DRAMA 64. DRAMATURGIA EN RED

Las Puertas del Drama
dramaturgia en red Nº 64

SUMARIO

Presentación

DRAMATURGIA EN RED

Infancia y juventud

Cuaderno de bitácora

dramaturgia EXTRANJERA

Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Reseñas

Cuaderno de Bitácora
de Memoria de una ficción

Félix Estaire

Se empieza una obra cuando la herida abierta del cuerpo no termina de encontrar la manera de cerrarse. Todos los cuerpos tienen heridas, todos tienen un lugar por el que se desangran y pierden vitalidad… por ahí, por esos lugares, se ven los jirones del alma … y por ahí, podemos ver de qué está hecha nuestra materia… pero en esa herida, en esas marcas que va dejando la vida en el cuerpo/mapa se puede hacer una lectura de lo que la mirada propia observa y de lo que la mirada ajena quiere descubrir… por eso, hay que abrir esa herida, limpiarla, quitar todo aquello que no permite que se cierre de forma natural y desinfectar todas sus partes… casi siempre, se trata de raspar la podredumbre, quitar una costra falsa que hemos puesto en la herida, raspar, dejar salir y supurar el dolor y, desde ahí, contar lo que se ve…

La identidad es un misterio, es un recorrido que, en gran medida, nos han contado. Somos el relato de aquello que no podemos recordar, pero que nos han dicho que somos. Nos cuentan que de pequeños jugábamos con un perro que no recordamos o que cantábamos cada día antes de comer o nos dicen que con tres años tuvimos una enfermedad… pero nada de esto es verdad, nada de esto es como fue, sino como nos dijeron que fue. Y desde ahí, cada cual se construye su identidad, interpreta la narrativa de lo que le dijeron para determinar la falsa idea de: “este soy yo”. Es decir, que nuestra primera identidad se basa en el relato articulado por los demás de quiénes hemos sido hasta ahora…

Y como todo es fantasía, ficción en estas cabecitas nuestras, que se ha ido alimentando a base de relatos ajenos… me puse a imaginar qué sería de alguien que no es quien le han contado que es… y busqué en las identidades perdidas de quienes fueron robados y de quiénes fueron víctimas de robos… esas personas que, por más que quieran, no pueden ser nunca quienes realmente fueron… y pensé en cuando yo mismo me casé… y pude leer ese folio del registro con los nombres de mis padres y el mío… e imaginé qué sería no encontrar ahí los nombres esperados… o peor aún, no encontrar nada…  e imaginé qué vida le espera a alguien que descubre que todo su pasado es una ficción más, pero esta vez, no la ha escrito ella… se la han ido escribiendo alejada de la verdad…

Así, entre el dolor de la herida o la fantasía de la identidad como relato absorbido y escuchado y el conjunto de posibilidades que arroja la idea del ser a la incertidumbre, me propuse un drama que basculara entre varios mundos. Por eso, Memoria de una ficción nace siendo varias cosas al tiempo y no es definitivamente ninguna de ellas. Es teatro, pero también ficción sonora, por eso es voz y, si se quiere, cuerpo.  Es dolor propio, pero también ajeno. Es historia reciente de nuestro país, pero es intrahistoria de personas que lo habitan o lo habitaron. Y es memoria, pero no deja de ser un relato de la misma, lo cual no hace más que contribuir a que sea, en realidad, una ficción, en mi caso, “una ficción documental”.

Y es que, casi todo lo que ha rodeado esta creación ha estado impregnado de paradojas: la empecé por amistad y perdí parte de esa amistad, incluí relatos de gente cercana y eso ha provocado cierta lejanía, quise hacer y honrar la memoria y me inventé muchas cosas… quizá, la paradoja es el espacio que se habita cuando las cosas no están claras, aunque parezca que sí lo estaban.  Por eso, cada palabra puede ser una cosa y su contraria y en la vida, incluso lo que habitas y haces como ayuda, se pueda entender como otra cosa… Total que, ¿quién es cada cual para saber a ciencia cierta, quién es cada cual? Usted que lee esto, ¿lo sabe? Si lo sabe, no diga, ni haga nada, aunque resulte paradójico, puede usted descubrir que, en realidad, no lo sabe.

Memoria de una ficción de Felix Estaire