Gobierno de Cantabria
Asociación Internacional Teatro del Siglo 21
La dramaturgia femenina en los años que se acercan al fin de la Dictadura es prácticamente invisible y así lo asevera Carmen Resino: “El teatro parecía huérfano de mujeres, pese a que las hubo y las había” [Resino, 2016]. En esos años dos nombres destacan por escribir y estrenar con regularidad: el suyo y el de Ana Diosdado: “Pues por aquel tiempo de los setenta, que yo sepa, sólo escribíamos teatro, al menos de manera activa, Ana Diosdado y yo” [Ídem]. Por ello, en el rastreo del teatro femenino de estos años era necesario centrarse en las obras que estas dramaturgas estrenaron en esos años y reconocer así su valor como referentes ineludibles para la rica y heterogénea dramaturgia femenina actual.1

En 1973 se estrena Usted también podrá disfrutar de ella, de Ana Diosdado, y en 1974, La sed, de Carmen Resino. En ese período obtienen gran éxito: Flor de otoño, en 1972, de José María Rodríguez Méndez; Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca, de José María Martín Recuerda, en 1977, aunque escrita en 1970; o La Fundación, en 1974, de Antonio Buero Vallejo.
Aparte de los grandes referentes de esa época que son Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre, en España, en torno a los años que rondan la muerte del dictador, el teatro estaba integrado por la generación realista y la simbolista, que significaban dos opciones estéticamente contrapuestas de abordar una realidad que se traducía fundamentalmente en pobreza, falta de libertad y represión política. Entre las nóminas oficiales de estas generaciones no encontramos dramaturgas, por lo que las mujeres que escriben teatro en esos momentos ejercen al margen de estos grupos que han constituido el canon, a pesar de haber cosechado grandes éxitos, como es el caso de las dramaturgas que nos ocupan: Carmen Resino y Ana Diosdado, casi las dos únicas que podían estrenar en los años alrededor de 1975. Es a partir de los 80 cuando aparecen más nombres como Concha Romero, Lourdes Ortiz, María Manuela Reina, Lidia Falcón, Petra Martínez o Ana Rosa Cisquella, pero igualmente al margen de las generaciones canónicas como la de 1982, integrada por José Luis Alonso de Santos, Sanchis Sinisterra o Ignacio Amestoy, por citar algunos.

En este panorama en el que el canon está definido casi exclusivamente por dramaturgos, Resino y Diosdado hacen frente a problemáticas existenciales de carácter universal, como la difícil inserción del individuo en el sistema económico y social, estableciendo como paradigma de esta relación a personajes femeninos. El sentimiento de fracaso y frustración ante este conflicto está encarnado por la Nieta y Fanny, las dos mujeres protagonistas de La sed y Usted también podrá disfrutar de ella, respectivamente.
La sed, de Carmen Resino, estrenada en 1974, es el monólogo de una mujer totalmente asolada por la rutina, el hastío y la precariedad. Frente al espejo, arreglándose para una cita imaginaria, mientras su abuela agoniza en un sillón, mantiene un diálogo con su supuesto amante, donde descubrimos su absoluta frustración vital, sexual y laboral, para sobrevivir a la cual se inventa una personalidad interpuesta con una vida social y amorosa intensa. El pluriempleo y la jornada laboral que no acaba cuando llega a casa porque tiene que cuidar de este personaje de la Abuela que, finalmente, muere al final de la pieza, van convirtiendo a la Nieta en una psicópata, impasible ante los gritos de socorro de la Abuela que le pide incansablemente agua y que, finalmente, muere ―o quizá lleva muerta toda la obra y esa sed no es más que una representación de la subjetividad de la Nieta―. Estas llamadas de atención de la anciana interrumpen el monólogo, la ensoñación de la Nieta, quien se muestra molesta y enfadada porque la obligan a enfrentarse a la verdad; estas interrupciones, por tanto, son los únicos anclajes a la realidad que tiene la protagonista y la audiencia espectadora.
Usted también podrá disfrutar de ella, estrenada en 1973, de Ana Diosdado, plantea igualmente la destrucción de los individuos por parte de un sistema económico explotador y extractivista que les deshumaniza y convierte en mercancía. Diosdado conjuga el suspense, el triángulo amoroso y los diálogos vibrantes e irónicos, con la historia trágica de dos personajes. La joven modelo Fanny y el periodista Javier son dos seres que han sido completamente exprimidos por la economía de mercado, convertidos en mercancía y expropiados de su humanidad. Javier es un periodista desilusionado con la profesión donde no puede desarrollar sus aspiraciones profesionales porque ha de someterse a los dictados del mercado. Entrevistar a Fanny Román es su último trabajo y la motivación que encuentra es denunciar la explotación del sistema y cómo este acaba con las ilusiones y las ganas de vivir de sus habitantes ejemplificando este hastío en sí mismo: “Manolo.- Dijiste que lo de Fanny era un buen ejemplo de la explotación del individuo por el sistema, dijiste que a la gente lo que le llega son historias peculiares, y que a partir de esta harías un estudio sobre todo esto” [Diosdado, 2007: 283]. Fanny, por su parte, ha sido utilizada como chivo expiatorio de un laboratorio que ha ocasionado muertes por una vacuna defectuosa. Su imagen es asociada compulsivamente a la marca, de manera que quien acaba siendo causante de las muertes, según el juicio social, es ella.

En cuanto a las dos protagonistas de estas obras, tanto la Nieta como Fanny representan el fracaso del individuo frente a las exigencias de la sociedad capitalista. Se dejan engañar bajo promesas de éxito asegurado, relaciones, dinero, lujo: “PUBLICISTA.– ¡Esto no es más que un trampolín! De ahí al cine hay un paso” [Diosdado, 2007: 274]. Ambas han creído sus propias ensoñaciones y viven en ellas; y ambas son utilizadas para la economía de mercado, estafadas, para exprimir su fuerza de trabajo a cambio de más pobreza. La Nieta vive la más absoluta explotación laboral, que le lleva al hastío y a la precariedad moral:
NIETA.– Supermercado: tiras y más tiras de sumas… compras y más compras de esas señoras. Empujones y colas de prisa. Salida: timbre y bocadillo. Y ya en la calle, a casa de esa de los dientes de oro para hacerle la limpieza los lunes, miércoles y viernes […]. Los martes, jueves y sábados, esta cordierita estúpida va a limpiar las oficinas de ese tío al que ha hecho barriga su mediana felicidad y que, como su suerte todavía le parece poca, ¡se atreve a tocarme el culo mientras friego!” [Resino, 1990: 13].
Por otro lado, Fanny es víctima de la industria publicitaria: “FANNY.– Cuando me contrataron me dijeron que yo iba a ser la solución única. Que en lugar de hacer muchos carteles distintos y muchas películas, y todo eso en una sola imagen para todo, hasta el envase” [Diosdado, 2007: 251]. Sin embargo, cuando ya no les resulta rentable, deciden acabar con ella: “JAVIER.– No te querían, Fanny. Un buen día, todo se volvió del revés y empezaron a tirarte piedras” [Diosdado, 2007: 269]. Asociaron la imagen de Fanny desnuda a un bote de colonia con la frase: “Usted también podrá disfrutar de ella”. A través de esta absoluta y violenta cosificación, la empresa consigue beneficios estratosféricos; cuando comete el fraude, se asocia igualmente a la imagen de la mujer, de manera que esta asume el fracaso, el juicio por parte del público y es denostada hasta la marginación.
En este sistema económico depredador, por tanto, cobran especial relevancia las mujeres, víctimas de la alianza de capitalismo y patriarcado. La perspectiva de género nos hace ver la cosificación de la mujer en el caso de Fanny y la exigencia de belleza y sensualidad en el caso de la Nieta, que son un tipo de violencia de género llamada simbólica, aunque aquí no es tan simbólica puesto que la deshumanización llega al punto de desechar a la víctima una vez ha cumplido su objetivo: ser explotada laboralmente, en el caso de la Nieta; y hacer ganar dinero a la empresa, en el caso de Fanny.
Como conclusión, podemos afirmar el valor de absolutos referentes de esta dos dramaturgas, Carmen Resino y Ana Diosdado, para el teatro que se construyó a finales del siglo XX —y que vive su esplendor en el caso de las dramaturgas en este primer cuarto del siglo XXI—, por su intención de colocar los problemas de las mujeres en el centro del debate social y por hacerlas representantes de un sentimiento de hastío y agotamiento universal derivado de la estafa del estado del bienestar y del sistema económico.
BIBLIOGRAFÍA
Diosdado, Ana (2007). Usted también podrá disfrutar de ella, en Teatro escogido. Madrid: Asociación de Autores de Teatro, pp. 219-299.
Gutiérrez Carbajo, Francisco (Ed.) (2014). Dramaturgas del siglo XXI. Madrid: Cátedra.
Resino, Carmen (1990). La sed, en Teatro breve y El oculto enemigo del profesor Schneider. Madrid: Espiral / Teatro. Fundamentos, pp. 9-19.
—— (2016). “La Asociación de dramaturgas”. Las puertas del drama, nº1 Extra. Mujeres que cuentan, https://elkioscoteatral.aat.es/las-puertas-del-drama/drama-extra-1/la-asociacion-de-dramaturgas/
Serrano, Virtudes (2022). “Ana Diosdado, una mujer de teatro”. Las puertas del drama. https://aat.es/las-puertas-del-drama/ana-diosdado-una-mujer-de-teatro/
Serrano, Virtudes (2023). “La trayectoria teatral de Carmen Resino: la mordedura en el teatro español”. Las puertas del drama, 59. https://aat.es/las-puertas-del-drama/la-trayectoria-teatral-de-carmen-resino-la-mordedura-en-el-teatro-espanol/
Notas
- Agradezco a Encarnación Bermúdez Gómez su inestimable ayuda para realizar este trabajo.