Las Puertas del Drama
teatro breve
Nº 59

SUMARIO

Presentación

TEATRO BREVE

Socio de honor

Nuestra dramaturgia

Dramaturgia extranjera

Infancia y juventud

Cuaderno de bitácora

Reseñas

La musa

Blanca Doménech
La musa, de Blanca Domenech

En ocasiones me han preguntado sobre el germen de una obra de teatro. Esa primera semilla de idea que actúa como detonante para el desarrollo de todo el conjunto. No sería acertado considerar que existe una única respuesta a esta cuestión. Algunos escritores se sienten interpelados por una composición musical, otros por una imagen pictórica o fotográfica, hay quienes comienzan imaginando al personaje principal, y los que, como es mi caso, tendemos a visualizar un espacio simbólico.

En el proceso de gestación de La musa, el espacio fue lo primero que apareció. Lo hizo muchos años antes, cuando ni siquiera me imaginaba que en el futuro escribiría obras de teatro. Acababa de cumplir los dieciocho años cuando me fui a estudiar el antiguo COU al Liceo Español Luis Buñuel de París, situado en el elegante barrio de Neuilly-sur-Seine. Mi alojamiento se encontraba a pocas paradas de metro, en otro barrio mucho más asombroso para mí: La Défense. Situada al oeste de París, es uno de los distritos de negocios más importantes de Europa. En la zona se agolpan rascacielos de oficinas, conectadas por una inmensa explanada peatonal. Entre las enormes torres de negocios, se construyeron dos o tres edificios de viviendas, asignadas a los propietarios de las casas derruidas para levantar el complejo. En uno de esos pisos residí durante diez meses. Más allá de la lógica impresión que me causaba estar viviendo en una ciudad como París siendo tan joven, el edificio me impactó desde el primer momento. Tenía dos entradas: una desde la gran explanada y otra que daba al barrio pobre de Puteaux. Era como si estuviera viviendo entre dos mundos. En la explanada estaba el metro, así que solía transitar por la zona de inmensos rascacielos, sintiendo que atravesaba un lugar lleno de expectativas de futuro. Pero cuando llegaba a casa, al mirar por la ventana, contemplaba las calles suburbiales y humildes de Puteaux acechando con imágenes de total fracaso. Como la explanada fue construida en un nivel mucho más alto, el edificio se situaba entre los dos niveles. Era fácil perderse por sus recovecos y, sobre todo, en los ascensores, que podían depositarte por error en lugares bien extraños. Recuerdo la inquietud que me generaba el lugar, el total desconcierto no exento de curiosidad e intriga. Mirando en retrospectiva, me doy cuenta de que lo que en realidad estaba descubriendo, con el asombro de mis dieciocho años, era toda una transformación social materializada en el espacio que me rodeaba.

Dieciséis años después, en enero de 2010, comencé a escribir una obra larga de teatro llamada La musa. El proceso coincidió con la escritura de otra pieza breve que debía realizar como participante del encuentro internacional de dramaturgos emergentes de l´Obrador d´estiu de la Sala Beckett de Barcelona, al que asistiría meses después. Para tal ocasión, se me solicitaba crear una obra corta que reflexionara sobre los primeros diez años del nuevo siglo y que de algún modo respondiera a la pregunta: “El siglo XXI, ¿cómo te ha ido?” De forma inevitable, esta cuestión también se instaló en La musa. Ambas obras, de hecho, entablaron una estrecha relación. Podría decirse que La zona es un breve resumen de La musa, pero con una perspectiva final muy diferente.  Compartieron las mismas inquietudes y un mismo espacio, ese espacio que había formado parte de mi imaginario desde la adolescencia: La Défense. Mientras reflexionaba sobre los cambios que se habían producido en los últimos años, apareció la imagen de la explanada con sus rascacielos, el barrio de Puteaux, los contrastes entre lo antiguo y lo nuevo. El impacto que me había generado en el pasado otorgaba al espacio un componente emocional interesante. Allí decidí instalarme. Comenzó el proceso de convertir la imagen en material dramático.

En aquél momento, mi escritura tendía a seguir una poética con ciertos tintes surrealistas, otorgando un alto valor a lo ambiguo, lo enigmático. En este contexto, el espacio se concibió como un artilugio poético y metafórico, con la capacidad de ampliar la imaginación del lector-espectador. Quizá por ello, no quise situar el texto en París, ni quise nombrar La Défense o el antiguo barrio de Puteaux. Preferí obviar estos detalles para generar un nuevo espacio simbólico que podría encontrarse en cualquier ciudad del mundo. Podría ser Londres, Nueva York, Madrid, Berlín, México, Pekín… Lo que me importaba realmente era esa transformación que se estaba produciendo a nivel mundial.

Decidí trazar la línea de acción de La musa en una empresa de videojuegos situada en un importante distrito de negocios, cuya construcción supuso la demolición de una parte del barrio suburbial que antes ocupaba el espacio. La zona del barrio que se mantuvo, acorralada por los imponentes rascacielos, se encuentra en ese delicado territorio donde la sociedad tira lo que incomoda: la sombra. La empresa de videojuegos se sitúa entre los dos niveles: el distrito empresarial del que forma parte y el antiguo barrio humilde, ausente, pero generador de presión. Esta oposición fue el detonante para comenzar a tejer la trama: la empresa como el espacio escénico del poder y del progreso pisoteando al pasado; y el antiguo barrio humilde como el espacio extra-escénico del contra-poder, perturbando y cuestionando al progreso. Dos espacios en pugna, que pronto entrarían en contacto con el corazón y el conflicto de los personajes.

Comencé a habitar el espacio de la empresa por personajes representativos del poder y del éxito. En algunos casos con grietas y dilemas internos, pero finalmente portadores del comportamiento propio de los nuevos ejecutivos tecnológicos. En ese entorno, apareció la protagonista: Laura. Una joven inexperta, cuyo origen es un enigma (quizá inmigrante, quizá pueblerina), pero definitivamente ajena a ese espacio. El personaje se inserta de este modo en un lugar que acentúa su inseguridad, ya que no lo domina. Sin pertenecer a él, su destino es semejante al del barrio humilde: Laura es también ese espacio derruido que reclama sus derechos. Su línea de acción -el proceso de destrucción y abuso por el que atraviesa el personaje- es similar al del espacio del contra-poder, en cuanto a que ambos han sido destrozados y usados para los intereses del mercado. Lo que se pierde en el camino se convierte en amenaza para los vencedores. De ahí el rechazo y temor que el antiguo barrio genera a los personajes de la empresa. Excepto a León, esquivo aliado de Laura, atrapado entre los dos espacios: el del pasado, su pasado, y el de un futuro irremediable.

Tras unas semanas de reflexión en torno a estas cuestiones, me lancé a escribir la primera escena: Laura, recién llegada a la empresa en su primer día de trabajo, narra la tremenda impresión que le causa el edificio y los problemas que ha tenido que sortear para acceder a la oficina. La laberíntica descripción del lugar y la forma en que afecta al estado emocional del personaje, sirvieron como presentación del conflicto y para generar la atmósfera de la obra. Pude ver entonces la historia de una forma panorámica, entablar relaciones entre los elementos de la estructura y delimitar el conflicto del personaje: lo que le hacen a Laura en este nuevo mundo es robarle la identidad para crear un producto con ella: Sara, la protagonista del videojuego. Esta violación de su intimidad genera un total desgarro en el alma del personaje. La transformación espacial también conlleva una transformación ideológica: el desdoblamiento de la identidad dibuja líneas difusas entre realidad y ficción, produciendo un profundo choque entre ambas.

A partir de aquí, comenzó un proceso intenso de escritura que duró aproximadamente tres meses, la primavera del año 2010. En aquél momento, estaba viviendo en la antigua casa familiar paterna, situada en el barrio de Chamberí, en la Calle Guzmán el Bueno. Por la mañana, solía ir a tomar café y notas a la Cafetería HD, la misma donde mis abuelos llevaban a mis tíos a merendar. Había sido renovada, conservando la esencia del pasado. Desde una mesa pegada a la ventana, veía la vida del barrio pasar. Era como si mis pensamientos sobre La musa se vieran revitalizados en ese lugar. Por la tarde-noche, escribía en un antiguo escritorio de la familia. La presencia de mis abuelos ya fallecidos planeaba por el piso, todavía amueblado con sus muebles y lleno de objetos del pasado. Incluso a veces, mientras escribía, parecía que mi abuela me susurrara algo al oído. Quizá yo misma atravesaba por un proceso de transformación personal focalizada en el espacio que me rodeaba.

Entrega del Premio del I Certamen AAT para textos dramáticos a Blanca Domenech por La musa
Entrega del Premio del I Certamen AAT para textos dramáticos a Blanca Domenech por La musa.

Tres años y medio después, en septiembre de 2013, recibí la llamada de Jesús Campos comunicándome que La musa había sido ganadora del I Certamen AAT para textos dramáticos. Fue una gran satisfacción. Por una parte, la de inaugurar una prestigiosa lista de galardonados con este premio. Por la otra, la gratificación de que el esfuerzo y la intensa dedicación fueran apreciados.

LA MUSA
(Fragmento)

Escena I

El interior de un gigantesco edificio de oficinas. En primer término, un área con dos ascensores de diseño sofisticado, con sus pantallas indicando los números de los pisos por los que transitan. A un lado, una gran cristalera desde la que se divisa una escalera de patio interior, bordeada por enormes tuberías de acero. En el centro, un angosto pasillo. Al otro lado, la zona de los despachos. La atmósfera transmite cierto aire de encrucijada, con olor a espacio cerrado e iluminación fluorescente.

La zona de los ascensores se ilumina lentamente, LEÓN espera la llegada de uno de ellos. Se abren las puertas. Sale LAURA. Mira de un lado a otro.

LAURA.- Disculpe… ¿Va a entrar? Lo siento. ¿Trabaja aquí?LEÓN.- ¿Cómo dice?

LAURA.- En este departamento, quiero decir. Estoy perdida ¿Qué departamento es éste? Esta mañana… A primera hora… Disculpe, estoy algo nerviosa. Llegué hace más de dos horas. ¿Puede creerlo? Me he perdido por el edificio. Un edificio realmente insólito. Cogí el ascensor en el piso menos cinco. ¿Es éste el menos doce?

LEÓN.- ¿El menos doce? Depende de dónde cogiera el ascensor.

LAURA.- ¿De dónde lo cogiera? ¿Qué quiere decir eso? Lo cogí en el menos cinco. Me bajé en el número ocho. El ocho es donde están las recepciones, sin embargo… es la planta baja. ¿Por qué llaman número ocho a la planta baja?

LEÓN.- Debió coger el ascensor derecho, ¿ve? El ascensor derecho se mueve por una zona de la empresa, mientras que el izquierdo se mueve por la otra. Cada zona tiene niveles diferentes. ¿No le explicaron?

LAURA.- Niveles diferentes… ¿qué nivel es éste?

LEÓN.- Verá. Se lo explicaré brevemente. Estaba a punto de salir a tomar un poco el aire. No puedo respirar bien. En la zona interior uno no puede respirar. Esta es la zona interior. ¿Ve? No hay ventanas. ¿Ve allí? El patio es minúsculo, le costaría mirar el cielo con la altura del edificio.

LAURA se acerca hasta la cristalera que da a la escalera y las tuberías.

LAURA.- Qué extraño es todo. No quiero decir que no me guste. Me he perdido. He llegado a un subterráneo. ¿Es posible que debajo de todo esto haya una autopista? En serio, he visto una autopista. El ascensor me dejó en el número… no recuerdo el número. Cuando salí, empecé a caminar buscando el departamento. Había un lugar… algo así como un sitio para los residuos. Un vertedero ahí abajo. Quise volver al ascensor. No lo encontraba. Llegué a un parking que salía a una autopista. Una autopista con varios carriles en tres direcciones.

LEÓN enciende un cigarrillo.

LEÓN.- Todo el distrito está lleno de este tipo de edificios. ¿Es que no conoce la historia?

LAURA.- ¿Qué historia es ésa? Disculpe mi torpeza… es el primer trabajo que tengo. Hasta hace tan sólo unos meses estaba… ¿Qué historia es ésa?

LEÓN.- ¿Tampoco es de la ciudad?

LAURA.- No.Preferiría… si no le importa… (Pausa) Es muy importante para mí, ¿sabe? Más importante de lo que imagina.

LEÓN.- ¿El qué?

LAURA.- El puesto de trabajo.

LEÓN.- Ha dicho que es el primero.

LAURA.- El primero.

LEÓN.- Entonces…

LEÓN tose varias veces. LEÓN.- Hace ya unos años… todo este territorio era un antiguo barrio humilde. Pero ya sabe, ya sabe. Tiraron todo el barrio para construir esta gigantesca explanada…