DRAMA 64. DRAMATURGIA EN RED

Las Puertas del Drama
dramaturgia en red Nº 64

SUMARIO

Presentación

DRAMATURGIA EN RED

Infancia y juventud

Cuaderno de bitácora

dramaturgia EXTRANJERA

Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Reseñas

Vivir en el puente que une
la orilla de la realidad
con la orilla de la ficción

Javier Hernando Herráez

ALGUNAS COSAS SOBRE ALGUNAS OBRAS DE TIAGO RODRIGUES

Quiero empezar este texto confesando que, para mí, Tiago Rodrigues es un autor inagotable. Revisando las notas que tomé para este artículo me he dado cuenta de todas las cosas que he tenido que dejar fuera. Cada vez que leo las obras de Tiago Rodrigues, o cuando las veo, descubro cosas que, aunque ya las supiera, siguen haciéndome vibrar. Tramas, citas, personajes e historias que hablan unas con otras. Una suma de voces y personas, reales o inventadas, de las que surge una poesía aparentemente fácil y brillantemente sencilla. Este texto, por tanto, lejos de querer ser exhaustivo, quiere ser una invitación. Porque cuando yo leo a Tiago Rodrigues me reconcilio con el teatro y, al reconciliarme con el teatro, acabo reconciliado con la vida. Solo quiero compartir, lo que mejor pueda, una parte de aquello que me gusta. Y me sienta bien.

A estas alturas, creo que Tiago Rodrigues necesita de pocas presentaciones. Desde 2023 es el primer director no francés del Festival d’Avignon y desde hace años sus espectáculos recorren los principales teatros y festivales europeos. Entre 2015 y 2021 dirigió el Teatro Nacional D. Maria II de Lisboa; recibió el Premio Pessoa en 2019 y ese mismo año fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. En España hemos tenido la suerte de ver buena parte de sus montajes. El primero, si no fallo, Si una ventana se abriese, obra dedicada al periodismo que presentó en la Cuarta Pared; luego, By Heart se presentó en marzo de 2014 en Azkuna Zentroa de Bilbao y, más tarde, en 2016, en el Teatro del Barrio del Madrid dentro de la programación del Festival de Otoño.

En Tiago, texto y teatro siempre van de la mano. No podemos acercarnos a su escritura sin hablar de sus montajes. Para intentar organizar este artículo, y no irme demasiado por las ramas, es lo que sucede cuando un autor es inagotable; hablaré únicamente de tres obras que creo imprescindibles para acercarse a su teatro: By Heart, Sopro y Catarina e a beleza de matar fascistas. En ellas están presentes algunos de sus temas principales, el amor a las palabras, la memoria, el teatro y el compromiso político.

“Los hijos de su madre no pueden tocar lo que nosotros llevamos dentro.”

La de arriba es una frase de By Heart, la obra con la que Tiago alcanzó mayor repercusión internacional. En By Heart ya encontramos muchas de las claves de su teatro posterior. Es una obra donde el texto y el dispositivo escénico están profundamente hermanados, hasta el punto de que el propio montaje es el mejor ejemplo de aquello que la obra defiende. No es solo una obra con un discurso bonito sobre la memoria, sino que la propia obra se convierte en una oportunidad para su conservación.

By Heart  de Tiago Rodrigues.
By Heart, de Tiago Rodrigues.

Parte de una historia íntima, teniendo en cuenta que en Tiago lo personal siempre va más allá de lo biográfico, como ocurre también en No Yogurt for the Dead. Tiago visita a su abuela en el asilo donde vive, en una pequeña aldea portuguesa, y su abuela Cándida le pide que se lleve las cajas de fruta llenas de libros que él mismo le había ido llevando. Cándida siempre fue una gran lectora, pero los médicos le han dicho que ya no podrá seguir leyendo porque está perdiendo la vista -o, tal vez, como entenderemos al final, lo que esté perdiendo sea la memoria: la forma más cruel de ceguera. Antes de desprenderse de todos los libros le pide a su nieto una última cosa, que elija un libro para que se lo aprenda de memoria, “el libro definitivo”. Memorizar convierte el texto en parte de uno mismo, pasa a sobrevivir en quien lo recuerda, se convierte en vivencia.

Tiago nos cuenta esta historia a partir de un entramado de citas, es decir, de otras voces, de muchas voces, que no son solo la suya y que vienen de la ficción y de la Historia. El esqueleto de la obra es la entrevista que George Steiner concedió a Wim Kayzer para el programa De la Belleza y de la Consolación en la televisión holandesa VPRO, donde la literatura y la memoria son formas de luchar contra la barbarie. Además de esta entrevista, se trenzan citas de Suave es la noche de F. Scott Fitzgerald; de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, donde los bomberos no apagan incendios, sino que queman libros; o del obituario de Nadeja Mandelstam que el Premio Nobel Joseph Brodsky escribió en un periódico americano. También las propias cartas que Tiago escribió para George Steiner, y que poco importa si se las envió o no, como poco importa si la historia que cuenta de su abuela fue tal y como nos la cuenta.

By Heart de Tiago Rodrigues.
By Heart, de Tiago Rodrigues.

Hay dos historias de la entrevista de Steiner que son el corazón de By Heart. La de Boris Pasternak, que en un congreso de literatura estalinista en el que lo estaban vigilando subió al estrado y, en vez de dar “las gracias al padre Stalin”, pronunció únicamente un número, el 30, el número de un soneto de Shakespeare, e hizo que dos mil personas recitasen de memoria ese soneto que él mismo había traducido al ruso. Y la historia de Nadeja Mandelstam, viuda del poeta Ossip Mandelstam, que después de la muerte de su marido en un gulag soviético, con sus libros prohibidos, enseñaba sus poemas a grupos de diez personas en la cocina de su casa para que los aprendieran de memoria y así evitar que desapareciesen. En esa cocina estuvo el joven Brodsky, todavía estudiante de literatura en San Petersburgo. Steiner lo resume perfectamente: “Cuando diez personas saben un poema de memoria, no hay nada que la KGB, la CIA o la Gestapo puedan hacer. Ese poema sobrevivirá.”

Pero By Heart da un paso más y hace realidad lo que nos cuenta. Durante la obra, diez espectadores, sentados en sillas sobre el escenario, se aprenden de memoria el soneto 30 de Shakespeare, precisamente en que tradujo Pasternak, precisamente son los sonetos de Shakespeare el “libro definitivo” que empezará a aprenderse Cándida, “un soneto por día”. Texto y dispositivo, forma y contenido, palabra y escena son inseparables. La obra transforma al espectador en guardián de la memoria y a las palabras en una forma para resistir a los tiempos difíciles. Frente al totalitarismo, pero también frente al olvido y la muerte, aprenderse un poema de memoria es un acto de amor y de rebeldía. Las personas que se saben textos “de corazón” se convierten en bibliotecas capaces de iluminar los tiempos más oscuros. Pocas obras he visto que incidan de una manera tan directa y poética sobre la realidad.

By Heart es un acto de memoria. Tiago escribe desde la circulación de palabras que pasan de un cuerpo a otro. Por eso el soneto de Shakespeare, en forma de hostia, se lo acabarán comiendo los espectadores -no solo por si acaso no lograron aprendérselo y así pueden leerlo antes de decir el verso que les ha tocado-, sino para hacer visible, además de la comunión, es decir, la comunidad; lo que forma ya parte de ellos y es alimento de su cuerpo y su vida. Hay una cita de Brodsky en el obituario que escribió cuando murió Nadeja Mandelstam que dice: “Si hay algún sustituto del amor, ese sustituto es la memoria.” Recordar no es retener información, es mantener vivo un vínculo. Cuando Cándida decide aprenderse un libro de memoria no se propone un reto cultural, es algo más profundo, es el intento desesperado de conservar algo antes de la desaparición.

Sopro de Tiago Rodrigues
Sopro, de Tiago Rodrigues.

“¿Somos incapaces de amar las cosas cuando todavía existen?”

La frase anterior es de Sopro, la segunda obra de la que os quiero hablar. Tuve la fortuna de traducir este texto junto a Rocío Bello. Está publicado en el número 357 de la revista Primer Acto. By Heart, que no lo dije antes, puede encontrarse en el número 184 de la revista de la ADE, en traducción de Manuel F. Vieites, o en By Heart e Outras peças curtas, libro publicado por la Universidad de Coimbra en 2016.

En el texto que escribimos para acompañar la obra, Rocío y yo decíamos que “el teatro de Tiago es poderoso y delicado, al igual que los temas que trata”, y también que su teatro “está atravesado por la memoria, la muerte y el respeto y amor al teatro y la literatura.” Definíamos Sopro, como un texto “de fantasmas y de voces. Es un homenaje a un oficio, a una vida (que contiene muchas otras) y al teatro. Es el poso que dejan las palabras, las personas y los lugares. El cómo las palabras habitan y perduran en los cuerpos y en los espacios. Cómo tienen un lugar y una forma que cambian la realidad. Que modifica el aire.”

Sopro, además de una de las experiencias teatrales más conmovedoras que he vivido, es “la historia de una apuntadora que vive en un teatro en ruinas. Pasa los días en ese antiguo teatro vacío, como si fuese la memoria o el corazón o los pulmones del teatro”, pero la apuntadora, además de no querer hacer la obra porque su lugar está alejado de los focos, se niega a decir que está en un teatro en ruinas. Un teatro en ruinas es algo muy triste. “¿Somos incapaces de amar las cosas cuando todavía existen?”, pregunta al director.

La obra nace del encuentro con Cristina Vidal, apuntadora durante décadas del Teatro Nacional D. Maria II de Lisboa, el teatro que Tiago dirigía cuando hizo Sopro. Sopro mezcla las conversaciones que el director tiene con la apuntadora mientras, café tras café, intenta convencerla para que haga la obra, con su memoria, la del teatro y las historias de su trabajo. El propio proceso de creación entra dentro de la historia como ocurre en otros de sus trabajos, por ejemplo, en Hécube, pas Hécube, donde el ensayo de Hécuba se cruza con la historia de la madre de un hijo autista que ha sufrido abusos en la institución que debía cuidarlo. Hay otro desplazamiento interesante que sucede enSopro y en otras obras del portugués: rescata historias, desplaza hacia el centro lo que era invisible y trabaja esas historias para que incidan sobre la realidad.

Sopro de Tiago Rodrigues
Sopro, de Tiago Rodrigues.

La apuntadora se convierte en una metáfora poderosa del teatro. Si en By Heart diez espectadores tenían que aprenderse un soneto de memoria, en Sopro, Cristina Vidal, está sobre el escenario “soplando” el texto a los actores, mientras sus recuerdos se hacen realidad en escena. Lo que están en las sombras, el trabajo humilde y silencioso, ocupa ahora un lugar bajo los focos1. En Sopro el teatro pertenece a todos aquellos que lo hacen posible.

La historia del director intentando convencer a la apuntadora de hacer una obra sobre ella es solo una excusa: ya sabemos que la obra se está haciendo, para hablar de la necesidad del teatro, de su fragilidad y de las personas que lo sostienen antes de que algunos de sus oficios desaparezcan. Y también para hablar sobre nuestra memoria que, como la de la apuntadora, está hecha de historias y personajes. La apuntadora recuerda las veces que tuvo que soplar el texto a un actor: las tiene todas apuntadas, o nos habla de cómo reconoce a los actores por su culo o su nariz, ya que es lo que más se ve desde la concha del apuntador, y así nos va contando la historia del teatro. Historias llenas de un humor tierno y poético, característico de todo el teatro de Tiago Rodrigues.

Cuando tenía cinco años fue por primera vez al teatro acompañando a su tía, que trabajaba en taquilla. La directora del teatro permitió que se quedara viendo la obra para mayores siempre que lo hiciera escondida para que nadie la viera. Las puntas de sus dedos apoyados sobre el escenario desde la concha del apuntador le ardieron. Cuenta también el día que el público la vio por primera vez sobre el escenario. O cuando dos actores se casaron utilizando trajes antiguos del teatro porque no tenían dinero. O cuando la actriz que interpretaba a Ismene se enteró de la muerte de su hermano pequeño, y ese fue el único día que no lloró en escena. O cuando el carpintero del teatro se cortó un dedo trabajando y la directora, una mujer capaz de vender sus joyas para que nadie se quedara sin cobrar su sueldo, le regaló un anillo para que se lo pusiera en el medio meñique que aún tenía, y el carpintero, que nunca la denunció a inspección laboral, fue quien años más tarde construyó su ataúd. Porque Sopro habla de una familia, la del teatro. La directora, con la que la apuntadora empezó a trabajar por primera vez, la misma que a los cinco años la dejó ver la obra en la concha del apuntador; enferma de cáncer y necesitada de una operación urgente, decide retrasar la intervención para no tener que cancelar el estreno en el que llevaba meses trabajando toda la compañía. Al final, la directora seguirá viviendo en los recuerdos de la apuntadora y, después de ver o leer la obra, también en los nuestros.

Sopro es una obra sobre los fantasmas que viven dentro los teatros y dentro de nosotros. Sobre la presencia de los ausentes. Sobre su compañía. Es un canto de amor a partir de una figura condenada a desaparecer: la apuntadora es una “especie en peligro de extinción” que condesa una manera de hacer teatro y vivir la vida. En el teatro “respiramos todos el mismo aire”. “Las puertas y las ventanas están cerradas. Respiramos el mismo aire desde hace siglos”. Ese aire compartido es el aliento que lo mantiene vivo. Es el mismo aire que respiran los espectadores. Sopro reivindica lo que vive en las sombras. Sacar a la luz lo que está oculto es también una manera de luchar contra la muerte.

Catarina e a beleza de matar fascistas de Tiago Rodrigues
Catarina e a beleza de matar fascistas, de Tiago Rodrigues.

“La duda me invadió como un intruso habilidoso”

La tercera obra de la que quiero hablar es Catarina e a beleza de matar fascistas. La frase de arriba es suya. Está publicada por la editorial portuguesa Tinta da China con un posfacio de Gonçalo Frota. En Madrid no se ha podido ver el montaje de esta obra. Sí en el Teatre Lliure de Barcelona, en 2022.

Si By Heart está atravesada por la entrevista a George Steiner y en las escenas más emotivas de Sopro está Berenice de Racine, en Catarina e a beleza de matar fascistas encontramos a Brecht. Cuando supe de esta obra pensé que pocas veces se había actualizado mejor la tradición brechtiana, no solo de manera formal, sino convirtiendo el escenario en un espacio de pensamiento colectivo, contradictorio e incómodo, que no ofrece ninguna respuesta tranquilizadora. Que yo conozca, es uno de los mejores textos escritos en el S.XXI.

Para acercarnos a esta obra, hay que recordar que el compromiso político atraviesa todo el trabajo de Tiago Rodrigues. No solo en sus obras, sino en su manera de entender el teatro. Basta recordar la programación que presentó en la edición de 2025 del Festival d’Avignon, donde eligió las lenguas y culturas árabes como invitadas en pleno genocidio palestino, un contexto en el que se intentaba imponer la idea de que todo lo árabe debía asociarse automáticamente con el terrorismo. Tiago nunca ha ocultado su preocupación por el ascenso de la extrema derecha y se ha posicionado públicamente en su contra en entrevistas y encuentros. Catarina e a beleza de matar fascistas nace de ese compromiso y esa preocupación: nos pregunta qué hacer cuando las herramientas democráticas son utilizadas por aquellos que quieren destruir, desde dentro, la propia democracia.

Catarina e la beleza de matar fascistas cuenta la historia de una familia con una tradición familiar. Todos los años, desde hace más de setenta, se reúnen en la casa del pueblo, donde tienen plantado un bosque de alcornoques, para matar a un fascista. La historia, casi de ciencia ficción como en La Distance, está situada en un futuro muy próximo en el que la extrema derecha gobierna en Portugal.

La obra se abre con una escena cotidiana. La familia se encuentra, otro año más, en la casa familiar alrededor de la mesa. Para comer hay pies de cerdo, pero una de las “Catarinas” es vegana: acabarán sirviéndola un revuelto de huevos y espárragos nada vegano. Este dilema, pequeño, hasta ligero, que nos muestra la pluralidad de ideas, las diferencias y la dificultad de ponernos en la piel del otro, es solo la antesala de lo que nos espera en el resto de la obra. En escena estará siempre Romeu, el diputado al que han secuestrado para mantener viva la tradición familiar.

Al igual que en By Heart y en Sopro, la tradición de Catarina e la beleza de matar fascistas surge de un personaje real de la historia portuguesa. Catarina Eufémia fue una segadora alentejana analfabeta asesinada el 19 de mayo de 1954, a los veintiséis años, durante una huelga de trabajadores rurales en Baleizão, en el distrito de Beja. La mató un teniente de la Guardia Nacional Republicana. Con el tiempo, Catarina se convirtió en un símbolo de la resistencia antifascista, contra la dictadura de Salazar, y a su alrededor se construyó una leyenda. Pero lo importante, como antes ya he señalado, no es lo que hay de verdad o mentira en su historia, sino aquello que las historias son capaces de hacer. Tiago quiere transformar el mundo sirviéndose de ellas. Escribe desde la tensión entre la Historia y el relato, que él mismo asume en la carta que la abuela, analfabeta también, dicta a su hija y en la que se funda la tradición familiar: “Mi hija pide que disculpéis los errores que encontréis, pero yo digo que tengáis orgullo hasta de los errores”.

La tradición comienza el día en que asesinan de tres tiros en la espalda a Catarina Eufémia. La abuela estaba con ella, pidiendo unos horarios decentes de trabajo, cuando la asesinaron. Su marido, soldado, también estaba presente cuando el teniente mató a Catarina, pero no hizo nada para impedirlo. Al volver a casa, el marido castiga a la abuela por su comportamiento. Por la noche, después de que el fantasma de Catarina se le apareciese y posase sobre ella su mano fría pendiente de justicia, la abuela mata a su marido con su propia pistola. Entierra el cuerpo y siembra un alcornoque del que nunca recogerá la corteza. Desde aquel momento, en cada aniversario de la muerte de Catarina, la familia matará a un fascista y plantará un alcornoque. Todas, al menos durante ese, pasarán a llamarse Catarina. “En esta casa seréis todas Catarina, todas mujeres, todas segadoras, todas rebeldes.” Pero no matarán a quien comete un crimen, pues a los que disparan tal vez los castigue la justicia, sino a los cómplices que pudiendo hacer algo decidieron no hacerlo. Esos cómplices, en el juego de espejos que desplaza los conflictos en el teatro de Tiago, acabarán siendo también, de algún modo, los espectadores.

Catarina e a beleza de matar fascistas de Tiago Rodrigues
Catarina e a beleza de matar fascistas, de Tiago Rodrigues.

Este año, Sara, la joven Catarina que tiene que matar a Romeu, duda. Romeu ha escrito algunos de los discursos que más daño han hecho a la convivencia democrática, pero Sara duda. Se pregunta por qué lo tiene que hacer ella. Sara ha secuestrado al diputado, ha seguido el plan que repiten cada primavera -aunque haya olvidado quitarle el teléfono-, pero a la hora de matarle, aunque le odia, duda. La obra se convierte así en un gran dilema moral, atravesado por frases de Brecht, golondrinas que regresan y encrucijadas sobre trenes a punto de descarrillar. La discusión no tiene que ver con matar o no matar, sino con los límites de la democracia, el bien común y la responsabilidad de ejercer la voz pública.

Tiago no se sirve del teatro para darnos una respuesta. Tiago hace poesía y, por eso, se sirve del teatro para colocarnos en un cruce de caminos, obligándonos constantemente a replantear nuestra posición. La obra nos lanza la pregunta de si una democracia puede permitirse tolerar a quienes quieren destruirla y utilizarla para sus propios intereses. O, dicho de otro modo, si es legítimo salvar la democracia saltándose las normas de la propia democracia.

Al final de la obra permiten hablar a Romeu, que ha estado durante todo el tiempo sobre el escenario, esperando en silencio a que lo mataran. Entonces Romeu pronuncia un larguísimo discurso. Un larguísimo discurso sobre la patria y la religión, y todas esas ideas de extrema derecha que tanto hemos escuchado, en discursos similares, durante los últimos años. Y Tiago obliga al público, que durante la obra pudo posicionarse a favor de la duda de Sara, a escucharlo y a reflexionar sobre lo que ellos harían o hubiesen hecho o pueden hacer. En varias representaciones el público reaccionó gritando al actor, lanzando papeles al escenario o abandonando la sala. Incluso hubo intentos de subir al escenario. En las funciones del Teatre Lliure, lo increparon durante este monólogo final.

Igual que en By Heart los espectadores memorizaban Shakespeare y se convertían en guardianes del poema, o igual que en Sopro la apuntadora hacía visible lo que está en las sombras, aquí el público se pregunta si él mismo es cómplice al escuchar el discurso final de la obra sin hacer nada, e incluso aplaudir al final. A partir de herramientas de la ficción y el teatro, Tiago consigue que sus historias salgan del escenario e inunden el patio de butacas y del patio de butacas puedan salir a la calle.

Catarina e a beleza de matar fascistas no trata realmente, como dije antes, sobre matar fascistas. Trata sobre el miedo. Sobre la libertad de expresión. Sobre si son respetables o no todas las opiniones. Sobre qué podemos hacer. Sobre cómo reaccionar cuando están desmantelando la democracia, robándonos nuestros derechos y silenciado a las minorías. La obra obliga a habitar la contradicción. No nos enseña qué hacer, sino que nos obligan a pensar juntos, respirando el mismo aire, dentro de un teatro. Como ocurría en Sopro. Como ocurre siempre en el mejor teatro.

“No morir”

Tiago Rodrigues ha sabido recoger la tradición literaria y teatral para traerla hasta nuestros días sin renunciar a nada: ni a la herencia de los grandes textos ni al camino de experimentación que las artes escénicas recorrieron durante los siglos XX y XXI. Sus obras habitan ese espacio extraño y fértil donde el teatro piensa sobre sí mismo para, desde ahí, pensar el mundo. Nos hablan de la construcción de relatos y narrativas y hay en casi todas ellas una dimensión autorreferencial, pero no como simple juego conceptual, sino como una forma de interrogar a la realidad y transformarla a través de la ficción. Quizá por eso, hay una frase en Sopro, la misma con la que he titulado este artículo, que funcione como definición inmejorable del lugar que ocupa su teatro. Su trabajo habita “el puente que une la orilla de la realidad con la orilla de la ficción”, alimentando una con la otra y la otra con la una.

En By Heart, Catarina e a beleza de matar fascistas o Sopro, Tiago convierte el escenario en un lugar donde el amor, la memoria, la palabra y la política dialogan constantemente. Y lo hace con una aparente sencillez que es, en realidad, fruto de una enorme precisión e inteligencia: hacer fácil lo difícil. En sus obras conviven la poesía, el humor, la emoción, la experimentación formal, el amor por la literatura y el teatro, la conciencia de la tradición y la necesidad de reinventar continuamente el teatro para que siga siendo un arte vivo, hecho en comunión con los vivos y los muertos, capaz de afectar al mundo en el que vivimos y a la realidad que nos rodea.

Para terminar este texto, que se ha hecho más largo de lo que quería, acabaré con las palabras de Tiago Rodrigues. Son un resumen, mejor que el mío, de lo que propone su teatro.

Estas las dijo Tiago en la presentación de la traducción de Sopro y están recogidas en el número de Primer Acto 358, con el título Crear memoria compartida:

“Cuando pienso que el teatro está en peligro, recuerdo esta historia; en los sesenta, durante la dictadura de Portugal, se estrenó la película Deseo bajo los olmos de O´Neill. Entonces una compañía pidió los permisos a la censura para montar la obra y la censura no se los dio. La compañía les escribió diciendo: cómo es posible que nos censuren el montaje si acaba de estrenarse la película, que está muy cerca del texto de O´Neill. Entonces la censura, que casi nunca contestaba a las cartas explicando sus decisiones, contestó y dijo: yo soy el censoe que ha autorizado la película. Lo he hecho y he prohibido que se monte el texto. Porque la película es algo que se ha hecho en Estados Unidos lejos, es algo que ya ha pasado. La obra hecha por portugueses en un escenario, con un público portugués que lo está escuchando, está pasando en realidad. Y eso contagioso. “

Estas otras, que me gustaría haber escrito a mí, son también un fragmento de Sopro:

“Es, sobre todo, no morir. Saborear la deliciosa dificultad de vivir, en los tiempos difíciles y también en los otros, pero nunca en los tiempos fáciles, porque sabemos bien que los tiempos fáciles no existen. Y siempre que nos digan que este es el mundo posible, saber que es la muerte que nos habla y que nosotros somos los otros, los que la combaten. Y, por eso, es preciso conservar los lugares públicos y los lugares clandestinos donde podamos vivir. Es necesario conservar los momentos en los que nos dedicamos a los misterios, en los que nos encontramos y decimos: Aquí estamos, tal vez pocos, pero seguros de que, ante la perspectiva de la muerte, escogemos vivir.”

Notas

  1. El juego de la repetición, de la representación y del ensayo está presente en todo el teatro de Tiago, llevado a extremos en obras como Antonio y Cleopatra –que se puede leer, publicada por Antígona ediciones, junto a Tristeza y alegría en la vida de las jirafas.