Drama 63

Las Puertas del Drama
TEATRO ESPAÑOL ENTRE 1975
Y 2025 (50 AÑOS DE DEMOCRACIA)
Nº 63

SUMARIO

Presentación

EL TEATRO EN 1975 Y EN 2025

Nuestra dramaturgia

Socio de honor

Cuaderno de bitácora

Infancia y juventud

Teatro Exprés

Reseñas

Conserveras del tiempo 

Juan Fleta

TRAVESÍA
Viaje por mar, de un punto a otro

Hay regresos que no se anuncian. Uno vuelve porque el recuerdo tira del cuerpo, arrastrado por un anzuelo llamado memoria. Ese retorno, aunque inconsciente, es ya un gesto dramatúrgico en sí mismo. Revisitar la memoria y contarla es un acto necesario. Es luchar por impedir que las historias se borren y por honrar lo vivido frente al inevitable olvido. 

Hablar de cómo el recuerdo nos empuja al pasado es hablar de la fragilidad del paso del tiempo. La memoria y la historia son incompletas, se borran, se deforman, y lo que debería permanecer vivo a menudo se desvanece. Por eso existe un acto de resistencia, de naufragar y sobrevivir en medio de la vorágine, sosteniendo los nombres, rostros y voces que el olvido intenta borrar. 

Escribir esta obra me ha devuelto a un lugar extrañamente íntimo, un territorio que aún me cuesta nombrar, pero que percibo como una revalorización de mi propia esencia, mis raíces o mi patria: “esa muchedumbre, ese mar en el que uno va sin marcharse ni perderse, andando al mismo paso con los vivos y con los muertos”, como diría María Zambrano. 

Pienso en las estibadoras, en ese olor persistente a mar y a pescado que tuve tan cerca durante la infancia y la adolescencia, y siento que la obra me devuelve a un territorio que, sin pertenecerme del todo, he mamado. Hay un sentimiento, un recuerdo muy hondo, que me conecta a ese mundo, invitándome a respirarlo, a impregnarme de él, sin saber por qué, y tiene la capacidad de arrastrarme a lugares que creía olvidados. Porque no vengo de familia marinera ni conservera, sino de un arraigo sin linaje, de esos que se heredan sin herencia, que se pega al cuerpo por cercanía, por convivencia, por haber crecido viendo a las mujeres salir del turno con la ropa húmeda, oliendo a sal, a desgaste, a dignidad. Me resulta curioso sentir un mundo tan alejado y, a la vez, tan cercano. Siento que sus historias son, de algún modo, mis historias, y sus palabras están grabadas en mí de una manera universal, navegando por los poros de mi piel. 

Supongo que Conserveras del tiempo me sitúa frente a una parte de mí que, al ser “hombre del mundo y hermano de todos”, como diría Lorca, no ha terminado de sentir un arraigo firme. Y es precisamente esa lejanía la que me impulsó a investigar sobre las estibadoras, sus vidas y deseos. Y me devolvió algo mío que no sabía perdido. 

Por eso la pieza me adentra, como autor, en el territorio de una memoria no heredada sino adquirida, y en el olvido, como amenaza, para no dejar que ciertas historias desaparezcan. A través de la obra, incido en nuestro pasado reciente como ejercicio de memoria democrática para recuperar y difundir las historias y experiencias de estas mujeres, generando una ventana al pasado que permita a las nuevas generaciones reflexionar sobre su valentía y otorgarles el reconocimiento que merecen. 

CONSERVERAS 
PERSONAS QUE TIENEN POR OFICIO HACER CONSERVAS O QUE SABEN HACERLAS 

La almadraba, técnica de pesca tradicional de origen fenicio, se basa en un complejo sistema de redes fijas para capturar el atún en su migración, culminando en la emblemática «levantá». Esta técnica, de gran esfuerzo y carga simbólica, me sirvió para evocar la vida de mis protagonistas, mujeres que luchaban diariamente enredadas en el laberinto de su existencia por el franquismo, el pueblo y el hogar. Sus vidas formaban parte de una ausencia no solo histórica, sino también política. 

Las mujeres trabajaban en condiciones difíciles y precarias, enfrentando largas jornadas laborales en un entorno exigente. Sin embargo, su dedicación y habilidad fueron fundamentales para la industria conservera. Es crucial reconocer su papel esencial en sus hogares y comunidades durante un período de gran opresión y desigualdad de género, como fue la dictadura franquista, que relegó a las mujeres a roles secundarios, a pesar de lo cual, formaron redes de solidaridad y crearon un tejido de resistencia y apoyo mutuo. En algunos casos, fueron protagonistas de movilizaciones, reclamando mejoras en sus condiciones laborales y mayor reconocimiento. 

El mundo de la almadraba y las conserveras de atún encierra historias ricas, lamentablemente no contadas, y el teatro nace donde la historia calla. Por ello, en Conserveras del tiempo plasmo una estampa de sus experiencias, entrelazando sus vivencias con la ficción teatral. 

Mi indagación histórica y dramatúrgica sobre las estibadoras se enfrentó a la escasez: casi ningún archivo, pocas fotos y escasos testimonios. Historias relegadas, olvidadas entre redes y espinas. Así, entre las voces que tuve la suerte de conseguir, una de ellas la comparto aquí tal cual me lo contaron: 

Yo a las 5 de la mañana me iba a tomar el café. Bueno, desde los 5 años, café con cebá. Nos íbamos al café Villalta. Las dos. Nos íbamos a la plaza donde la churrería a tomar el café. Ahí estaban todos, los marineros y todo. Toda la persona que estaba trabajando olía. Pero yo el olor me lo quitaba. Pero no con jabón fornicao. Yo me echaba vinagre y me echaba limón y allá iba. Cogía una palangana y me lo echaba en medio cuerpo. Ni nívea. No había dinero pa nívea. Yo gané 16 pesetas a lo primero. Mira, una noche, fuimos a trabajar a las once de la noche y salimos a las ocho de la mañana, descabezando boquerones. Antes no había horario. Llegaba el camión y había que trabajar. A mí me encantaba el trabajo en la fábrica. Yo me iba ahora a trabajá. 

Después de escuchar el relato de lo duro que fue su trabajo unido a “Yo me iba ahora a trabajá” me hizo replantearme la narrativa. ¿Idealizamos el pasado? ¿Mi perspectiva contemporánea y feminista me impedía percibir el valor real de ese trabajo? ¿Intentaba imponer mi opinión sobre la lucha cuando, para esta mujer, tal vez el ser estibadora era la única realidad? Su testimonio reveló una doble capa que se convirtió en el motor de la obra: el trabajo era duro, sí, pero también suponía una forma de libertad respecto al hogar, el encuentro con otras mujeres, la amistad y el espacio propio. 3 

No era una simple elección. En nuestra sociedad, desgraciadamente, las mujeres han sostenido tradicionalmente dos mundos: el trabajo productivo y el trabajo doméstico, lo visible y lo invisible. Esta complejidad, donde la necesidad de la lucha convive con la búsqueda de dignidad y autonomía, es lo que constituye el conflicto central de la pieza. Por eso decidí que la obra no se ubicaría en un pueblo concreto, sino en todos los pueblos donde pudieron suceder estas historias, convirtiéndose en un testimonio coral de la vida de las conserveras. 

Esta indagación me llevó a articular las siguientes preguntas esenciales para el desarrollo dramático en mi proceso de escritura: 

  • ¿Cómo era el día a día de las mujeres que trabajaban en las conserveras del Consorcio Almadrabero? 
  • ¿Cómo afectaba la dictadura franquista a la vida de las mujeres trabajadoras en España, especialmente en zonas rurales y pesqueras? 
  • ¿Qué paralelismos se podrían trazar entre la lucha de las mujeres de las conserveras y las luchas feministas contemporáneas? 

ALMADRABA 
PROVIENE DEL ÁRABE ANDALUSÍ Y SIGNIFICA LUGAR DONDE SE GOLPEA O SE LUCHA. 

Conserveras del tiempo es una historia sobre resistencia y amistad, contada a través de las vidas entrelazadas de Carmen, Isabel, Mariluz y Antonia, mujeres que, a pesar de las adversidades, buscan redefinir su lugar en una España a punto de llegar a la transición. El conflicto dramático se tensa con la irrupción de dos fuerzas catalizadoras que operan en escena de manera simbólica: La Nena, que llega nueva a la fábrica encarnando la lucha y la libertad, y El Señorito, que se alza como el símbolo visible de la represión del país. Estas dos figuras impulsan a las cuatro protagonistas a desarrollar su arco dramático y a transitar hacia una nueva versión de sí mismas, reflejando el proceso de cambio que atraviesa España en ese periodo histórico. A través de esta estructura, la obra busca construir una memoria histórica y colectiva, e inspirar la lucha por los derechos de las mujeres. 

Hay algo en Conserveras del tiempo que tiene que ver profundamente con lo sensorial. De ahí el darle la importancia al olor a mar, a pescado, a guano, a esa mezcla áspera y viva que sostiene la memoria del lugar. Porque, al regresar a mis raíces y encontrar (o más bien, re-descubrir) en una baranda de una plaza de mi pueblo el espacio donde los cuchillos eran afilados por las estibadoras de camino a la fábrica, surgió una escena que, aunque finalmente no entró en la obra, abrió la puerta a todas las demás. Un eco de un recuerdo incrustado en la piedra como cicatrices de su paso. 

Sin darme cuenta, llevo años escribiendo sobre la memoria. Elías en el andén habla del recuerdo íntimo y del olvido, La herejía de las beguinas se adentra en la figura de una autora borrada por la historia, Nalu: En busca de La que ilumina, de carácter más familiar, presenta a una niña que olvida su nombre. Finalmente, la más reciente, Conserveras del tiempo, explora la memoria social de un pueblo y de un grupo de mujeres que sostuvieron mucho más de lo que la historia quiso reconocer. 

Así, con un hilo conductor que gira en torno a la memoria (adquirida, olvidada, íntima o colectiva), mi proceso de escritura empieza mucho antes de sentarme a teclear. Veo la escena antes de escribirla, la pienso, la recorro, construyo su arquitectura mentalmente. Suelo comenzar cuando una noticia, o un detalle, me late (en este caso fueron las cicatrices en la piedra), y a partir de ahí investigo, dejo que la mente se expanda y empiezo a preguntarme cómo puede ser esa historia, quién la contará, cómo serán los personajes, dónde sucederá, cuál será el principio y qué escenas pueden ser esenciales. Y antes incluso de ese proceso, diariamente acumulo notas, ideas y frases en un glosario o “fraseario” que funciona como un archivo vivo, un maletín de posibles recursos que tal vez entren en la obra que esté desarrollando en ese momento, o tal vez no, pero que siempre acompañan el recorrido de mi escritura. 

Para encontrar la columna vertebral del conflicto de la pieza, regresé a una frase de mi obra anterior, Elías en el andén: “Un artista no es popular cuando quiere, sino cuando puede.” Esta frase se transformó en: “Una persona no es libre cuando quiere, sino cuando puede.” Porque estas mujeres, a fin de cuentas, querían tantas cosas, pero ¿podían elegir sus vidas? Esa posibilidad (o la falta de ella) es la red invisible que sostiene la obra, reflejando el margen estrecho de las trabajadoras cuyo deseo de autonomía se enfrentaba a las estructuras que las rodeaban. Así pude introducir la idea de la transición, no solo 5 

histórica, sino emocional de las protagonistas, y cómo dejan de ser náufragas para escapar de las redes del régimen. 

Al abordar una historia basada en testimonios vivos y ausencias históricas, me surgió una duda, ética en este caso: ¿cómo ficcionar la “verdad” sin traicionar? Si bien es cierto que la propia percepción y los ideales alteran esa llamada “verdad” (incluso al tomar una simple fotografía estamos faltando a la “verdad”), había un compromiso hacia sus historias, una deuda a no edulcorar o alterar su realidad. Por ello, el dialecto en la obra no es folclore, sino una forma de dignidad política y estética, porque el teatro no es un archivo muerto, es memoria encarnada y la escena vuelve presente lo ausente. Y, ¿qué es la escritura sino una traducción imperfecta de un mundo que arde por dentro? 

Con todo esto, hablar de estas mujeres era hablar de una resistencia silenciosa. De luchas que no hicieron historia porque estaban demasiado ocupadas sosteniendo un hogar. Vivieron dentro de un margen estrecho, y sin embargo había en ellas un deseo profundo de autonomía. No escribí estas escenas para mirar al pasado, sino para recordar que el pasado también se prolonga en nuestro presente y se proyecta hacia el futuro. Porque esta pieza no es arqueología: es un espejo. 

En un fragmento de la escena TRANZAR, la tensión se plasma en el diálogo de las protagonistas, como vemos en la discusión entre Isabel, que abraza la necesidad de la protesta, y Antonia, que refleja la duda ante la deslealtad al esfuerzo y el miedo: 

El edificio estaría desierto, acompañado únicamente por los cadáveres de los peces que aguardan impacientes su destino, de no ser por MARILUZ que asoma la cabeza por el quicio de la puerta del despacho del señorito. El olor a madera y puro viaja hasta el interior de sus fosas nasales, marcando claramente su presencia en el despacho. MARILUZ golpea la puerta levemente, esperando que le preste atención. Finalmente, entra. 

MARILUZ. Disculpe, Señor Albacora, ¿se puede? / Sí, me ha dicho Carmen, digo la encargá, que quería verme en el descanso/ Bien, estoy bien, gracia/ No, no pasa ná/ No, de verdá/ No hace falta/ Está bien. Me siento, sí/ 

La sirena de la fábrica retumba en las paredes de la nave, haciendo que el personal regrese con parsimonia, sin mostrar el peso de la vida en sus espaldas. Las estufas, las hileras de mesa y los motores paralizados esperan con ansia retomar su actividad. ISABEL y ANTONIA se vuelven a colocar arreglándose el delantal.

ISABEL.- Que no me baile el agua. Me lo prometiste. 

ANTONIA.- Yo solo te pedí/ 

ISABEL.- Ante el vicio de pedí, está la virtú de no dá. 

ANTONIA.- Es que/ 

ISABEL.- ¡Es que no! Yo estoy cumpliendo. 

ANTONIA.- Pero no sé cómo hacerlo. 

ISABEL.- ¡Anda ya! Antonia, por favó, si tu tiene mucha labia y te conoce a toa la fábrica. 

ANTONIA.- Sí, pero/ 

ISABEL.- ¿Has hablaó con las limpiadora? Díselo a La rubia o a La campera seguro que, ¡ah!, ya sé, habla con La chapita, esa nos echa un capote pa’ buscá má gente. 

MARILUZ.- No sabría qué decirle… Isa… Isabé… Tal vez sería mejó que hablara usté con ella/ No, claro, lo entiendo. La nena dijo el otro día que necesitaban hacerse con una filipina/ ¡Eso! Vietnamita, sí. Una vietnamita. ¿He dicho algo malo? Se le ha cambiao la cara. 

ATRAQUE 
ACCIÓN DE AMARRAR UNA NAVE AL MUELLE. IMPLICA UN PUNTO FINAL SEGURO, ESTABLE Y DEFINITIVO DESPUÉS DE LA TRAVESÍA. 

Hay una injusticia acumulada en la historia de estas trabajadoras y siento que Conserveras del tiempo es, ante todo, un acto de reconocimiento. Durante la dictadura, las mujeres fueron relegadas, invisibilizadas, despojadas de oportunidades y mi pieza nace de un deseo humilde, pero urgente, de poner foco ahí y saldar, aunque sea mínimamente, esa deuda histórica en la memoria colectiva. Para honrar a todas las mujeres que, entre latas y espinas, trabajaron incansablemente mientras sostenían sus hogares, sus cuerpos y un país entero. 

Escribir esta obra ha sido, todo el tiempo, un acto de gratitud hacia ellas. Quería aprender de ellas, escucharlas, devolverles un espacio que nunca debieron perder. Traducir su cansancio, su humor, sus miedos, su forma de hablarse, su deseo de ser libres, aunque no pudieran del todo. 

Conserveras del tiempo me ha acercado a una verdad que no sabía que necesitaba: la de honrar lo que he vivido sin haberlo vivido del todo, la de rescatar lo que no quiero que se 7 

pierda, la de comprender que la memoria no es un archivo perfecto, sino una respiración. Y en esa respiración, en su vaivén, es donde nacieron mis estibadoras. 

Conserveras del tiempo, de Juan Fleta

Me emociona el reconocimiento que ha recibido la pieza al ser premiada en el XIII Certamen Jesús Campos para textos teatrales, ya que legitima una parte de mí que se niega a que mis historias (que no son mías) se queden enterradas. Me devuelve a una esencia que creía dispersa. Me recuerda que la memoria, aunque no nos pertenezca por sangre, puede pertenecernos por vida. 

Y, ahora, Conserveras del tiempo da un paso más traduciendo el texto a la escena, donde la voz de estas mujeres seguirá viva. Es un placer que la obra se estrene el próximo febrero de 2026 en el Teatro Echegaray de Málaga, de la mano de Factoría Echegaray. Esta producción, que luego girará con mi compañía La Misma Tara, cuenta con el talento de las actrices Magda Salinas, Virginia DeMorata, Alejandra Cid e Inma Caballero, quienes serán las voces necesarias para saldar esta deuda histórica ante el público. Porque Conserveras del tiempo, ambientada en 1975, cobra vida en un momento crucial, coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte de Franco y el inicio de la Transición española. Este paso a la escena no es solo una producción, sino la traducción viva de la memoria que conmemora la lucha por la recuperación de la libertad y la democracia. 

¿Qué vidas podrían haber vivido estas mujeres si hubieran podido ser libres cuando lo deseaban, y no solo cuando se lo permitían? 

A mí, al menos, me gustaría seguir escribiendo para no dejar que esa pregunta se extinga. 

Y lanzo esta bitácora como quien escribe un cuaderno de viaje para saber por dónde he pasado y por qué he llegado hasta aquí. Agradeciendo a todas las personas que me han acompañado en este viaje dándome sus aportes tan necesarios, a quienes me han prestado sus historias, y a quien me ha aguantado diariamente hasta que se ha abierto la lata de Conserveras del tiempo