Las Puertas del Drama

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Las Puertas del Drama 61

Las Puertas del Drama
LAS VANGUARDIAS EN
EL TEATRO HOY
Nº 61

SUMARIO

Presentación

LAS VANGUARDIAS EN EL TEATRO HOY

Socio de honor

Infancia y juventud

Nuestra dramaturgia

Dramaturgia extranjera

Cuaderno de bitácora

Teatro Exprés

Reseñas

“Este espectáculo está consiguiendo que el público se haga consciente de cosas que les han pasado”

Lola Fernández de Sevilla

Nos encontramos con Rosa Díaz con motivo de la Feria Europea de Artes Escénicas para Niñas y Niños de Gijón (FETEN), que celebra este año su 33ª edición. Rosa Díaz es la creadora detrás de La Rous, Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2011, y acude a FETEN con su último espectáculo, Vacío.

Rosa, háblanos del nacimiento de Vacío como proyecto escénico

Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz
Fuente: Teatroespanol.es
Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz Fuente: Teatroespanol.es

Vacío surgió hace cinco años, por la necesidad de hablar de todo lo que le estaba pasando a mi hija adolescente. Empecé a preguntarme qué es lo que estaba ocurriendo con los jóvenes, con la adolescencia. Necesitaba entender por qué de repente un joven que es educado y amoroso, se transforma en una especie de bicho raro que vive contigo en tu casa. Hay algo que se ha roto y mis preguntas eran cuándo, por qué, he sido yo, qué es lo que he hecho mal… Empecé a hacer un trabajo de investigación a partir de libros que tenían que ver con la psicología dentro del mundo de la adolescencia. Me tiré dos años imbuida en el mundo de la adolescencia, y en paralelo, a mi lado, estaba viviendo con mi hija una carrera de fondo desesperada, porque ni yo sabía cómo ayudarla, ni dábamos con lo que le estaba pasando. La historia de la salud mental en nuestro país es una barbaridad, está colapsada, no hay atención suficiente para tantísimos jóvenes, los índices de suicidio están a la orden del día y cada año suben más. Y un buen día mi hija se sentó a mi lado y me dijo: “¿Y por qué no me haces este espectáculo a mí? Quiero que hables de mi depresión”. Escribiendo me di cuenta de la importancia que tenía el viaje en paralelo: qué siento yo como madre y en qué lugar estoy, y qué está pasando en ella y en qué lugar está.

Vacío para mí es un espectáculo que lanza muchas preguntas, y muchas para las que yo todavía no tengo respuesta; es también un grito, una llamada de atención al espectador o la espectadora, a padres y madres, a psicólogos, a la población en general: ¿qué está pasando y por qué no se está haciendo nada? ¿Por qué no estamos reaccionando ante las cifras de suicidios? ¿Por qué nos da tanto miedo este tema?

Yo lo vivía en mi propia casa, pero es una cosa que debe ser abordada políticamente de una manera urgente.

¿Cómo se construye la dramaturgia de Vacío?

La dramaturgia original tenía que ver con mis preguntas como madre. Luego hubo una fase en la que me metí a investigar con más distancia el mundo de la adolescencia. Y luego volví otra vez al origen. La dramaturgia es muy autobiográfica y me ayudó mucho el hecho de que ella quisiera participar de este proyecto, que viniera con sus propias cartas y textos a sentarse conmigo. Ella vivió una historia y yo viví otra, y lo que yo le he dicho siempre es que yo he contado la historia desde mí, no puedo contarla desde ella. Para mí, Vacío me hace a mí también vaciarme como madre, desnudarme frente al público, plantear preguntas que yo misma no paro de cuestionarme y que creo que hay que hacerse. Entonces, no solo la expongo a ella sino que me estoy exponiendo a mí como madre. Mucha gente que ha visto el espectáculo me ha dicho que es bestial la manera en que yo me presento, no con derrota que también la hay, sino con la valentía de reconocer mis propias equivocaciones y mis errores.

¿Qué dirías que supone respecto a tus espectáculos anteriores, en cuanto a la forma y al contenido?

Para mí Vacío supone dirigirme a otro tipo de público distinto a la infancia, un espectáculo para la juventud y los padres, público adulto a partir de 12 años (que no son además los nuestros, los 12 años de mi generación). Aquí utilizo un tipo de lenguaje más arriesgado, en los otros he sido más políticamente correcta y en este caso me he permitido la licencia de meter una escena que está creando mucha polémica, la escena de los dos hilos de lana rojos que saco del títere, que es el momento en que ella se corta con una cuchilla de afeitar… Yo no lo entiendo, para mí es una imagen poética y es un recurso muy utilizado que no he inventado yo. La obra está fraccionada en dos partes muy claras: la bienvenida al bebé a este mundo, una hija deseada, querida, cuidada, y cómo de golpe todo ese mundo maravilloso estalla. Para mí fue así: de la noche a la mañana dio un giro de 180º y entró en un agujero negro: “Me quiero morir”. Y no entiendes qué está pasando, por qué. Yo intento hablar con psiquiatras, con psicólogos… y nadie me sabe explicar qué es lo que pasa. Ella no se quiere morir; no quiere vivir, no quiere vivir así. ¿Y tú qué haces con una hija que no quiere vivir?

Antes de terminarlo, el espectáculo se había vendido con un formato de pequeño formato para niñas y niños de 6-8 años, pero conforme voy construyendo y trabajando con el director Joan Font, él me dice: “Si realmente quieres hablar de la depresión, de la autolesión en la adolescencia, del suicidio, ¿por qué has dejado tan poco tiempo a la segunda parte y tanto a la primera?” Yo quería que el espectáculo fuera amable, dulce, que no hiciera daño al espectador, pero con estas cosas hay que tener cuidado porque al final no eres fiel a ti, estás intentando ser fiel al público pero al final el público va a entender si tú estás hablando desde la verdad, va a entender que el espectáculo tiene que ser así. En conversaciones con mucha gente adulta, me han dicho que el espectáculo está bien como está. Siempre estás con la duda de si lo que has hecho llega, importa y es necesario, y estoy viendo que sí.

¿Podríamos hablar, junto con La casa del abuelo e Hilos, de una trilogía?

Sí, de hecho se ha presentado como el cierre de una especie de trilogía familiar. A mí me hizo mucha gracia que mi hija me dijera, “ya que se lo has hecho al abuelo y a la abuela, ¿por qué no me lo haces a mí?” Mi padre y mi madre se habían ido cuando estrené esos espectáculos, pero hacer un espectáculo para mi hija viva… Creo que cierra una trilogía y espero no hacer ya ningún espectáculo más de tema familiar.

¿Cómo de importante es para ti trabajar en escena desde lo personal o autobiográfico?

Es un mundo muy contradictorio, este de crear a partir de una misma. Por una parte mi pregunta siempre es a quién le va a interesar o a quién le va a importar mi vida. Pero realmente luego me doy cuenta de que los temas que toco son universales, o sea todos hemos tenido una madre y un padre, a todos se nos ha muerto un ser querido, todos hemos pasado por momentos críticos personales y familiares con respecto a nuestro crecimiento, a las relaciones y a los lazos de sangre. En estos tres espectáculos hay mucho de los lazos de sangre, de esa herencia que nos dejan nuestros padres…

¿Evoluciona el espectáculo una vez estrenado?

Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz Fuente: Teatroespanol.es
Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz Fuente: Teatroespanol.es

Sí, va evolucionando y yo cada vez estoy más cómoda en él. Al principio me costaba mucho en según qué escenas, pero cada vez lo disfruto más, hemos cambiado ritmos, hemos cerrado el final de otra manera porque la gente se quedaba noqueada, necesitaba un rato para llorar… para respirar lo que acababan de ver. Le hemos dado algo más de optimismo, y yo que no soy muy dada a ello, que siempre dejo las puertas abiertas, en este caso he cerrado el espectáculo y le he puesto un final feliz.

Los espectáculos están vivos. La casa del abuelo lleva ahora 14 años. Vamos en mayo a Cuba, al Festival Corazón Feliz que se hace en La Habana, que es uno de los proyectos más bonitos para infancia de Cuba. Estuvimos hace 13 años con esta obra, y ahora la vuelven a llevar después de estos años, y va a ser emocionante: seguro que quien la vio y vuelva a verla ahora ve otro espectáculo.

¿Qué ha supuesto el trabajo en escena con Dávide Scatá? ¿Y con el resto del equipo?

El trabajo con Dávide ha sido el cincuenta por ciento. Si no hubiera habido una persona conmigo en el escenario, no habría sido posible, a nivel de objetos, de la creación de los espacios, la manipulación… Él entró porque tenía mucho sentido, dentro del espectáculo estamos hablando de una vida que él ha hecho con ella a lo largo de estos últimos 11 años, porque en realidad él como pareja mía ha cuidado de mi hija casi como si fuera suya. Era muy importante porque él mejor que nadie conoce la historia de ella. Y él mejor que nadie ha cuidado de ella en los peores momentos. Él, de una manera muy respetuosa, ha estado en el espectáculo casi poniéndome en bandeja cualquier cosa que yo necesitaba manipular o trasformando el espacio escénico. Ha sido muy importante su presencia, tenerle a él, y creo que además para ser su primera vez encima del escenario ha hecho un trabajo impecable.

Luego, ha habido un equipo muy grande detrás. Los escenógrafos Joan Pena y Elisabet Pané, la sastra Rosa Solé, Xabier Zeberio y Alos Quartet para la banda sonora, Katia Moretti en el diseño de luces, María Sánchez Sierra en el diseño del títere, Elisa Vargas, que hizo de Pepito Grillo con la dramaturgia, haciéndome preguntas y resituándome cuando lo necesité… Y Joan Font sigue siendo mi compañero de viaje, tiene mucha sabiduría humana y es un des-hacedor de conflictos, sabe poner paz y calma en las situaciones más terribles, cuando una está ya al límite. También mi hija, que ha hecho una labor de aguantar pacientemente. Mis hermanas y hermanos Gabriel y Adolfo en la fotografía, y que están siempre en mis proyectos soportándome mis llantinas… Conforme voy creciendo me voy dando cuenta de que soy cada vez más vulnerable y más frágil. La alegría de acabar un proyecto como este no tiene precio, aunque pienses que lo que has invertido no se va a recuperar, pero eso ya me da igual porque a estas alturas de mi vida pienso que hay que hacer lo que una tiene o quiere hacer, lo que crees que tienes que hacer.

¿Qué reacciones estás notando en los distintos públicos?

Hemos estado haciendo actuaciones solo para público adulto, y actuaciones para público familiar con niños a partir de 9 años… Hemos mantenido diálogos al acabar, y lo que yo siento es que este es un espectáculo que hace mucha falta, que es indispensable, que llega en un momento de vital necesidad a nivel social, y que padres y madres lo están pidiendo a gritos. Ha habido niñas de 14 y 15 años que hablaban por primera vez en público de su problema, y eso me pareció tan bestia y tan importante… Este espectáculo está consiguiendo que el público se haga consciente de cosas que les han pasado.

A estas alturas, ¿cómo ve Rosa Díaz a La Rous?

Soy muy mala para verme, muy crítica conmigo misma. Lo que Rosa Díaz piensa de La Rous es que me estoy repitiendo y necesito cambiar, reciclarme. Necesito moverme y juntarme con gente joven que me dé pistas de por dónde puedo tirar. Necesito abandonar esta trilogía familiar de temas complejos y que te someten a demasiada presión, tuya y también a nivel externo con programadores y programadoras… La gente no quiere que les hables de estos temas. Tampoco se puede pasar al extremo contrario; mis espectáculos no son para entretener, quieren llegar adentro, hacerte pensar, plantearte preguntas y que no salgas igual que has entrado, pero no con la intención de crear moraleja ni de enseñar nada porque yo hablo siempre desde mí.

¿Qué proyectos vienen de cara al futuro?

Creo que necesito una transformación en La Rous a nivel de planteamiento de espectáculos, y ahora en mi cabeza está volver a espectáculos de muy pequeño formato y con el público muy cerca… Cada vez estoy más por las pequeñas cosas, creo que es lo que necesito yo ahora. Y me gustaría tomarme 2 ó 3 meses para viajar y hacer trabajo de campo y observar; volver a nutrirme de arte porque después de cada proyecto una se vacía.

¿Cómo valoras ahora mismo el panorama del teatro para jóvenes públicos? ¿Qué retos crees que hay por delante?

Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz Fuente: Teatroespanol.es
Vacío de Rosa Díaz (La Rous). Foto: Gerardo Sanz Fuente: Teatroespanol.es

Creo que el panorama es maravilloso, hay proyectos de compañías incluso noveles que vienen con un nivel muy bueno. La Rous creó hace unos años la Plataforma de Artistas Emergentes para crear y distribuir, y creo que es algo que deberían hacer todas las compañías: crear una lanzadera para apoyar e impulsar a creadores y creadoras jóvenes, amadrinarles para darles la posibilidad de salir al mercado, como una labor de mentoría.

Se están haciendo trabajos muy interesantes, pero por contraposición nos encontramos con que cada vez somos más para menos programación. No se está invirtiendo suficiente en cultura, y es muy mediocre la desigualdad que sigue existiendo entre el teatro para adultos y el teatro para infancia: lo vivo en los cachés, en la publicidad que se hace… El teatro para la infancia sigue siendo el hijo chiquitín del teatro, no se considera que la interpretación y la puesta en escena de las compañías para infancia le dan mil vueltas muchas veces a las compañías para adultos.

Sigue faltando programación para infancia dentro de las programaciones a nivel nacional de los grandes teatros: esa es la gran madre del cordero. Seguimos en el pasado, seguimos viviendo en el pasado.