Lo político y lo social en el teatro para la infancia y la juventud
Vamos a contar mentiras, tralará… Así sonaba una canción popular, divertida y gamberra, de nuestra infancia. Aquella letra nos animaba a contar mentiras utilizando elementos de la realidad. No era más que una canción, un juego, un divertimento , pero… también era una forma de entender y posicionar/nos ante el contexto en el que nos circunscribíamos.
La infancia siempre es prisionera de una preocupación vicaria, la de sus progenitores o cuidadores. De mi infancia, la preocupación que mejor recuerdo, entre otras muchas de ámbito nacional, local y familiar como fueron el desempleo, la droga, el terrorismo… La más nítida, como decía, fue la tensión entre los rusos y los americanos (así los nombraban en casa y en la televisión) y la amenaza de sus respectivos misiles apuntándose entre ellos. El acuerdo al que llegaron Mijail Gorbachov y Ronald Reagan, que ya me pilló entrando en la preadolescencia, lejos de poner fin a la guerra fría que había tenido en tensión durante tanto tiempo a tantos hogares a lo ancho del globo, disparó toda una serie de elucubraciones y nuevas preocupaciones. Tales neurosis se reflejaban en los rostros de nuestros adultos cercanos. Los mismos que intentaban que no nos enterásemos de mucho porque aquellos no eran asuntos para la infancia. Con la simple acción por omisión de no abordar el tema en casa o con apretar un botón en el mando a distancia para cambiar de canal de televisión; quedaba zanjada la atracción del abismo de lo desconocido. Pero la infancia es curiosa: si le ocultan algo lo busca con más ahínco. Y la infancia es permeable: igual que absorbe la preocupación ajena, absorbe las explicaciones externas, cualesquiera, y las da por verdaderas. Y además, la infancia es creativa: si no llega a encontrar respuesta que le satisfaga, se inventa una. En mi caso, la historia que monté en mi cabeza mezcló curiosidad, permeabilidad y cierta creatividad. En mi fantasía, ambos (Gorbachov y Reagan), hacían el papel de buenos amigos ante las cámaras de televisión y la prensa, pero en realidad… en sus respectivas casas tenían unos pasadizos secretos que les llevaban hasta unos despachos tan minúsculos como oscuros donde les esperaba un único botón de color rojo. En cualquier momento de la noche (para que al otro le pillase durmiendo) se levantarían de su cama e irían con su dedo índice bien estirado y presto para apretar aquel botón y llenar el cielo estrellado de misiles.
Me he servido de esta pequeña historia para introducir el tema que ocupa este artículo y cuyo objetivo es intentar abrir una espita o dejar un punto de partida para que otros y otras continúen el trabajo. No es un ensayo. Tampoco es un directorio exhaustivo de profesionales de las artes escénicas que enfocan o contaminan su trabajo de lo político y lo social. Es, simplemente, una baliza desde la que ir abriendo y probando caminos. Pero antes de fijarla, cabe preguntarse qué podríamos entender por lo social y lo político en el contexto de las artes escénicas dirigidas a la infancia y la juventud. Porque aunque ambos conceptos están tan próximos que parecen destinados a ser uno solo, no lo son, aunque sí forman parte de lo mismo. Vayamos al diccionario… En su decimosegunda acepción encontramos: Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado. Y en la decimotercera: Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo concreto. Parece que todo apunta al cómo; se fundamenta la actuación y se desarrolla. Si buceamos en el origen de la palabra social, encontramos que proviene del latín socialis que significa perteneciente a la comunidad de personas; es decir, lo que es relativo al conjunto o sociedad de individuos. Parece que todo apunta al qué.
Podríamos, con cierta osadía, sintetizar lo social como el tema o tema que aborda la obra y lo político como la forma y el punto de vista con y desde el que se aborda. Utilizando una pedagogía de andar por casa: Lo social es el contenido de la obra y lo político es la fundamentación, más la metodología, con la que se construye la obra. Cabe ahora preguntarse cuál es el objetivo de crear una obra de teatro que se nutra de lo social y político, porque, no seas más familiar o no el concepto, una obra de teatro también es un proyecto que realizamos para conseguir un objetivo. El objetivo del teatro para la infancia y la juventud no es dar un explicación, no es ofrecer una unidad didáctica, y tampoco es un panfleto o un folletín con el que adoctrinar. Es, y esto ya es mucho, un agente que coloca/ofrece una baliza que a su vez abre posibilidades de territorios a explorar/abordar.
Nuestro público es afortunado. Aunque habitualmente se ve con claridad la necesidad de este tipo de teatro para la infancia y la juventud, su presencia en las programaciones en los espacios no se corresponde (ya saben, ese miedo a abordar cierto temas y la posible repercusión en el público que ello pueda tener). Sin embargo. Sin embargo: España está viviendo un momento de extraordinaria vitalidad. Puede percibirse en la diversidad de acentos, en la calidad de las producciones y, sobre todo, en la coherencia ética y estética de las compañías que lo hacen posible. Son proyectos que han sabido unir el rigor artístico con una profunda conciencia social, y que entienden el teatro no como una herramienta de transmisión, sino como un lugar de pensamiento compartido.
Las compañías que mencionaré aquí no agotan el mapa, pero sí trazan un recorrido representativo por las distintas maneras de concebir hoy el teatro para la infancia y la juventud: desde la poesía visual hasta la participación política, desde la memoria íntima hasta la rebeldía colectiva. El orden en el que aparecen, como dirían nuestros jóvenes, es totalmente random (aleatorio).
ESCENA VIVA: COMPAÑÍAS QUE ESTÁN TRANSFORMANDO EL PANORAMA
El Patio Teatro: la memoria como espacio escénico, el objeto como personaje
Cada montaje de El Patio Teatro es una pequeña joya de delicadeza y profundidad. En Conservando memoria o Hubo, los objetos cotidianos se convierten en testigos de la historia familiar, y el escenario se transforma en un álbum vivo de recuerdos. No es un teatro “infantil” en el sentido tradicional, pero sí un teatro para todas las edades, donde la infancia encuentra un espacio de reconocimiento. Me interesa especialmente cómo El Patio aborda la memoria como acto político, como una forma de resistencia frente al olvido: recordar, aquí, es también un modo de cuidar.
La Rous: la emoción como forma de pensamiento
La Rous, la compañía de Rosa Díaz, ha sido pionera en crear un teatro que habla a los niños desde la verdad y la emoción. En Hilos o Una niña, la ternura se mezcla con el dolor, y la escena se convierte en un refugio donde las heridas pueden ser nombradas. Lo político, en su trabajo, no se manifiesta en el discurso sino en la ética de la mirada: mirar sin miedo lo que duele, y hacerlo con belleza. Sus espectáculos recuerdan que la sensibilidad también es una forma de conocimiento crítico.
La Baldufa Teatre: construir comunidad desde el juego
La trayectoria de La Baldufa Teatre es una de las más sólidas del país. En Bye Bye Confetti utilizan el humor, el clown y la metáfora para hablar de la muerte, la convivencia y el vacío. Sus obras están llenas de energía y de inteligencia escénica; enseñan sin pretenderlo que la risa puede ser profundamente política. Me impresiona su capacidad para crear comunidad en el patio de butacas, para hacer sentir al público —de cualquier edad— que la imaginación también es una herramienta ciudadana.
Anita Maravillas: el títere como cuerpo político
El trabajo de Anita Maravillas demuestra que el títere puede ser un medio de alta potencia expresiva. Sus obras, realizadas junto a Iñaki Rikarte o en colaboración con Portal 71, combinan un lenguaje visual exquisito con temas de fuerte carga social. Azul o Las Cotton hablan del trabajo, de la emigración, de la memoria de las mujeres obreras. En su universo, el objeto cobra vida para contar aquello que muchas veces la historia oficial ha silenciado. En La maestra se atreven a contar, sin censura y sin palabras, lo sucedido dentro de las aulas durante la guerra civil y la llegada del fascismo a nuestro país.

Títeres desde Abajo: sátira, resistencia y educación popular
Dentro del teatro de títeres contemporáneo, Títeres desde Abajo ocupa un lugar singular. Su trabajo nace de la tradición del teatro de calle y del activismo cultural. Con propuestas como La bruja y Don Cristóbal, la compañía granadina defiende un teatro irreverente, popular y profundamente político, que recupera la función crítica del títere frente al poder. Es para aplaudir su valentía para sostener un discurso incómodo y su compromiso con una mirada antiautoritaria que, aunque dirigida a un público amplio, interpela de modo directo al espectador joven, recordándole que la risa también puede ser un acto de insumisión.
Teatro Paraíso: la infancia como territorio filosófico
Teatro Paraíso es una de las compañías más veteranas y respetadas del panorama estatal. Su trayectoria, avalada por décadas de creación y pedagogía, se ha caracterizado por un diálogo constante entre el arte y la educación. Obras recientes como Ventanas ofrece una doble lectura para el público infantil y el adulto. Mientas el primero asiste a la creación de un imaginario mágico y fantástico, el segundo vuelve a un territorio perdido: el de la imaginación y la infancia. En los espectáculos de la compañía, la infancia no es un tema, sino una categoría del pensamiento: un modo de mirar el mundo con apertura y asombro.
Zum-Zum Teatre: imaginación, humor y conciencia
Desde Lleida, Zum-Zum Teatre ha desarrollado una línea de trabajo en la que el humor y la crítica social conviven con naturalidad. En obras como La gallina de los huevos de oro o Soy una nuez, la compañía aborda temas como la avaricia, la migración o la justicia con una frescura que conecta de inmediato con el público joven. Lo que más admiro de su propuesta es la claridad de su lenguaje: una puesta en escena limpia, lúdica, pero cargada de pensamiento. Zum-Zum Teatre demuestra que se puede hablar de cuestiones profundas sin renunciar al placer del juego.
Ireala Teatro: para niños y abuelos
Ireala Teatro tiene sobre los escenarios Pepito (Una historia de vida para niños y abuelos) un proyecto con texto es de Itziar Pascual y la dirección escénica de Carmen Losa. En lo dramático, Pepito funciona como una autoficción sensible: relata la vida de un niño (Pepito) a través de episodios de alegría, abandono, miedo y supervivencia, y lo hace con un tono que no evita la dureza pero que la contiene en la ternura. En lo político, Pepito no presenta un discurso programático; su potencia radica en la visibilización de la vulnerabilidad y en la propuesta de la ternura como gesto público. Al llevar la historia a un formato pensado para “niños y abuelos”, la obra construye un puente generacional que habilita la conversación sobre herencias afectivas, desigualdades y formas de cuidado.
Marie de Jongh: el silencio como forma de resistencia
Marie de Jongh, compañía dirigida por Joxean Sagastizabal y Ana Meabe, lleva más de una década desarrollando un lenguaje escénico propio basado en la máscara, el gesto y la ausencia de palabra. Su estética se apoya en una dramaturgia visual que desafía la idea de que el teatro para la infancia debe ser simple o literal. Obras como Amour (Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud, 2018), Izar o Mr. Bo se adentran en temas como la empatía, el envejecimiento, la pérdida, la identidad y la aceptación del otro y el poder despótico. En Amour, uno de sus montajes más premiado, el público asiste a una reflexión sobre los prejuicios y la ternura entre generaciones, construida con una delicadeza visual que convierte la ausencia de palabra en un espacio de comunión emocional. El teatro de Marie de Jongh no adoctrina: resiste desde la emoción, transformando la escena en un lugar donde el pensamiento se despierta sin discursos.
La Joven: la adolescencia como territorio político
El proyecto de La Joven (antes La Joven Compañía) ha supuesto una verdadera revolución en la relación entre teatro y juventud. Sus montajes —Barro, Gazoline, La edad de la ira, Playoff— abordan de frente las tensiones sociales, políticas y de género que atraviesan a las nuevas generaciones. Lo que me fascina de su propuesta es la manera en que logran dar voz a los jóvenes desde el escenario, con intérpretes de su misma franja de edad y dramaturgias que no evitan el conflicto. La Joven ha conseguido lo que parecía imposible: que miles de adolescentes vayan al teatro y se reconozcan en él, que lo sientan como un espacio propio. Su teatro es político en el sentido más literal: un teatro que organiza la emoción en comunidad. En el tiempo que escribo este artículo, la compañía está a punto de estrenar Invisible, la adaptación teatral que ha realizado Josep Maria Miró sobre la novela de Eloy Moreno que colocó el tema del acoso escolar en primera plana literaria.
Cross Border Project: pedagogía crítica y acción colectiva

Fundado y dirigido por Lucía Miranda en Nueva York, pero establecido en España desde 2012, Cross Border Project representa el otro extremo del espectro: una propuesta compuesta por un grupo de artistas que trabajan en las artes escénicas, la educación y la transformación social. Juntos han producido espectáculos como Fiesta, Fiesta, Fiesta o Casa (ambos publicados por Ediciones Antígona). En Fiesta, Fiesta, Fiesta, Miranda recopila testimonios de estudiantes y docentes de un instituto público para construir un retrato coral sobre la convivencia multicultural en la educación pública española. La obra, pensada para adolescentes pero también interpeladora para adultos, aborda el racismo, el machismo, la desigualdad y el desencanto, pero desde una perspectiva coral y esperanzada. En Casa, la compañía da voz a personas mayores, migrantes y jóvenes sin hogar, reflexionando sobre el derecho a una vivienda digna. Cross Border Project convierte la escena en un espacio de acción política y escucha comunitaria, demostrando que el teatro para la juventud puede ser, al mismo tiempo, un espejo crítico y un lugar de encuentro real entre generaciones y clases sociales.
Ventrículo Veloz: feminismo, ciencia y juventud
Ventrículo Veloz, proyecto impulsado por Verónica Pérez y Cristobal Suárez, representa una de las voces más combativas del panorama actual. Su objetivo, así lo declara la propia compañía, es abordar problemáticas sociales que nos rodean mediante experiencias escénicas que inviten a la reflexión, fomentando la diversidad desde una perspectiva inclusiva […] buscamos promover la libertad, el respeto y la tolerancia, sin imponer un pensamiento. Desde 2016 han abordado temáticas relevantes y actuales, entre las que destaca la Trilogía Veloz, escrita y dirigida por José Padilla, que se compone de Papel (acoso escolar), Por la boca (trastornos de alimentación) y Dados (identidad de género). También es muy destacable Pretopía, un montaje de Padilla que impulsa el pensamiento crítico en la adolescencia.
DA.TE Danza: la danza más comprometida
Me permito incluir esta compañía de danza, que acaba de cumplir los veinticinco años de andadura, por ser pionera en primar el mensaje dirigido a la infancia sobre la estética y producir espectáculos comprometidos con la sociedad actual, mostrando a la infancia y la juventud historias sobre las que reflexionar.
LO QUE QUEDA ESCRITO; TEXTOS TEATRALES
Fuera de los escenarios, es el momento de poner el foco en los textos teatrales que se publican y que hacen de la autoría y el sector editorial una alianza que nos asegura que también en los ámbitos donde se cuela la lectura, el hogar y las aulas, podemos encontrar una literatura dramática dirigida a la infancia y la juventud que se define por una calidad y un compromiso con nuestra realidad. Al igual que señalé en el apartado de las compañías, las editoriales que apunto no agotan el mapa pero sí suponen el mayor empuje y concentran el mayor número de títulos y autorías. El orden en el que aparecen vuelve a ser random (ya deberían saber lo que significa).
Ediciones Antígona: tres colecciones a tener en cuenta
La editorial fundada en 2006 va camino de los veinte años dando visibilidad a textos dramáticos de rabiosa actualidad. En concreto, dirigidas a público/lectores infantiles y juveniles dedica tres colecciones.
Colección Teatro LaJoven. Enfocada en recoger los textos de los montajes que pone sobre el escenario la compañía La Joven de la que ya he hablado anteriormente. Entre los muchos textos publicados, me permito destacar un puñado que dan buena cuenta de la línea editorial:
Razas. Textos breves contra la xenofobia (VVAA) es un texto destinado a concienciar sobre el racismo, la discriminación y la importancia de la convivencia entre culturas. La edad de la ira (Nando López), refleja la homofobia, la identidad sexual, el bullying y la intolerancia en centros educativos y la adolescencia. Siguiendo con Nando López, me es obligado volver a Malditos 16, obra que abordó con maestría el suicidio juvenil desde la literatura dramática.
Mapa de las ruinas de Europa, compuesta por Barro (Nando López y Guillem Clua) y Fuego (QY Bazo) aborda la migración, los conflictos europeos, las tensiones políticas y las consecuencias de la guerra.
Por último, destacar en esta colección Playoff (Marta Buchaca) que nos presenta una tragicomedia alrededor de un equipo de futbol femenino y que nos invita a reflexionar sobre el papel de la mujer en el deporte en una sociedad que todavía manifiesta un machismo feroz.
Colección Teatro para el aula. Una línea de publicación orientada a trabajar los textos dentro del aula. Entre sus títulos me permito destacar:
La Ola (Marc Montserrat-Drukker e Ignacio García May) es un texto inspirado en el experimento real del profesor Ron Jones, quien, implementó reglas y rutinas de disciplina en el aula, generando una dinámica de grupo que poco a poco degeneró en actitudes autoritarias y excluyentes. El texto subraya cómo la ausencia de crítica y el deseo de pertenencia conducen al conformismo y a la sumisión ante liderazgos autoritarios.
El tamaño no importa. Esta es una serie de volúmenes (ya van quince) en coedición con la Asociación de Autores y Autoras de Teatro. Cada número recoge textos breves de autoría actual. El proyecto se completa con una serie de encuentros en el aula con alumnado de secundaria. Entre sus páginas podemos encontrar un sinfín de temas y personajes escritos por otra extensa nómina de autores y autoras. En el último volumen publicado han participado: Dave Aidan, Tony Casla, Nieves Castro, Ana Díaz Velasco, Esmeralda Gómez, Patricia Gomendio, Elena Guevara, Carlos Herrera, Maite Marín, José Aurelio Martín Rubén Mayo, Susana Mercado, Laura Molpeceres, Majo Moreno, Sebastián Moreno, Teresa Ruiz, David Salmerón, Susana Sánchez, Fernando Sánchez y José Ignacio Tofé.
Teatro Infantil y Juvenil
Delta (Abel Ferris). Tal y como reza su introducción: se construye a través de una pluralidad de relatos que reflejan la vida de una generación millenial y que, a su vez, encuentran en lo poético una metáfora de existencia; porque vivir en una ficción siempre es más bello.
Después de Mayor, ¿cómo es? / Invierno, la chica literal (Claudine Galea), son dos textos para la infancia donde se recogen los miedos sociales, la transición hacia la madurez en un contexto de crisis, la adaptación social y el crecimiento.

ASSITEJ-España; dos colecciones: Teatro e Internacional de Teatro
La asociación construye su catálogo con dos colecciones en la que se recogen todos los textos galardonados con el premio Luís Matilla (antes premio ASSITEJ) y la colección de textos internacionales con traducción de Coto Adánez. Rescato aquí algunos títulos de ambas colecciones.
Colección Teatro
De héroes y monstruos (Xabier López Askasibar) es un texto que aborda el bullying y la exclusión escolar, mostrando la importancia de la empatía y radiografiando el acoso y los valores sociales.
M (Monstruo) (Lola Fernández de Sevilla) plantea una trama sobre la creación de identidad, los celos, las dudas y la aceptación de la diferencia, con enfoque en la diversidad, la inclusión y las diferencias personales.

CLIC. Cuando todo cambia (Amaranta Osorio e Itziar Pascual) aborda la adaptación psicológica y social tras los cambios profundos de la adolescencia así como la respuesta de los adultos más cercanos, tejiendo una historia de resiliencia y adaptación social.
Mi sueño de invierno yLa siembra de los números (Nieves Rodríguez Rodríguez). En la primera de las obras señaladas, la autora explora lamigración colocando a una familia que huye de la guerra de Ucrania frente a un funcionario que debe decidir si obtienen el permiso de residencia. En la segunda, nos presenta a dos niñas que trabajan en un campo de algodón, el mismo en el que reciben órdenes del patrón y en el que siembran sus sueños.
El niño que se escondía dentro de una caja de galletas (José Luis Baños) aborda la diversidad y la identidad a través de la mirada de un niño que se refugia simbólicamente en una caja de galletas para protegerse del entorno. El autor utiliza humor y una atmósfera entre grotesca y tierna para tratar temas como la soledad, la diferencia y la búsqueda del propio lugar en el mundo.
La ópera de los residuos (Antonia Bueno) es una pieza musical para público infantil cuyo reparto está formado por objetos considerados residuos. La obra utiliza el viaje de estos residuos para abordar el consumo, la ecología y el reciclaje, sensibilizando sobre el valor del entorno y la responsabilidad colectiva para cuidar el planeta.
Bajo el cielo de Gaza (Luis Matilla) presenta la vida en la Franja de Gaza, centrándose en un hombre comprometido con la defensa de la cultura, el arte y la educación frente a la guerra y la adversidad cotidiana. Es una denuncia de las injusticias políticas y un alegato a favor de la esperanza y el arte como resistencia tomando el conflicto palestino como eje vertebrador.
El hombre de las cien manos (Luis Matilla) cuenta la historia de Luc, un niño mudo marginado por su diferencia, hasta que la llegada de un grupo de comediantes transforma la percepción del pueblo. Es una reivindicación de la diversidad y una denuncia contra cualquier tipo de exclusión.
Pim, Pam, Clown. La guerra de los payasos (Tomás Afán) utiliza el universo del clown para crear una alegoría contra la guerra. Con lenguaje y situaciones cercanas al público juvenil, visibiliza la absurdidad de los conflictos armados y el precio de la intolerancia, metiéndonos de lleno en temáticas como pacifismo, antibelicismo y tolerancia.
Colección Internacional de Teatro
Gracias a esta colección podemos disfrutar de casi todos los títulos de la autora canadiense Suzanne Lebeau, toda una referencia del tipo de teatro del que venimos hablando, traducidos al castellano: Los pequeños poderes, Antígona bajo el sol de mediodía, Una luna entre dos casas, El ruido de los huesos que crujen, Salvador, Gretel y Hansel, Tres hermanitas, El ogrito y Zapatos de arena.
Igualmente podemos disfrutar de algunos títulos de la autora mexicana Maribel Carrasco, referencia en Centroamérica: Beautiful Julia y Los cuervos no se peinan.
Editorial Anaya Infantil y Juvenil; colección Sopa de libros – Teatro.
Esta colección recoge los textos galardonados en el Premio SGAE de Teatro Infantil convocado por Fundación SGAE, así como algunas menciones especiales. Entre sus numerosos títulos, recomiendo la lectura de:
La vida de los salmones (Itziar Pascual) despliega la migración familiar y la necesidad de integración. Durante siete noches, acompañamos a Adrienne, a Aura y a la bailarina que baila sus sueños, para descubrir qué monstruos salidos de u pasado de guerra, persecución y dolor vuelven para atormentarlas.
El árbol de Julia (Luis Matilla) narra la lucha de Julia, una niña que se sube a un árbol centenario para impedir que lo talen y así denunciar la destrucción de la naturaleza a favor del progreso económico. Inspirada en hechos reales, la obra es un canto activista al ecologismo y una llamada de atención a los valores humanos actuales, mostrando la capacidad de niños y jóvenes para cuestionar a los adultos y cambiar el mundo desde el activismo y la resistencia pacífica.
Las piernas de Amaidú (Luis Matilla) denuncia la tragedia de las minas antipersona en África a través de la historia de Amaidú, un niño víctima de ellas. Es un texto de solidaridad global que expone las responsabilidades de los países ricos y la indiferencia del mundo ante el sufrimiento infantil, a la vez que abre una puerta a la esperanza y la cooperación juvenil más allá de las fronteras.
Los chicos del barracón nº 2 (Luis Matilla) lleva a escena la realidad de los campos de refugiados y las consecuencias de la guerra en la infancia. A través de Michel y otros personajes, se analiza el impacto psicológico y social de la violencia militar, el desarraigo y la resistencia frente a la ocupación, todo desde los ojos de los más vulnerables.
Manzanas rojas (Luis Matilla) aborda el conflicto entre Israel y Palestina mostrando la amistad entre dos niños de lados opuestos (Salim y Ariel). Es un alegato por la convivencia, la superación de prejuicios religiosos y políticos, y el deseo de paz a través de la mirada infantil, subrayando la esperanza ante la intolerancia y el enfrentamiento.
Otras editoriales a tener en cuenta; Ediciones Invasoras, Alfasur Juvenil y Revista Primer Acto.
No puedo dejar de señalar títulos que están en editoriales con catálogos más exiguos pero con títulos que no hay que perder de vista o en publicaciones especializadas en artes escénicas que atienden y miman las propuestas que germinan en nuestra actualidad. Es el caso de Ediciones Invasoras, donde podemos encontrar dos títulos del dramaturgo gallego Carlos Labraña: La Valla, situada en un contexto donde una valla separa a niños refugiados de una sociedad que prefiere no verlos, medita sobre las fronteras, la xenofobia y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Por su parte Ícaras parte del mito de Ícaro como metáfora sobre los sueños y las barreras sociales que impiden que los jóvenes puedan volar y crecer y apunta con maestría el tema del suicidio y el abandono. O el caso de Alfasur Juvenil donde encontramos Después de mucho tiempo. Teatro para jóvenes del autor y activista Maxi de Diego. Una recopilación de 14 piezas breves centradas en la vida adolescente y los conflictos escolares, familiares y sociales que viven los jóvenes. Las obras exploran desde la violencia y el acoso hasta la igualdad, la inclusión, la convivencia y la participación política. Y por último, Niño de Octubre, un texto de Maribel Carrasco, publicado en el número 362 de la revista Primer Acto, que nos presenta el coraje y el cariño entre dos hermanos que emprenden una travesía de la montaña al mar, desplegando una confrontación a la muerte desde una mirada infantil.
El conjunto de todas estas experiencias, montajes y publicaciones, compone un panorama escénico vibrante y profundamente comprometido. Lo que me impresiona de todas ellas es que, aunque sus lenguajes sean distintos, comparten una misma pulsión: poner la escena al servicio de la vida común. No hacen teatro para niños o jóvenes, sino teatro con conciencia de infancia y juventud, de presente y futuro, de realidades y poéticas. La infancia y la juventud no son receptores pasivos, sino aliados en la construcción de sentido. Y eso, en un tiempo saturado de pantallas y discursos unidireccionales, sin duda, es un acto político y social de primer orden. Ya no hay un Reagan o un Gorbachov de los que preocuparse. Pero sí tenemos un Trump, un Netanyahu, un Putin… Cambio climático, fakenews, capitalismo descontrolado, falta de vivienda, desempleo juvenil disparado, la caza como propuesta curricular para las aulas… y tantos otros problemas en los que, lo veamos o no, también está circunscrita la infancia y la juventud.
Me gustaría acercarme al final de este artículo invitándoles a dar la vuelta a la canción. Contemos verdades desde el teatro, sabiendo que no son rotundas y cerradas, sino, humildemente, esas balizas de las que hemos hablado. Vamos a contar realidades, antes de que las cuenten otros. Creo que lo más acertado, como ya dijo Lorca a propósito del teatro, es dejarle la llave a la poesía. Les propongo prestar atención y dar una vuelta a estas palabras del poeta palestino Marwan Makhoul: “Para poder escribir poesía que no sea política, debo escuchar a los pájaros y para escuchar a los pájaros, los aviones de guerra deben estar en silencio”.