DRAMA 64. DRAMATURGIA EN RED

Las Puertas del Drama
dramaturgia en red Nº 64

SUMARIO

Presentación

DRAMATURGIA EN RED

Infancia y juventud

Cuaderno de bitácora

dramaturgia EXTRANJERA

Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Reseñas

No me dejes así
(ecos de un pasado incierto)

de Adelardo Méndez Moya

Cristina Santolaria Solano
No me dejes así (ecos de un pasado incierto) de Adelardo Méndez Moya

Adelardo Méndez Moya, no me dejes así
(ecos de un pasado incierto),
Madrid, VdB, 2025

Por todos conocidas son, sin duda, las facetas de Adelardo Méndez Moya como gestor y estudioso del teatro contemporáneo, y buena prueba de ello es su labor como coordinador del Seminario Internacional de Estudios Teatrales de Albolote o sus ciclos Voces a Escena y Teatro Español de Hoy, además de sus numerosos artículos sobre la dramaturgia del último medio siglo en nuestro país, de los que tenemos muestra en esta misma publicación.

Sin embargo, aunque Méndez Moya lleva varias décadas también dedicado a la escritura de textos dramáticos, la potencia de sus otras facetas ha ensombrecido su quehacer literario, por lo que en estas líneas queremos referirnos a él, concretamente a su última publicación: no me dejes así (ecos de un pasado incierto), pieza que recoge su saber tanto como estudioso, como autor con una ya dilatada trayectoria que se remonta a la década de los 90 del siglo pasado, coetáneo generacional de aquellos que, como Juan Mayorga, José Ramón Fernández, Yolanda Pallín o Sergi Belbel, se dieron a conocer en ese momento. Sin embargo, en el drama que nos ocupa, “barrabasada lumpen”, como la denomina su autor, es evidente la influencia de aquellos dramaturgos anteriores que han sido objeto de sus estudios: desde un Buero u Olmo, pasando por Martínez Mediero, y más recientemente Cabal, Sanchis o García Serrano.

Como Buero en El tragaluz o García Serrano en Ponte en lo peor, Méndez Moya enmarca el núcleo dramático de no me dejes así (ecos de un pasado incierto) con las palabras de un Presentador que, desde el siglo XXX, explica el hallazgo de unos disquetes que ofrecen la vida de dos personajes desclasados. Con enorme ironía, esta figura introductoria nos deja entrever un futuro en que el derrumbe de un edificio de 64 viviendas tiene una importancia relativa porque sus inquilinos eran “emigrantes irregulares, desempleados y pensionistas”, en que la censura tiene un peso muy específico en la vida de sus habitantes o en el que el material de los disquetes es “semejante al plástico alimenticio actual”. Solo unas pinceladas, pero suficientes, para conocer ese hipotético futuro desde el que el Presentador contempla, entre sorprendido y escandalizado, las andanzas de dos seres desvalidos y marginales que sobreviven sin preocupaciones, de espaldas a un mundo que se limitan a observar y comentar, eso sí, desde posturas que, con frecuencia, en la actualidad, calificaríamos de incorrectas políticamente, aunque esas opiniones no sean una excepción en el sentir popular del ámbito en que se mueven los protagonistas. Orbegozo y Rebolledo, homónimos de los personajes de La vida a ratos de Juan José Millás, aunque tienen mucho de Max Estrella y Don Latino, del valleinclanesco Luces de Bohemia, o de Ríos y Solano, de Ñaque o de piojos y actores, de Sanchis Sinisterra, por no mencionar los personajes lumpen que circulan en la inédita Noche negra de Madrid, de Cabal, entre otros muchos personajes desarraigados que habitan en nuestra dramaturgia actual.

La estructura fragmentaria de no me dejes así (ecos de un pasado incierto), tiene, según su autor, un precedente explicito en Hojas arrancadas del diario de P, de Ignacio del Moral, si bien esta forma casi de montaje cinematográfico, que aquí tiene explicación porque sólo se han podido descifrar algunos de los disquetes hallados, ha encontrado eco en numerosos autores contemporáneos. Es más, dado que Adelardo Méndez Moya es un experto en teatro breve (Las Puertas del Drama, 59), creo que esta obra se podría encuadrar en lo que él denomina “piezas breves encadenadas o continuas”, caracterizadas del siguiente modo por el autor:

Comparten protagonistas, elementos de contenido y talante. Cada pieza corta, cada acción particular conduce, por vía directa o por cuestión tangencial o subsidiaria, a la siguiente. El resultante del conjunto presenta una evolución en temas y tramas. Sin perder su carácter independiente, cada texto breve añade su contribución a la totalidad. Cada pieza corta, en cierta medida, funciona como un acto de la unidad última, aunque mantiene su desenlace conclusivo propio.

Pero aún hay más, Adelardo Méndez es el creador del término “pulga dramática”, caracterizada por el “humor crítico y lacerante, siempre con destacada relevancia de la palabra oral, del diálogo; temas de actualidad”, rasgos que definen todas las escenas de este texto, pero que son más evidentes en dos de ellas, las que recogen los discos 1 y 22, que ofrecen unas acciones casi de clowns: los protagonistas se enfrentan por el espacio en el que “currar”, entiéndase este verbo como sinónimo de delinquir para subsistir, y aquella otra en que casi una pirueta resuelve la confusión del camarero con las consumiciones. Explícitamente, Adelardo Méndez reconoce que ha “canibalizado” dos de sus pulgas dramáticas publicadas anteriormente para insertarlas en este texto.

Esta forma fragmentaria le permite a Méndez Moya “picotear”, desde una visión cuasi esperpéntica y, desde luego totalmente incorrecta desde nuestra sensibilidad social, en la actualidad y así aborda temas y razonamientos del imaginario popular, o, por menos, de una parte no desdeñable de él: el acoso al consumo del tabaco, pero no a otras  actividades que también perjudican la salud, el sueldo de los futbolistas y ejecutivos, la música moderna, la subida de los precios de servicios básicos y de primera necesidad, el racismo, el feminismo, etc., por no mencionar las alusiones directas a la nobleza de nuestro país, al incidente de la isla de Perejil o a la personalidad de Trump, elucubración esta última también dramatizada por García Serrano en Parapeto. De especial valor es el disco/escena en que, tras medio año en la cárcel, al salir comprueban asombrados que todo sigue igual, que los ricos y poderosos no permiten que nada cambie.

Frente a esta panorámica esperpéntica de nuestra sociedad, Méndez Moya también tiene espacio en no me dejes así para bajar a lo humano, al amor, a la amistad y a la solidaridad, aunque también de estos valores pueden prescindir si se tercia Orbegozo y Rebolledo.

No me dejes así (ecos de un pasado incierto) es una radiografía en blanco y negro, con brochazos de trazo grueso, de una parte de la sociedad actual; sus escenas son una metonimia de un panorama más amplio, pero igualmente desgarrador, que Adelardo Méndez Moya, desde el humor y la ironía, nos invita a mirar de frente.