: Sí, porque es verdad que en la primera junta había gente muy diversa, con edades, trayectorias y estéticas muy diferentes y eso fue, sin duda, muy interesante. Enriqueció muchísimo al grupo y las decisiones eran mucho más consensuadas que si hubiéramos sido gente que simplemente estuviera de acuerdo en todo.

HT: Otra cosa que fue muy importante, y que me aconsejó el presidente de la asociación de autores de Escocia, es que era vital que estuvieran todos los autores. Me dijo literalmente: “Si no están también los autores reconocidos, no haréis nada”. En este aspecto tuvimos mucha suerte, ya que desde el principio hubo un gran apoyo de autores con mucha trayectoria, como Sergi Belbel, o Jordi Galcerán… Gente que era muy famosa en el mundo de la dramaturgia catalana, y eso ayudó. En poco tiempo, fuimos muchos socios.

MA: En la presentación oficial que hicisteis para los medios en 2020, erais 95 socios.

Presentación de la Associació Catalana de Dramatúrgia (ACD) el 28 de septiembre de 2022. Foto: Martí Escuder.

HT: Exacto, la presentación oficial a los medios fue en el 2022 y éramos casi 100, pero piensa que llevábamos desde el 2020 haciendo mucho trabajo y divulgación entre los autores de que estábamos creando esta asociación. Todo este proceso llevó su tiempo… Fue un trabajo que hacíamos entre todos para que la asociación pudiera funcionar, ya que nos pedían un mínimo de socios. Si no, no tenía sentido.

AMRC: Esto que ha dicho Helena, lo de que nos apoyaran autores muy conocidos de la escena, ayudó muchísimo a que nos tomaran más en serio las instituciones. Es triste decirlo, pero fue así… Ya que en nuestra asociación había todo tipo de autoría: Desde los más jóvenes que estaban haciendo obras en salas alternativas hasta autores reconocidos como Sergi Belbel. Tengo que admitir, que Belbel fue una pieza clave y nos ayudó muchísimo a hacer el primer contacto con diferentes personas y a representar la asociación cuando hiciera falta.

HT: Y también Jordi Galcerán nos apoyó mucho desde el principio: cuando hicimos la presentación oficial de la asociación, o la del Manual de Buenas Prácticas, por ejemplo. En ese aspecto nos hemos sentido muy acompañados.

AMRC: Hemos dicho solo estos dos nombres, pero fueron muchas más las personas que en su momento han apoyado la asociación con sus contactos y trayectoria. Sin estas personas, la asociación no hubiera llegado tan lejos en un tiempo tan rápido.

HT: Yo creo que esto sucedió porque los socios veteranos realmente confiaban mucho en este proyecto y en el concepto de “nosotros” como colectivo. En Catalunya, en los años 70, hubo mucha conciencia de la lucha por la profesión; de hecho, fue cuando se creó AELC y empezó a funcionar como asociación. Era un momento de un movimiento más combativo, en el contexto del final de la dictadura. Luego fueron pasando las décadas y algunas de esas luchas colectivas se fueron diluyendo. La sociedad se volvió, como dijo Zigmunt Bauman, más líquida, más individualista, más fragmentada… Pero creo que ahora, es un buen momento para recordar de nuevo ese punto de vista, esa conciencia de «nosotros», de colectividad como escritores de teatro y, como es lógico, surgió en un momento de crisis, provocada por la pandemia. Porque tiene que pasar algo gordo para que nos movilicemos. Los dramaturgos somos algo solitarios, lo que la mayoría de las veces queremos es que nos dejen en paz y poder escribir en silencio y tranquilidad… Pero por eso es bonito hacer ese esfuerzo… poder salir de nuestro refugio y ayudar a otros para que puedan escribir mejor. Sebastià Portell, el presidente de la AELC, dijo una frase sobre la función de las asociaciones que me encanta y utilizo a menudo: «Somos escritores que dejamos de escribir un poco para que otros escritores puedan escribir mejor.» Y eso es completamente cierto. Esta semana, por ejemplo, he estado inmersa en cosas de la asociación. No he podido escribir mucho, pero lo hago con la convicción de que esto servirá para que, en un futuro, todos podamos escribir en mejores condiciones.

MA: Uno de los puntos más importantes de la asociación es cuando introducís las consultas legales para los asociados, a través de un abogado… Antes ya se habían hecho algunos talleres de derechos de autor con Cristina Calvet, pero supongo que la asesoría legal en el Manual de Buenas Prácticas fue indispensable…

AMRC: Lo de los servicios legales lo teníamos muy claro. Realmente era un básico que nuestros asociados tenían que tener, para que pudieran preguntar todas sus dudas a la hora de firmar un contrato… De hecho, de ahí nació la idea de hacer el manual, de la cantidad de dudas que aparecían a la hora de hacer esas negociaciones. Así que decidimos crear un manual que ayudara a los autores precisamente en todo eso.

MA: ¿Y cómo fue ese proceso?

AMRC: Este proceso se acabó convirtiendo en el gran proyecto de la ACD y le dedicamos mucho tiempo. Para elaborar el borrador del manual se importó información de otros manuales internacionales que ya existían y se creó una comisión específica que solo trabajara en ello, en la cual se hicieron muchísimas reuniones. Se buscaron diferentes tipos de documentos… Y la verdad, fueron muy útiles los materiales que otras asociaciones internacionales ya habían hecho previamente.

HT: Sí, un gran referente para nosotros fue el documento Best Practice Guide-lines de la Scottish Society of Playwrights, que traduje personalmente al catalán. También lo compartí con ADIB en ese momento, ellos estaban preparando un convenio con el Teatre Principal de Palma. Después, toda la junta de la ACD fue aportando más información: los manuales de Irlanda o de Suiza… Pero el giro más importante fue cuando nos reunimos con otras asociaciones de autores como ADIB, AVEET, DREM y DramaturGA y decidimos empezar a trabajar de forma conjunta. Hay que decir que el trabajo en equipo con otras asociaciones ya se había iniciado paralelamente con otras cosas, pero fue precisamente un encuentro que hicimos en Mallorca, donde cambió todo. Ese día cada asociación exponía en qué estaba trabajando en ese momento. La AVEET, por ejemplo, contó que estaban elaborando modelos de contrato… Y nosotros contamos que teníamos en marcha el Manual de Buenas Prácticas. Cuando lo contamos, a todos les entusiasmó la idea. Y entonces nos planteamos: ¿Y si unimos fuerzas entre todas las asociaciones para crear este documento? Esta decisión supuso más trabajo, ya que se trataba no solo de consensuar las cosas entre los miembros de nuestra junta, sino que había que consensuar todo el trabajo con todos los demás. Pero, al mismo tiempo, esa unión nos daba mucha más fuerza.

MA: Aquí el papel de los abogados supongo que fue clave en la redacción…

HT: Fuimos buscando diferentes opciones y acabamos escogiendo a Mario Sepúlveda, que es quien nos lleva las consultas legales hasta el día de hoy. Lo escogimos especialmente porque era el abogado que trabajaba con AELC y realmente tenía mucha trayectoria con la autoría. Se lo comentamos a Sebastià Portell, el presidente de AELC si le parecía bien compartir abogado, y se mostraron encantados. Es verdad que cada asociación tiene sus procedimientos y particularidades; por eso no nos afecta a la hora de trabajar. Y en la fase final del Manual de Buenas Prácticas, su participación fue clave, ya que su bufete ayudó a redactar todas las cosas legales del manual para que no hubiera ningún error. Mario vino con nosotros a una de las últimas reuniones presenciales que hicimos con todas las asociaciones y trabajó con todos nosotros.

MA: ¿Cómo os organizasteis con las otras asociaciones para escribir el Manual de Buenas Prácticas?

HT: Hicimos tres grupos de trabajo que desarrollaron los tres documentos que lo forman: Los Modelos de contrato, la Brújula y los Principios Fundamentales. Lo hicimos así porque nos dimos cuenta de que había demasiada información como para ponerlo todo en un único documento. Así que decidimos que fueran tres documentos diferentes que dialogaran entre ellos, ya que cada parte tenía objetivos muy diferentes. Cuando estuvo acabado, lo tradujimos a las diferentes lenguas de las asociaciones, luego cada uno lo puso en su web y empezó la difusión. También hay quien lo publicó en papel, como es el caso de la AELC, para difundirlo entre sus socios y otras entidades. Nosotros hicimos la maquetación y esperamos poder publicarlo también en el futuro, cuando tengamos alguna subvención que nos lo permita. Aún somos una asociación pequeña.

MA: Después de redactarlo, hicisteis muchos eventos para divulgar este manual. ¿Cómo vivisteis el recibimiento del Manual de Buenas Prácticas cuando ibais a presentarlo? ¿A la gente le sorprendía lo que exponíais o lo daba por hecho?

HT: Las presentaciones que hemos hecho siempre han sido muy emocionantes. En Galicia, por ejemplo, fuimos a un festival de teatro y cuando acabamos se nos acercó una chica que nos dio las gracias porque, gracias al manual, había podido negociar adecuadamente su primer encargo dramatúrgico profesional. Estos testimonios nos ayudan mucho. Y es verdad que no solo recibimos muestras de agradecimiento por parte de los autores, sino también de los directores, de producción, editoriales que alaban siempre nuestro trabajo.

AMRC: Sí, ha llegado a muchos sitios. Incluso a entidades tan importantes en el sector como ADETCA, la asociación de empresas de teatro de Cataluña.

HT: Y más allá de la difusión, lo más importante para nosotros es cómo se aplica este manual. ¿Cómo hacemos ver a todo el sector que este manual es beneficioso para todo el mundo? Es un manual pensado para llegar a la excelencia de la profesión y que todas las partes trabajen en buenas condiciones. Y también, por otro lado, este manual conlleva unas obligaciones por parte del autor, hay unos compromisos que cumplir. Por eso, en las reuniones que estamos haciendo, sobre todo con las empresas privadas, hacemos hincapié en este punto: El manual protege a las dos partes. Este manual se ha escrito porque viene de un historial muy extenso de abusos laborales y teníamos la necesidad de ordenar esas condiciones de trabajo. Tener unos contratos que puedan servir de base para nuestros asociados… También es cierto que los modelos de contrato, son eso mismo, modelos. Son una guía para que el autor sepa cómo tiene que ser un buen modelo de contrato, pero al final cada autor firmará lo que quiera firmar… No podemos, como asociación, vigilar cada contrato. Pero al menos, con este manual se podrá detectar aquellos contratos que no están bien y ver la capacidad de negociación que uno puede tener.

AMRC: El gran reto, y lo digo así porque creo que hay que cambiar una dinámica muy implantada en Catalunya, será precisamente aplicar estas buenas prácticas. Será un proceso muy lento, porque dependerá de que nosotros pidamos que se cumplan estas buenas prácticas y que los productores, teatros o empresas entiendan que esto también es positivo y vaya cambiando la situación hacia un aspecto mucho más serio y profesional.

HT:  Otro tema clave es el tema de la responsabilidad. Por una parte, la del autor, que hay que empoderarse para poder exigir unos mínimos, y también por la otra, la responsabilidad de la persona que hace el encargo. Y eso pide un cambio de mentalidad por parte de todo el mundo.

MA: ¿Creéis que los autores pueden tener miedo a usar el Manual de Buenas Prácticas por si pierden oportunidades?

AMRC: No se puede obviar que la situación en que vivimos es muy precaria y eso provoca que aceptemos cosas que no tendríamos que aceptar, porque realmente necesitamos el trabajo. Por eso digo que es un gran reto implantar los derechos en el sistema hasta que se normalice. No podemos exigir a nuestros asociados que lo hagan, pero poco a poco ir poniendo conciencia.

HT: Sí, yo cuando hablo de responsabilidad me refiero más a los autores que tienen un cierto estatus y no a aquellos cuya situación es tan mala que no pueden presionar en las negociaciones. Por eso, los autores que tenemos un cierto reconocimiento en el sector debemos evitar que se den pasos atrás para el bien del colectivo. Es similar a lo que a menudo sucede en el mundo del libro. Cuesta mucho que te lleguen a publicar un libro y, desgraciadamente, por la ilusión del autor a publicar, a veces se acepta cualquier cosa. En este aspecto, AELC lleva muchísimos años haciendo pedagogía respecto a este tema y es verdad que esta conciencia en la dramaturgia no la tenemos tan instalada, ya que vamos atrasados con respecto a otros tipos de autores en la cuestión de la edición. Por eso es importante la educación en todas las generaciones, los nuevos autores que vendrán y la gente más consolidada.

AMRC: Yo creo que nuestra situación actual es que hemos construido un instrumento y un material muy bueno y que el gran reto es utilizarlo y que se normalice.

HT: Por otra parte, el manual también es un gran antídoto contra el miedo. Nosotros aconsejamos que el autor envíe el Manual de Buenas Prácticas antes de que se redacte cualquier contrato o se tenga una primera reunión. Así, no es el autor solamente el que lucha por unas condiciones dignas, sino que hay un documento externo como punto de partida. Al menos, si la persona que contrata ha hecho los deberes y se lo ha leído, esos términos están encima de la mesa y ya no queda tan extraño que se hablen de ciertas cosas.

AMRC: Ponernos en colectividad, decir: No soy yo sola la que pide estas condiciones, sino que es todo el colectivo el que pide esto, que es lógico, normal y correcto.

HT: Lo del colectivo es fundamental. Por ejemplo, hace poco me ofrecieron un encargo en condiciones abusivas. Dije que no. Llamaron a otra persona para ofrecérselo. Esta persona me llamó a mí para saber por qué me había negado. También dijo que no. Llamaron a una tercera persona, que también consultó y respondió que no. Esto antes no pasaba. Te llamaban para un encargo y no sabías cómo informarte. Ahora tenemos más información y la compartimos entre nosotros. Creo que esa propuesta, finalmente, no se llevó adelante. Es algo que aparece en uno de los principios fundamentales del manual: «Si no tienes dinero para pagar, no hagas un encargo.

MA: ¿Y cómo fue el traspaso de la primera junta que había creado todo desde cero, a la segunda capitaneada por Helena? Porque era una gran responsabilidad poder mantener este gran proyecto y hacer otras iniciativas…

AMRC: Tuvimos mucha suerte de que Helena quisiera continuar con la presidencia porque siempre ha sido una pieza clave en la asociación. Lo fue tanto en los estatutos como en la redacción del manual, así que cuando ella se postuló para liderar esta segunda junta, nos pareció muy buena idea. Ha sido muy fácil el traspaso y ha seguido el camino que habíamos iniciado desde un inicio. Eso ha sido muy gratificante porque la continuidad en este proyecto era clave, ya que se hizo un trabajo muy duro para que este tuviera un fruto a largo plazo y así ha sido. Estoy muy contenta.

HT: Yo también estoy muy contenta con las personas de mi equipo, aunque tengo que admitir que esta junta precisamente nació porque nadie se presentó para hacer el relevo de la anterior. Y también es importante que esto se sepa, ya que la gente no es consciente de que, por muy poco, la ACD casi cierra. Cuando quedaban pocos días para el término, llamé a personas cómplices con las que a mí me gustaría trabajar para presentar esta candidatura y así impedir que la ACD se paralizara. Ya que cuando tú paralizas una asociación, hay un vacío legal y se pierde esa actividad. Y si en un futuro quieres recuperar de nuevo la asociación, tienes que hacer otra vez todos los trámites legales… Y con todo el trabajo que da crearlo desde cero… Eso no podía pasar. ¡Aunque tengo que reconocer que era mi peor momento vital para aceptar esto! ¡Mi psicóloga me quería matar cuando le dije que había aceptado esto! Pero salvamos la asociación.

MA: Tú siempre comentas, Helena, que todos los autores deberían pasar por la junta durante unos años para entender muchas cosas de la profesión…

HT: Sí, ¡porque empodera muchísimo! Y al mismo tiempo, te da muchísima conciencia para entender la realidad de tus compañeros y del sector. También te da una visión del trabajo real que hay detrás de una asociación y eso te permite ser más comprensiva y no hacer tantas críticas con el trabajo de los otros. La gente que nunca ha estado dentro de una junta no sabe todas las horas, el esfuerzo ni el valor humano que hay detrás. Y por esta razón es importante que todo el mundo pase por la junta, sea cual sea su estatus. Primero, porque tenemos que ayudarnos como comunidad; segundo porque ayudar te enriquece mucho como persona y como autora… Acabas entendiendo muchas más cosas de la profesión.

MA: Y los proyectos de la ACD que se planean para estos años que vienen… ¿Cómo se ven? ¿Qué destacarías tú, Anna Maria, ahora que estás fuera de la presidencia?

AMRC: El nuevo proyecto troncal que se plantea para estos años, junto a Dramaturgia en red, me parece muy interesante. Una comisión que desarrollará estrategias y acciones sobre los derechos de autor frente a la IA y las nuevas tecnologías. Por desgracia, este será uno de los grandes desafíos a los que deberá enfrentarse el conjunto del sector cultural, y estar informados desde un inicio será vital. Además, fue un tema que se hizo en consenso con las otras asociaciones y los socios de estas.

HT: Y también otras cosas que me gustaría destacar es que ya empezamos a asesorar diversas instituciones, como por ejemplo el Premio Àngel Guimerà de Òmnium, o que ya formamos oficialmente parte del consejo asesor de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC). Esto es, sin ninguna duda, un gran paso. Y no solo eso, queremos también dar un impulso a la comunicación y la divulgación en las redes sociales de todo el trabajo que estamos haciendo en la asociación y de nuestra profesión. Y por supuesto, hemos creado otros proyectos e iniciativas para la visibilización de la autoría, que si nos dan la subvención de la ILC que hemos pedido, podremos hacerlo.

AMRC: Después, hay una labor que nunca puede olvidarse: Seguir reivindicando el reconocimiento que se merece la dramaturgia como escritura literaria. Somos literatura en mayúsculas, igual que los otros.

HT: Y así, como para cerrar, me gustaría hablar del gran trabajo que estamos haciendo entre todas las asociaciones en la plataforma «Dramaturgia en red», que sin duda nos hace más fuertes.

MA: Sí, porque ahora está surgiendo con fuerza este nuevo concepto de Dramaturgia en Red… Esta unión de las asociaciones de dramaturgos para focalizar esfuerzos…

HT: Sí, este concepto surgió natural después de mucho tiempo trabajando juntos. Cuando formamos Dramaturgia en red, al principio nos preguntamos si debíamos ser una federación, pero lo estuvimos consultando y vimos que nos faltaban muchos recursos estructurales. Después encontramos esta fórmula: Una plataforma donde trabajamos allí las diferentes asociaciones y tenemos un diálogo constante con AAT, AVEET, DramaturGA, ADIB y DREM.

AMRC: Yo creo precisamente que es muy interesante que no se haya hecho una federación porque, en los inicios de las cosas, a veces es mejor no institucionalizar tanto los procesos. Si nos va bien una plataforma y podemos trabajar ágilmente desde allí, ¿para qué cambiarlo? Porque a veces, cuando se burocratiza todo, puede llegar a ser un impedimento para las acciones más inmediatas…

HT: Completamente de acuerdo. Realmente, esta plataforma es muy útil, nos ayuda a tener un diálogo constante. No es fácil porque todos trabajamos cuando el tiempo nos lo permite, pero sabemos que estamos ahí y nos acompañamos mutuamente. Al mismo tiempo, es una red que facilita el intercambio, la escucha, el conocimiento de las necesidades diversas y la búsqueda de soluciones que nos enriquecen a todos. El hecho de focalizar las fuerzas, por ejemplo, en un tema tan crucial como el de la IA, ayudará a que se pueda llegar más lejos. Sin duda, la unión nos hace más fuertes. Y seguiremos trabajando para que así sea.