
Nacido en Madrid el veintiocho de agosto del año dos mil, Pablo Martínez González de Linares siempre tuvo muy claro que su vida sería un sendero artístico. Cautivado por el arte, y especialmente el cine y el teatro desde pequeño, recibe clases de interpretación de parte de Concha Gómez, fundadora de la compañía AnimatT.Sur, en Leganés. Al acabar sus estudios de Bachillerato ingresa en la Escuela de Creación Escénica, dirigida por Oscar Miranda y, en dos mil veinte, logra entrar en la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático), licenciándose en Dramaturgia. En dos mil veinticinco ha dado clases de teatro español en la Universidad de Paderborn, en Alemania y, actualmente, prosigue su labor artística como miembro fundador y secretario de la Asociación Última Bala Producciones.
MENTIRAS EN LA ARENA
Por Mari
PERSONAJES
ANOUAR: el niño.
IKRAN: la niña.
ESCENA ÚNICA
Una playa. Entra IKRAM.
IKRAN.- ¡Atrás, invasores! ¡Nunca conquistaréis nuestro fuerte! ¡Así lo jura la comandante Ikran! Capitán Anouar, ¡ice la bandera y toque a arrebato! ¡Preparaos, mis soldados!
Entra ANOUAR.
ANOUAR.- ¡No grites! ¿Y si nos ven?
IKRAN.- Para eso es la bandera.
ANOUAR.- No tenemos.
IKRAN.- ¡Falta grave! El capitán Anouar no ha traído la bandera. Si no fuera porque te necesito a mi lado, te mandaría al calabozo.
ANOUAR.- ¡No hay calabozo! No hay fuerte, no hay soldados, no hay bandera… ¡Y tú no eres comandante, hermanita!
IKRAN.- ¡Insubordinación! Queda usted arrestado por…
ANOUAR.- ¡Cállate, Ikran! Los barcos nos verán. ¡Y ellos sí tienen soldados! ¡Y nos van a matar como nos pillen aquí!
IKRAN.- Si nos atacan, responderemos. ¡Prepare los cañones!
ANOUAR.- No hay cañones.
IKRAN.- Otra falta grave, capitán. Se está usted luciendo hoy. A la tercera le pongo a limpiar las murallas del fuerte por el lado de fuera.
ANOUAR.- ¡Se acabó!
Se oye un estruendo. Luego, una explosión.
ANOUAR.- Vámonos, hermana. No podemos seguir aquí cuando anochezca. ¡Nos van matar! ¿No oyes que están empezando?
Pausa.
IKRAN.- Me prometiste que jugarías conmigo. Eres un hermano mentiroso.
ANOUAR.- Jugaré contigo en casa, ¿vale? Pero aquí no podemos seguir.
IKRAN.- El sol todavía no se ha ido. ¡Yo quiero jugar aquí! ¡En mi fuerte y con mis soldados!
ANOUAR.- ¡Esto no es un fuerte, Ikran! ¡Es arena! ¡Arena! A ver si así te enteras de una vez.
ANOUAR patea el castillo de arena.
ANOUAR.- ¡Arena! Y ahora vámonos. ¿Qué haces?
IKRAN.- Arreglar mi fuerte que ha destruido un monstruo muy grande y muy feo.
ANOUAR.- O vienes ahora mismo o te llevo.
IKRAN.- O me ayudas o no voy.
ANOUAR.- Ikran, ahora.
IKRAN.- Anouar, adiós.
Pausa.
ANOUAR.- Lo reconstruimos y nos vamos, ¿entendido? (Silencio.) ¿Me oyes? (Silencio.) ¡Ikran! (Silencio.) Está bien… ¡Mi comandante! Se presenta el capitán Anouar, para iniciar las labores de reparación.
IKRAN.- ¡Ya era hora, capitán! Prepare el hormigón y traiga los ladrillos. La muralla norte ha quedado muy dañada.
ANOUAR.- ¡Sí, mi comandante!
Otro estruendo. Y luego otra explosión.
ANOUAR.- Parece que hay movimiento en la flota enemiga, mi comandante.
IKRAN.- Por eso debemos prepararnos, capitán. ¡Acelere las reparaciones!
ANOUAR.- ¡A la orden! ¿No tiene usted miedo, mi comandante?
IKRAN.- Todos los días, capitán. Pero aquí sigo. Levantando la moral de la tropa.
ANOUAR.- No entiendo cómo lo consigue, mi comandante.
IKRAN.- Día a día.
Silencio.
ANOUAR.- ¡Muralla norte reparada, mi comandante!
IKRAN.- Excelente, capitán. Póngase con la torre oeste.
ANOUAR.- ¡Sí, mi comandante! (Silencio.) Yo no puedo evitarlo, ¿sabe? El miedo se me nota en la cara a kilómetros de distancia.
IKRAN.- ¿Y a qué teme usted, capitán?
ANOUAR.- A la muerte, señora. Al dolor. Al sufrimiento. A que usted…
IKRAN.- ¡Ja, ja, ja! Por mí no debe preocuparse, capitán Anouar. Porque yo no me voy a morir.
ANOUAR.- Discrepo, mi comandante. A todo el mundo le llega su hora.
IKRAN.- ¡A mí no! La muerte no puede tocarme. ¡Soy inmortal!
ANOUAR.- ¿Puedo serlo yo también?
IKRAN.- ¿Tiene lo que hace falta para mentirle a la realidad? Sólo entonces puede uno convertirse en inmortal.
ANOUAR.- Me temo que la vida me ha pasado por encima, mi comandante. Allí, en el mar, los barcos, los cañones, las bombas… ¿Recuerda cuando nuestro parque tenía árboles? No ha pasado mucho, sólo dos años.
IKRAN.- No pienso en el pasado, capitán. Me distrae del presente.
ANOUAR.- ¿Quién querría vivir ahora?
IKRAN.- Estos tiempos pasarán, capitán Anouar. Volverán los árboles y los parques, y las casas, y los hospitales, y las bibliotecas y los colegios.
ANOUAR.- Pero la gente no volverá.
Silencio.
IKRAN.- Concéntrese, capitán. No le veo reparando.
ANOUAR.- La gente no vuelve, mi comandante.
IKRAN.- ¡Hormigón y ladrillos, capitán! ¡Hormigón y ladrillos!
ANOUAR.- Me temo que los demás no son inmortales como usted.
IKRAN.- Está a un comentario de otra falta grave, capitán.
ANOUAR.- ¿Usted ha perdido a alguien en esta guerra? Yo sí. Perdí a…
IKRAN.- ¡Cállese, capitán!
ANOUAR.- …A mi abuelo. (Silencio.) Estaba ingresado por una caída y una bomba destruyó el hospital.
Pausa.
IKRAN.- Yo también he perdido, capitán. (Silencio.) A mi hermana mayor. Intentó navegar fuera de aquí. Me pregunto si alguno de esos barcos que vemos fue el responsable.
Pausa.
ANOUAR.- Y también… También perdí a mi madre.
Pausa.
IKRAN.- Usted me la presentó. Una gran persona.
ANOUAR.- Ya lo creo.
IKRAN.- ¿Es cierto lo que oí de ella?
ANOUAR.- Me temo que sí. Unos… Soldados enemigos la obligaron a… Cavar su propia tumba.
Pausa.
IKRAN.- Son crueles nuestros adversarios.
ANOUAR.- Ya lo creo. Y peligrosos. (Pausa.) Torre oeste terminada, mi comandante. Todo el fuerte está reparado.
IKRAN.- Gran trabajo, capitán. Puede retirarse.
ANOUAR.- No puedo abandonarla, mi comandante. Debemos replegarnos.
IKRAN.- No tema por mí, capitán. ¡Porque soy inmortal!
ANOUAR.- ¿Cómo? ¿Cómo lo consigue usted, comandante? ¿Cómo puede seguir aquí? ¿Cómo puede reír?
IKRAN.- Porque aprendí a mentir, capitán. ¿Conoce usted cierto arte extranjero que es pura mentira? Lo descubrí hace algún tiempo. En él, varias personas se suben a unas tablas de madera, se ponen vestidos raros, se alumbran con luces de colores y mienten. Mienten sin parar durante horas, a veces.
ANOUAR.- ¿Y por qué lo hacen?
IKRAN.- Yo me preguntaba lo mismo. Resulta que la gente normal va a ver a esos mentirosos. ¡Hasta les aplauden cuando la mentira se ha terminado! Y ríen, o lloran, o rabian con ellos. ¡Su esperanza estaba en una mentira! ¿No es asombroso?
ANOUAR.- Pero no es real.
IKRAN.- Le juro, capitán, que nunca he visto nada tan verdadero como aquellas mentiras. Pruébelo usted.
ANOUAR.- No sabría, mi comandante.
IKRAN.- ¿No quiere ser inmortal?
ANOUAR.- Se me antoja imposible.
IKRAN.- ¡No lo es! Yo lo he logrado, como puede ver.
ANOUAR.- ¿A pesar de todo?
IKRAN.- No, por todo lo que está pasando.
Otro estruendo. Y otra explosión. Otro estruendo, y otra explosión.
ANOUAR.- ¡Ikran! ¡Tenemos que irnos! ¡Ya han comenzado!
IKRAN.- Yo no me voy a morir.
ANOUAR.- ¡Ikran, vamos!
IKRAN.- ¡No, hermano! ¡Yo no me voy a morir!
Más explosiones.
IKRAN.- ¡Entra en el fuerte conmigo! ¡Ven!
Pausa. ANOUAR abraza a su hermana. Más explosiones.
IKRAN.- ¡Yo no me voy a morir! ¡Vamos, capitán!
ANOUAR.- Yo no me voy a morir…
IKRAN.- ¡Izad la bandera, soldados! ¡Yo no me voy a morir!
ANOUAR.- Preparad… ¡Preparad los cañones! Yo no me voy a morir.
Las explosiones se suceden.
IKRAN.- ¡Yo no me voy a morir!
ANOUAR.- ¡Yo no me voy a morir!
IKRAN.- ¡Capitán…
ANOUAR.- ¡Mi comandante…
IKRAN y ANOUAR.- ¡Yo no me voy a morir!
Tras una explosión, IKRAN y ANOUAR caen al suelo, abrazados y con una sonrisa.
TELÓN