DRAMA 64. DRAMATURGIA EN RED

Las Puertas del Drama
dramaturgia en red Nº 64

SUMARIO

Presentación

DRAMATURGIA EN RED

Infancia y juventud

Cuaderno de bitácora

dramaturgia EXTRANJERA

Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Reseñas

Cruce de caminos: dirección, dramaturgia e interpretación

Julia Ruiz Carazo

Mi recorrido profesional está ligado a la práctica escénica.

Soy directora habitual, actriz puntual y dramaturga circunstancial.

Todo está entremezclado y nada ha sido posible sin el paso anterior.

Voy a relatar este camino y señalar los hitos que han marcado los cambios de trayectoria, acercándome, cada vez más, a la escritura dramática.

DESCUBRIMIENTO

Fue en la facultad de medicina donde el teatro empezó a infiltrarse en mi vida. Alternaba el fonendo con Calderón de la Barca, la microbiología con los ensayos, observaba por el microscopio, aprendía los nombres de las arterias que nos dibujan… y mientras memorizaba cómo el virus se apropia de las células una a una, el teatro iba invadiendo las mías, sin tratamiento ninguno. En él, seguía observando al ser humano: el poder de la palabra, de las imágenes, las emociones que produce, las reacciones físicas que provoca por microscópicas que sean. Y quise aprenderlo todo para intentar entender lo complicado y maravilloso que es el ser humano. De alguna forma, medicina y teatro no estaban tan lejos.

Yo sólo quiero ser actriz. Nada más. Por esa razón dejo mi ciudad, mis apegos y me voy a la capital.

No quiero trabajos nocturnos, así que cuido niños, vendo enciclopedias y simultáneamente al trabajo en una residencia de ancianos, imparto talleres de teatro que se transforman en la base de mi economía. Yo solo quiero ser actriz. Alterno la escuela de teatro que hemos creado, con entrenamientos diarios para explorar mi cuerpo y mi voz y con la asistencia a todo tipo de espectáculos, sobre todo, los más contemporáneos. No sé quién soy.  Vivo en un pueblo perdido del sur de Madrid. Perdido y facha. Vivo el centro de Madrid. El cogollo del mundo y perdidamente progresista y moderno.

Y entonces aparece. El descubrimiento. Los talleres con la infancia no solo alimentan, sino que generan preguntas. Profundas preguntas. ¿Qué está pasando? No es sólo entretenimiento, es transformación. Mutan su forma de estar, de relacionarse, cambian e intercambian, …Necesito investigar. Empiezo a aprender a escuchar.

Observar y escuchar.

Escribo obras para los talleres porque no encuentro nada publicado que me encaje o que deje de ser didáctico/ educativo en el peor sentido. El alumnado forma parte del proceso de creación. Escribo con, para, desde, según y sobre la infancia.

Primeras dramaturgias para talleres. Años 90.

Sigo sin saber quién soy.  Vuelvo a Granada, porque el centro geográfico ya no coincide con el mío. He probado con todo tipo de teatro, desde lo más clásico a lo más contemporáneo. ¿Dónde estoy? Continúo con los talleres, ahora para adolescentes, y sigo escribiendo para ellos. Aún no puedo verlo, pero este trabajo es el único que se mantiene fijo entre tanto movimiento, hay una compensación económica básica y un interés personal cada vez mayor.

Creamos LaSaL Teatro y nuestra segunda obra está dirigida a la infancia. De nuevo, y aunque me avergüenza ahora reconocerlo, lo confieso: vuelve a ser un recurso alimenticio. El Teatro en mayúsculas, para adultos, es el objetivo, trabajar para la infancia, puro trámite hacia la meta.

Estamos actuando, tengo casi dos minutos para ir y volver, corro hacia camerinos, a la izquierda, abro el dispositivo, lo miro y vuelvo a escena. Estoy embarazada. Vuelvo al escenario, pero estoy paralizada, miro hacia el patio de butacas. Me miran y sólo pienso que tengo el germen de algo así, aquí dentro…

Decido ser madre. Sorprendentemente, las personas que profesionalmente me rodean no comparten mi decisión. Me da igual, me encierro feliz y empiezo a escribir El Gran Traje. A partir de ahí, comienza otra historia. Mi historia.

El Gran Traje de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com
El Gran Traje, de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com

El Gran Traje1. Su escritura parte del momento en el que me separo de la escena por una cuestión física evidente. Desde el comienzo, es una obra para títeres y una actriz. Lo he visto, ya lo he imaginado. Me aíslo y escribo pensando en el crecimiento de esta niña, cada vez más presente cuando intento mirarme la punta de los pies. Así arranca el comienzo, pero pronto comienzo a investigar sobre los tres primeros años de vida y sus hitos más importantes. Estudio y escribo, tengo tiempo, nueve meses por lo menos. La motivación personal inicial se comienza a entremezclar con la historia que comienza a surgir. Transciendo lo íntimo, que ya no se distingue entre lo imaginado. La motivación personal, se convierte en la excusa que abre una compuerta hacia lo inexistente, pero posible.

Escribo como si observara desde el patio de butacas: el ritmo y la lógica se convierten en los anclajes sobre los que construir la vía. El ritmo de la palabra, de las imágenes y las emociones que provocan, del silencio, de la respiración. La lógica de las reacciones: físicas o verbales. Intento no colocar ninguna cuña para salvar la situación. Borrar y volver a empezar.

Todo es disfrute e intuición. Escribo sin presión (solo la abdominal).

Lo escribo para la actriz que también soy y aunque tenga que esperar un tiempo, da igual, en ese momento, nada es urgente.

La compañía, recién estrenada, está tambaleándose por mi embarazo. No importa. Sigo escribiendo sin importarme nada.

Finalmente, asumo la dirección de El Gran Traje – la primera vez que escribo y dirijo profesionalmente- y cuando se estrena, todo son parabienes. Recibimos premios y reconocimientos. La gente me habla como si fuera una experta, pero acabo de empezar. Es lo que siento y no sé cómo explicarlo, así que callo para que no se confunda con una falsa modestia porque, realmente, estoy muy orgullosa del trabajo

Los años de bonanza continúan, se estrena Aguaire (2004), donde también asumo la escritura y la dirección.

Aguaire de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.
Aguaire, de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.

El segundo espectáculo después del éxito del primero, pesa demasiado, pero consigo aislarme. La ola, la inercia del movimiento empuja hacia adelante. Siento que este reconocimiento es excesivo- demasiado pronto. Yo solo quiero crear para la infancia. Algún día, llegaré a la orilla y me quedaré estancada, lo sé, pero ahora nado en la cresta y miro hacia delante y también hacia al fondo, allí, donde están los pies que me impulsan, allí, donde no se ve, ahí donde está lo sumergido, lo escondido, todo lo que queda por descubrir. Empiezo a hacer snorkel y a olvidarme del chiringuito.

Aguaire. Todo surge porque tengo una pregunta debajo de las uñas, y aunque me cepille, no hay manera de sacarla. ¿Existen los amores imposibles? ¿O son sólo difíciles? Así arranca esta historia. Los protagonistas aparecen cuando escucho en la radio del coche una canción en euskera muy hermosa que no entiendo pero que el locutor me explica y me cuenta sobre un pez y un pescador. Ahí estaban.  Uno y Otro. Y Aguaire, el nombre de la barca donde diariamente se encuentran.

Esta obra se reescribió durante los ensayos (al contrario de la anterior). Tenía una estructura muy clara y gran parte de las escenas escritas. Pero los personajes eran carne, no signos en un papel, y tenía que escucharlos. Entremezclaba la escritura y la dirección actoral: modificaba párrafos o escenas para acomodarlas a la piel del actor y de la actriz. La versión escénica se amoldó a ellos. Obtuvo premios a la interpretación y la escenografía.

Poco después, me piden el texto para realizar una lectura dramatizada… ¿Texto?  Está el original, y muchas hojas sueltas con las modificaciones.

Gracias a esta solicitud, me encierro para escribir el texto definitivo de la obra.

No es ni el original ni el de escena, es el que pienso que debo escribir para ser leído

Hay personas obsesionadas con la jardinería, los motores, gente que dedica su vida al escarabajo pelotero, las excavaciones arqueológicas o el metabolismo de las células. Yo decidí que solo quería crear para la infancia y la juventud y me di cuenta de que esta decisión comenzó a amasarse muchos años antes

Me fascina el desarrollo que se produce durante la infancia: el crecimiento físico, la creación del pensamiento, la conducta motora, la sensibilidad, los afectos… (reliquias del interés científico de la médico que nunca fui). Me interesa la relación entre este crecimiento y el entorno en el que tiene lugar. Me impresiona como hechos relevantes que suceden en este periodo, nos marcan y definen como adultos. Me atrae hacer teatro para niños porque me atrae hablar con ellos. Y me motiva profesionalmente porque creo que hay un campo de investigación, estética y de contenidos, enorme dentro de este tipo de teatro.

El puzle de mi vida se va organizando en piezas que están relacionadas con esta decisión y tiene tres colores fundamentales: investigación, pedagogía y creación. Después están los matices: lecturas, talleres, escritura, actuación, dirección, proyectos sobre el arte y la educación…

La creación para la infancia avanza rápidamente desde los inicios del 2000, y formo parte de este movimiento. Yo misma he transformado radicalmente mi forma de entender esta profesión. Necesito comunicar lo que he descubierto y enarbolar la bandera de los derechos y la dignidad de este sector, pelear por ser la mujer profesional que quiero ser, dedicarme a la infancia, protegerla, respetarla, defenderla, explicar que esta profesión tiene una responsabilidad social y política, que muchos no ven o simplemente no quieren ver.

Lo importante es lo que puedo provocar en esas personas que están observando, fuera de la escena, en el patio de butacas

Soy transmisora, no soy el fin ni el propósito.

Aprendo a tener paciencia, dejo de tener prisa para ir a ningún lado, trabajo desde las esferas más cercanas y ya empiezo a entrever dónde puedo ser más útil, cual es mi lugar, dónde me encuentro bien. Sé que ese sitio no está en primera línea y cuando me doy cuenta, respiro aliviada.

Escribo y dirijo: La vieja durmiente (2006), inspirada en el año que trabajé en la residencia de ancianos.

La compañía continúa su buen momento.

Soy una lectora empedernida, respeto y admiro tanto el mundo de la escritura, que no puedo sentirme parte de él. Me enloquece ver cómo se enlazan las palabras, cómo un determinado orden, puede provocar mi emoción. La responsabilidad es demasiado grande. Tengo tanto que aprender… -estudié ciencias puras…-

Insisto y me convenzo: no soy escritora; Debería estudiar más, escribir diariamente… pero la dedicación a la compañía no me deja el tiempo suficiente para dedicarme a ello. En esa época, el texto es un lenguaje más, un elemento efímero de la puesta en escena, en constante transformación. Es una opción en la que me siento bien.

De esta obra no conservo el texto final, ni si quiera el de los ensayos Quedan escenas sueltas, que quizá algún día las recoja en un mandil y las recosa con cariño.

La vieja durmiente de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.
La vieja durmiente, de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.

LaSaL Teatro es mi vida, pero empiezo a dirigir fuera de ella.

No quiero dar talleres como antes, necesito crear proyectos relacionados con las artes escénicas y la escuela, con cierta entidad y que se mantengan en el tiempo. Esta actividad es también parte fundamental de mi trabajo creativo: necesito estar cerca, escuchar y observar para poder seguir creando para la infancia. Necesito conocer qué piensan, qué les interesa o dónde les duele, cómo se mueven o cómo se nombran, qué olvidan y, sobre todo, qué no nos cuentan. Infiltrarme.

LaLú de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.
LaLú, de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.

2008. Primera infancia. LaLú. Exploro el teatro para la primera infancia, desde los seis meses a los tres años. Trabajo en una escuela infantil, donde me acogen semanalmente durante un año, contrastando lo que pensaba con lo que es, investigando con el lenguaje no verbal, el preverbal y teniendo la maravillosa sensación de estar volviendo al origen. Lo fundamental. La presencia. La comunicación. La transmisión pura.

El público recibe y emite la respuesta de manera instantánea, no hay filtro racional.

Me doy cuenta de lo diferentes que son cuando sus adultos están presentes: la diferencia entre las representaciones en la escuela y las familiares. Vivo las diferentes reacciones dependiendo de esto y del lugar, del entorno social, económico….

Aprendo a adivinarlos dependiendo de los adultos que los acompañan o de cómo esté decorada la escuela.  Constato la importancia de la educación y de la cultura desde los primeros años. A veces, asustan los propios descubrimientos y la evolución posible. Saber que trabajas para algo tan sensible, frágil, y paralelamente, con tanta capacidad de adaptación y supervivencia, abruma a veces. Pero todo esto, hace que mi trabajo tenga un sentido cada vez más responsable, más profundo.

Escribo y estreno varias obras: La voz se me hace agua, Soy Solo, Bailando sin zapatos.

Contagiada por la dinámica cada vez más acelerada del sector, la escritura y la creación se precipitan por la necesidad de estreno La gestión ocupa gran parte del aire de mis pulmones y me doy cuenta de que estoy agotada. Necesito dejarlo.

2015 Sin Palabras (se las llevó el aire). Vuelvo al teatro para la primera infancia como despedida. No puedo más. Se crea un equipo fabuloso y la creación es un placer para todas. No hay miedo, ni expectativas, solo el gusto de volver a trabajar para dejar de trabajar, así que decido estrenar en Fetén, termino de montar la noche antes, gozando la sensación de diversión y de trabajo en equipo. Recibimos el Premio de mejor espectáculo para la Primera Infancia. Me alegro y no, supongo que tendré que continuar.

Sigo sin escribir, y creo mi primer espectáculo de danza- circo- teatro: Lar. La casa, el hogar (2019) Trabajamos e improvisamos sobre la idea de la protección y el amor que nuestro hogar nos inspira, pero… ¿Y si nuestra casa desaparece? ¿Si la destruyen? ¿Si tenemos que abandonarla sin tener otro hogar a dónde ir?

Llega la pandemia. En ese tiempo, intento reconciliarme con la escritura. Comienzo a investigar sobre lo que, finalmente será la próxima obra de la compañía.

Lar. La casa, el hogar de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.
Lar. La casa, el hogar de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.

La asistencia a ferias y festivales es una constante desde el inicio de mi carrera.  Desde hace años detecto como el teatro de texto va desapareciendo de la programación de estos eventos y, en consecuencia, de las programaciones. Siempre he disfrutado con los retos, los necesito para seguir avanzando (de hecho, siempre he planteado alguno nuevo en cada espectáculo que he realizado) entonces, decido que, en la próxima obra, la palabra tendrá una importancia fundamental, como acto reivindicativo y para generar esta conversación allá donde voy: “estamos retirando la palabra de los espectáculos para la infancia y paralelamente, nos quejamos de la escasa comprensión y expresión, oral y escrita, en los colegios. Como responsables de la cultura, ¿no deberíamos hacer algo?” Es una decisión creativa, política y social, que no me va a solucionar económicamente ningún futuro cercano, pero siento que es lo que quiero y debo hacer. Escribo y dirijo: En un rincón del mundo (2022). Desde la pandemia empecé a estudiar sobre el lenguaje poético en la infancia, sus reflexiones sobre la muerte, el poder, la soledad, el bien y el mal, la mentira, el amor…y había una pregunta persistente: ¿me quieren? porque desde que somos bebés, accionamos para que nos quieran, para que nos protejan. Y nos repetimos esta preguntas, con todas sus variantes, durante toda la vida: ¿No me quieren? ¿Por qué me quieren? ¿Qué tengo que hacer para que me quieran? ¿Cuánto me quieren? ¿El amor de mis padres es infinito? ¿Pueden dejar de quererme? Si he hecho algo mal ¿me seguirán queriendo? Si hago las cosas bien ¿me querrán más? ¿Qué es mal y bien? ….

En el proceso, se van uniendo, como un imán, otros temas: la independencia, la supervivencia, la amistad, la guerra…

Conservo la dinámica de otras veces, aunque voy depurando la estrategia: escribo un texto previo a los ensayos, en este periodo se modifica, adaptándose a los actores y actrices. Finalmente, conservo todas las versiones, y escribo una definitiva, disfrutando más de la palabra, preparada para ser leída.

En un rincón del mundo de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.
En un rincón del mundo, de Julia Ruiz Carazo. Fuente: lasalteatro.com.

Soy lenta en la creación; tejo con paciencia lo que imagino, intentando no escuchar la urgencia, que demanda. La fragilidad de la creación requiere tiempo y cuidado. El tiempo para asentar tu pensamiento, tiempo para darle cuerpo, para unir los retazos y crear un organismo común. Y el cuidado para no dejarme empujar por esa necesidad dura y estéril de lo inmediato, de lo consumible, donde sé que al mínimo roce, iré perdiendo lo que soy.

Después de tantos años entregada a la LaSaL Teatro, y creyendo que yo soy sólo eso, que todo lo que hago tiene como finalidad este ente que es la compañía, que también soy yo… me doy cuenta de que no, que soy muchas más cosas y que, creativamente, puedo emprender proyectos que no estén relacionados con ella.  Voy separándome, con movimientos lentos y cuidadosos del bisturí… me voy distanciando, creando espacios, aireando, saneando. 

Yo solo quiero seguir trabajando para las artes escénicas para la infancia, con dignidad, con honestidad, volver al origen, a los talleres, a la experiencia directa. Crear desde la pequeño, lo cercano. Observar y escuchar.

Admiro profundamente y agradezco mucho a Susanne Lebeau. Uno de mis primeros intentos de escritura fuera de escena, influenciada por ella, fue sobre la explotación infantil. Estudio, investigo, creo una estructura sólida, los personajes definidos… pero soy incapaz de seguir.  No puedo escribir sobre algo que no conozco, no puedo entender lo que siente un niño o una niña que comienza a trabajar a los seis años, a los nueve, a los once…

Un poco más tarde, empiezo a entrever el lugar desde donde quiero escribir. Miro alrededor y observo en los adultos que me rodean, costras de pequeñas heridas que aparecieron en la infancia o en la juventud. Esas heridas que nos definen. Nuestras pequeñas-grandes cicatrices. Lo que nos hace ser quien somos y que nos diferencia de los demás. Todo comienza en la infancia y en la juventud.  Mis temas estaban alrededor, no necesitaba irme tan lejos.

Decido que quiero aprender a escribir. Sentarme en un pupitre y escuchar, hacer deberes, ejercicios. Volver a la escuela.

Me lanzo, sin solución de continuidad, y me apunto dos cursos de dramaturgia, ayudada por mis betabloqueantes, que impiden que el corazón trote desbocado cada vez que tengo que escribir o leer en comunidad. Tengo que cuidarlo. Ánimo, creo que lo estoy superando.

Speed Queen (2023) Esta obra comenzó como ejercicio en el taller La mirada oculta del héroe de la dramaturga mexicana Maribel Carrasco, organizado por Assitej España, sin perspectiva ninguna de montaje. Aislé a la autora, amordacé a la directora y envié de vacaciones a la actriz.  Escuchar solo las palabras. Terminar una obra escrita, de principio a fin. Sin ensayos ni modificaciones. Sin presiones temporales, y sin pensar en la necesaria aceptación para subsistir, la admisión en ferias, el juicio, la defensa o la exaltación.

Palabras, palabras, palabras una detrás de la otra apoyándose en la siguiente, dejando paso a la respiración, punto y sigo, engraso los significados, apilo adjetivos, me muevo al ritmo de los verbos y espero. Releo.

No quiero hacer nada más, no quiero llegar a nada más, solo seguir escardando y dejar que el aire escurra entre cada signo que escribo.

Cierro los ojos para poder ver lo que está ocurriendo, lo que pasará en el siguiente reglón. Las frases salen como si estuviera en escena, improvisando.

Esta sensación nunca la había vivido. Quizá cuando escribí El Gran Traje, que también apareció por placer, sin pensar en su posterior montaje.

El arranque de la obra surge en un ejercicio que Maribel Carrasco nos propone sobre el personaje. Ahí aparece Maty. Me interesaba hablar del tránsito de la infancia a la adolescencia. Ese momento en el dejas de ser una niña sin reconocerte en el después, que puede durar un segundo, un minuto, demasiados días… ¿hacia dónde saltar si no se ve la otra orilla? ¿Al vacío?

Me enamoro de Maty y de su manera de expresarse. Todo podría haber quedado ahí, pero Maribel nos propone continuar y acompañarnos en el camino.

Quedamos una vez al mes para leernos lo escrito, apoyarnos y cimentar con confianza lo que vamos construyendo. Dudo y escribo. Enlazamos con signos de exclamación nuestra alianza. “Escribo sin filtro, sin pensar, y después miro hacia atrás para ver el camino recorrido. No tengo que demostrar nada a nadie. Estoy en un proceso de búsqueda”

Maty crece, el texto también y la adolescencia va apoderándose de la escritura. Es el tránsito, la pérdida de identidad, el rechazo, la búsqueda de aceptación, … Sigo.

Aparece la frase: “Soy otra desde que sé que soy gorda. Aprendo a sobrevivir en el día a día sin que me vean. Me desplazo por los bordes de las cosas, por los extremos, por la periferia. Huyendo del centro de todo. La vergüenza es centrífuga, como las lavadoras, te lanza a los márgenes y allí te quedas pegada”.

Las lavadoras. Esta idea se apodera de la escena y se convierte en el andamiaje sobre el que se construye la obra.

Necesito verlo para escribirlo. Visualizar un espacio, una escenografía que rodea y que acompaña, el movimiento de los personajes. Constantemente tengo que dejar de darme apuntes de dirección. Voy aprendiendo a trillar y separar el grano.

Me gusta que el texto se imagine sobre un escenario. No puedo escribir solo las palabras, sin rodearlas de un espacio físico donde respirarlas, unos silencios densos donde poder imaginar movimientos que significan, que también son lenguaje.

Llega el verano del 23. Necesito ver el horizonte para escribir, perder la mirada y que las palabras y las imágenes aparezcan allá a lo lejos. Ampliar el espacio para perderme. Huir de lo cotidiano para ser otra, observar de manera distinta. Kilómetros de carretera, líneas blancas continuas o discontinuas –como yo–, observo a la gente, el tiempo se para mientras observo, las moscas se pegan a lo lagrimales, pero sigo, leoescribopaseoymiro, los letreros marcan las distancias y de repente aparece:  La Seca. Apenas unos segundos y un pueblo de Valladolid se transforma en el segundo personaje de la obra: la Seca.

La Gorda y La Seca.

“La verborreica y la muda. La alta y la baja

La Gorda y la Seca, la pareja cómica del instituto.

Somos como el gordo y el flaco, pero en femenino y a todo color”

Tuve que ir hasta Valladolid para encontrarla.

A partir de ahí, todo empieza a encajar.

Otoño: seguimos compartiendo y parece que quizá llegue al final de la obra. Sin ellas, el día a día de una autónoma con una compañía de teatro, me hubiera comido la moral y las palabras.

La obra está terminada, pero no quiero dejarla hasta que esté convencida del cierre, y todavía hay momentos donde oyes rascar los engranajes, alguna frase que atasca la fluidez.

Decido presentarla al premio Sgae para tener una fecha de cierre.

Noviembre 2025: Speed Queen Premio Sgae de Teatro Infantil 2025. Premio en metálico y edición por la Fundación Sgae en coedición con Anaya, en la colección Sopa de libros- Teatro.

Gracias infinitas a Maribel Carrasco por acompañarme en esta escritura, por su generosidad, respeto y cuidado.

A Mercedes Herrero y Laura Paricio por ser cómplices durante todos esos días.

Sin ellas, nunca hubiera llegado al final.

Mayo 2026: La Editorial Anaya se niega a publicarla.

Estas palabras que aparecieron publicadas digitalmente por la editorial Anaya, posteriormente a la concesión del premio: “Speed Queen se perfila como una obra con potencial para formar parte de las lecturas recomendadas en los centros escolares, de los repertorios de compañías teatrales especializadas en público infantil y juvenil, así como de las programaciones de teatros y centros culturales de todo el país”, además de toda la información referente al premio, la obra y la autora, desaparecen.

Nos han borrado del sistema. Para Anaya, no existimos.

Notas

  1. Esta obra fue publicada por en la colección Assitej en el año 2003. Se ha representado durante 24 años ininterrumpidamente, y seguimos. Ha viajado por el mundo con LaSaL Teatro y ha sido representada, en sus respectivos países, por compañías de Mexico, Guatemala, Honduras y actualmente, en El Salvador.